Consecuencias emocionales del maltrato

Escrito por at 16:20 en El maltrato

El niño maltratado sufre daños que surgen del maltrato directo y de todo ese clima de violencia familiar en el que es criado. Estos daños se expresan de manera diferente de acuerdo a las distintas etapas de desarrollo en que se encuentre el niño.
En un lactante maltratado, signos precoces de daño son las dificultades para alimentarlo, el llanto persistente y el retraso del desarrollo motor y social. Son bebés que no se relacionan alegremente con el adulto, son irritables y no parecen distinguir claramente entre conocidos y desconocidos.
A medida que van creciendo van adquiriendo lenta y tardíamente las conductas y logros esperados para su edad, tanto a nivel motor como a nivel cognitivo y del lenguaje.
Ya como pre-escolares, se los ve como niños ansiosos, inquietos, temerosos, como si siempre estuvieran esperando una agresión del entorno. Juegan poco y de manera poco creativa y feliz. Las niñas pueden ser excesivamente pasivas, y otros pueden tener conductas y juegos muy agresivos. La relación con el padre abusador puede ser sorprendentemente dependiente: necesitan desesperadamente su aprobación.
Los escolares maltratados son solitarios, desconfiados, retraídos y tristes. Algunos, por momentos, pueden parecer demasiado maduros para su edad. Son impulsivos, no adquieren fácilmente el autocontrol esperado para su edad. Su autoestima es muy baja, tienen una muy pobre visión de sí mismos que es el reflejo de cómo los ven y tratan sus padres.
El rendimiento escolar suele ser malo por diferentes razones. Una de ellas es que más de la tercera parte de los niños abusados, tienen retardo mental y daño del sistema nervioso central como consecuencia no sólo de los repetidos traumatismos encéfalo-craneanos, sino también a causa de la deprivación de afecto materno, de la desnutrición y de la estimulación inadecuada.
Son por lo general niños agresivos. Han aprendido a ver al entorno como hostil y amenazante y, por tanto, están siempre a la defensiva y malinterpretando las acciones de los otros. Por esta razón reaccionan agresivamente frente a estímulos desconocidos o inesperados.
La relación con sus padres suele caracterizarse por la necesidad imperiosa de estos niños por mantener una imagen interna de padres buenos. Es como si necesitaran tanto creer que sus padres son buenos, que prefieren creer que ellos son los culpables del castigo. Es casi el único recurso que les permite mantener la esperanza.
Como adolescentes, persisten y aumentan todas las dificultades anteriormente descriptas. Aumentan las conductas agresivas y violentas hacia otros y hacia sí mismos: buscan el riesgo, el peligro, desprecian la vida, propia y ajena.

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