La influencia del entorno y de la experiencia

Escrito por at 17:53 en La agresividad

Sin ningún lugar a dudas la influencia más importante sobre el comportamiento agresivo proviene tanto del entorno como de la experiencia. A ser agresivo se aprende.
Toda la evidencia es contundente al demostrar que la manera como una criatura (animal o humana) es tratada ín útero, como recién nacido, durante el período de la lactancia y durante toda la infancia, afecta de manera muy importante el comportamiento que esa criatura vaya a tener en relación a los demás.
¿Cómo es que se produce el aprendizaje de la conducta agresiva y violenta? Una de las maneras más eficaces que tenemos los seres humanos de aprender conductas complejas es a través de la imitación. A través de la imitación aprendemos a hablar, a cocinar, a bailar y también a reaccionar frente a diferentes situaciones.
Los niños no imitan a cualquiera, sino a aquellas personas que son, a sus ojos, modelos prestigiosos. Por tanto imitan a sus padres, a sus maestros, a sus hermanos mayores, a personajes de TV. ¿En cuántos de esos modelos observa una variedad importante de comportamientos agresivos día a día? Pensemos cuántas veces vio a su padre insultar a alguien mientras va manejando (ya sea un señor o una señora), o cuántas veces recibió una cachetada como respuesta a una equivocación, o cuantas veces vio a sus padres agredirse de distintas maneras o cuántas veces vio aniquilar sangrientamente a un enemigo en un “dibujito” o en un video -juego.
El niño termina pensando que el componente agresivo de las relaciones interpersonales son la norma o el componente privilegiado. Va elaborando además el nefasto concepto de que el poderoso es el agresivo y que el no agresivo es el débil, el perdedor, el fracasado.
También es estimulada directamente la conducta agresiva de diferentes maneras. Una manera frecuente es la sorprendente costumbre de dar a los niños para jugar juguetes bélicos. ¿Qué estamos queriendo enseñar a un niño a quien le compramos revólveres, granadas, metralletas? ¿Estamos desarrollando sus habilidades sociales, su creatividad, sus valores morales? ¿O estamos familiarizándolo peligrosamente con elementos que significan un oprobio para la naturaleza humana?
Otra manera de estimular el comportamiento agresivo exagerado es el halago y orgullo expresado de diferentes maneras por ese tipo de conductas. No es raro escuchar a padres que se enorgullecen que por su agresividad, su hijo “no se deja pasar por arriba”, o “los tiene dominados a todos” o “es bien varón, todo lo arregla a las piñas”. Cuánto mejor sería poder enseñarle a ese niño a defender sus derechos o a ejercer su masculinidad de manera más adecuada.
Y finalmente, una manera muy frecuente de conseguir que la agresividad aumente: querer controlar la violencia de nuestros hijos siendo más violentos nosotros. Si le pegamos porque pegó, el mensaje no verbal es muy claro: “está bien pegar, pero pega el más fuerte.”

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