Archive for marzo, 2009

La vista

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La vista
De entre todos los sentidos, la vista es el menos desarrollado en el recién nacido. Hasta la segunda o tercera semana de vida, dado que los músculos oculares no han establecido todavía ninguna relación firme con el sistema nervioso central, no es infrecuente que aparezcan posiciones estrábicas.
Durante la tercera o cuarta semana, el niño comienza a distinguir la claridad de la oscuridad y percibe, aunque con poca precisión, el contorno de los objetos. El ejercicio de la visión se concentra, sobre todo, en las manos.
Al final del primer trimestre, la percepción de los colores se halla plenamente organizada. Pero el conocimiento de los mismos no será lo suficientemente exacto hasta que el niño, más tarde, sea capaz de verbalizarlos.

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Sentido del tacto

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El tacto
El sentido del tacto está indisolublemente unido al desarrollo motor. De hecho, el recién nacido percibe el dolor con mucha nitidez y reacciona ante él con reflejos innatos característicos (defensa, flexión, etc.).
La tendencia a la prensión se transforma, alrededor del cuarto mes de vida, en una disposición a «coger cosas». De esta forma, la mano se convierte en un verdadero «órgano del conocimiento». Su desarrollo se hace de manera distal-proximal, es decir, que los primeros movimientos de prensión de objetos se hacen con el conjunto antebrazo-mano, para ir perfeccionándose distalmente hasta radicar en los dedos.
Hacia los seis meses, suele establecerse la costumbre inversa: la de soltar objetos que se han cogido previamente. Aunque la actitud del bebé sembrando de objetos el suelo del hogar pueda resultar engorrosa para los mayores, no debe olvidarse que se trata de una etapa decisiva en el desarrollo de la capacidad actuante.

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El oído

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El oído
Aunque la audición propiamente dicha no progrese hasta bien entrado el tercer mes de vida, el niño nace con un cierto desarrollo de los órganos auditivos. Buena prueba de ello es que responde con sobresaltos o el llanto ante los sonidos muy intensos o ante los estímulos sonoros que interrumpen bruscamente su sueño.
A partir del tercer mes, la respuesta frente a dichos estímulos ya es selectiva. El niño se vincula con el medio a través del sonido, la palabra y la música.

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Desarrollo

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El gusto
Los sentidos se desarrollan de forma distinta durante el período embrionario y a partir del nacimiento.
Basta observar a un niño desde su nacimiento hasta los tres o cuatro primeros meses de edad para comprobar la frecuencia de actos tales como la succión de los dedos y la emisión de sonidos sin relación alguna todavía con el lenguaje. Puede afirmarse, pues, que el niño adquiere su primer conocimiento del mundo a través de su órgano bucal.
El sentido del gusto, además, posee ya desde un principio una cierta especialización. El niño muy pequeño, en efecto, está capacitado para distinguir los sabores ácido y dulce; ello le permite establecer un primer sistema de referencias y un primer esbozo de lo que serán la voluntad y la apetencia. Sin embargo, será la educación alimentaria la determinante de su evolución futura y de sus hábitos adultos, en general parecidos a los de su familia y cultura.

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Desarrollo niño

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Desarrollo de los sentidos
El nacimiento representa para el individuo un traumatismo (separación de su unidad biológica con el medio interno materno), ya que su organismo se ve relacionado con estímulos nuevos, imposibles de responder con su precaria organización neuropsíquica. El niño llega a asimilar los estímulos dirigidos a su sensorio de un modo paulatino y aprende a controlar el medio no instintivamente, sino a través de la educación.

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La infancia

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Crecimiento y desarrollo
La evolución del ser humano se prolonga a lo largo de toda la vida, ya sea en sentido progresivo (niñez, adolescencia, madurez), ya sea en una línea regresiva (senectud).
El período comprendido entre la concepción y la madurez se caracteriza por sus rápidas transformaciones y constituye lo que en términos generales se llama desarrollo. En el mismo intervienen componentes intrínsecos, a los que se suma la importancia determinante del medio.
El crecimiento, en cambio, constituye un proceso evolutivo que se traduce por una serie de modificaciones del organismo —como el aumento de peso, estatura, etc.—, todas ellas mensurables. A diferencia del desarrollo, el crecimiento es un fenómeno cuantitativo, regulado por múltiples factores (herencia, aporte de oxígeno y nutrientes, control hormonal, etc.).
Desde el momento en que se inicia la concepción da comienzo el desarrollo. El período de nueve meses de gestación —que empieza con la unión de las células germinativas de los progenitores— es el que presenta un desarrollo más acelerado. Ello no significa, no obstante, que este desarrollo permita al embrión el desempeñar sus principales funciones desde el momento del nacimiento. La evolución de un recién nacido es lenta y compleja.

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Derechos

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Derechos de los hijos de padres divorciados
El niño tiene derecho a tener la oportunidad de querer y ser querido por ambos padres, en un ambiente de seguridad.
- Debe poder disfrutar del amor de ambos padres, sin culpas ni conflictos de lealtad.
-  Necesita una relación SIN seducción ni presión hostilizadora hacia el otro padre.
- Los niños de padres divorciados necesitan ver a sus padres relacionarse, si no con cariño, con cortesía y consideración.

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Acuerdo Divorcio

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“¿Cómo les decimos?”
Informar adecuadamente siempre es muy importante pero, aún es más importante actuar y comportarse de una manera acorde con lo que se dice, ya que el verdadero concepto de lo que le significa el divorcio el niño se lo va a formar sobre la base de lo que efectivamente suceda día a día, minuto a minuto, más de lo que se les diga en pensados discursos.
Lo que se dice es importante pero cómo se hace también lo es. La información que se va a dar es dolorosa y se requiere privacidad y tiempo disponible. Se va a informar de una decisión tomada por los adultos, de modo que no corresponde ni pedir permiso ni opinión como si eso pudiera tener alguna influencia en la decisión.
Es deseable que cuando los padres le comuniquen a sus hijos la decisión de separación, tengan suficientemente claros ya varios aspectos de la misma. En primer lugar, la razonablemente firme decisión de separarse: no debería trasmitirse la incertidumbre a los hijos. Es buena cosa también poder concretar detalles que hacen a la organización familiar práctica y que suelen ser fuente de preocupación en los niños: donde va a vivir el padre que se va de la casa, cómo va a poder tener acceso a él, etc.
Es importante asegurarnos que la información que los hijos reciban sea la que ellos necesitan, y no la que
necesitan los padres para descargar sus legítimas y fuertes emociones negativas del momento. Las preocupaciones del niño, dichas o no dichas, son :“¿qué va a pasar conmigo?”,”¿quedaré solo?”,”¿habrá sido mi culpa?”, “¿qué puedo hacer para reunirlos?” , “¿seguiré viendo a papá/mamá?”, “¿será para siempre?”. Dar información que cubra estas interrogantes tiene un efecto reasegurador, a diferencia de conocer detalles inconvenientes de la vida de pareja.
Es necesario que puedan expresar sus preocupaciones y dudas libremente, en el momento en que ellos encuentren oportuno. Con frecuencia sucede, sobretodo en niños pequeños, que no manifiesten dudas ni preocupaciones en el momento que se les informa, pero estas van a llegar y hay que estar preparado para hacerles frente cuando y donde surjan.
Pero lo más importante es que ambos padres puedan realmente dejar su rol de padres en una zona fuera del conflicto de la pareja, y que entonces puedan en los hechos ahuyentar los miedos de sus hijos y reasegurarlos para que puedan seguir desarrollándose normalmente.

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El divorcio

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¿Qué piensan y sienten los niños del divorcio de sus padres?
Hay algunas ideas, emociones y conductas de los hijos de padres que se divorcian que son muy frecuentes. Algunas de ellas son:
Miedo de haber sido la causa de la desavenencia parental: no existe el niño que no “haya hecho rezongar” a sus padres, y frente a la inevitable pregunta interior del porqué del divorcio, esta respuesta equivocada y autocentrada aparece con mucha frecuencia. Siempre conviene entonces reasegurarlos de que las causas del divorcio están en emociones y actitudes y dinámicas exclusivas de los adultos, y que ellos no han tenido nada que ver.
Miedo a que quieran “divorciarse” también de ellos: aquí va implícito el miedo al abandono, miedo muy frecuente en la infancia aun cuando no existan hechos objetivos que lo sustenten y que de alguna manera es reactivado por la disrupción familiar. Es muy importante decirles que esto no va a suceder, pero muchísimo más importante es que no suceda realmente. Es necesario que el niño sienta y compruebe que sigue teniendo a sus padres, que estos no abandonan el rol de padres y que pueden compartir esta responsabilidad aun cuando no sean más pareja.
Fantasías de reunión: la ilusión de que los padres vuelvan a estar juntos es por supuesto muy entendible y frecuente. No es bueno sin embargo, alentar este deseo vanamente. Los paseos de todos o las reuniones familiares, incluyendo a padre y madre divorciados no son recomendables hasta que los niños hayan entendido de manera realista que eso no significa que existan posibilidades de reunión.
- Alianzas posibles y transitorias: Ya dijimos que no es buena cosa buscar que se generen alianzas del niño con alguno de sus padres. Sin embargo, a veces, y aunque nadie las busque activamente se producen algunas alianzas. Por ejemplo, es frecuente ver que los hijos se alien con el padre que se oponía al divorcio. También puede verse en ocasiones, que el niño se alie con el padre con quien tenía peor relación antes del divorcio: a veces un padre/madre rechazante, ubica a su hijo por primera vez en un lugar valorado después de la disrupción familiar. Generalmente estas alianzas son transitorias y no perduran mas allá de la adolescencia.

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Separacion

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Frecuentemente el hijo de padres divorciados se encuentra a sí mismo en medio de una lucha por su amor exclusivo, por su lealtad. Sus padres, con más o menos conciencia de la situación no aceptan que el niño pueda querer a sus dos padres o pueda querer estar con ambos. Se esfuerzan entonces por darle información sólo significativa en el ámbito de la pareja, con el afán de que tome partido, de que sepa de qué lado está “el bueno” y de qué lado “el malo”. Esta situación sólo logra sumir al hijo en un conflicto de afectos, lealtades y conceptos que seguramente rebase su capacidad de tolerancia psicológica.
Probablemente habrían otras posibilidades de distorsión en los vínculos familiares luego de una crisis que culmina en divorcio y quienes hayan pasado por ella tendrán real conciencia de los esfuerzos que son necesarios para proteger a los hijos de situaciones que los dañan.
No es poca cosa a todo lo que están sometidos los niños luego de un divorcio y muchos los riesgos. Hay situaciones que favorecen la superación de los riesgos actuando como una protección psicológica en tiempos de crisis. La mayor parte de estos factores de protección tienen que ver con las características de la familia. Uno de ellos es que los padres/madres sean cálidos, afectuosos, apoyadores y que exista una buena relación padres-niños. Ayuda mucho a la superación de los malos momentos que esté constituida toda una red de apoyo familiar que incluye hermanos con quien compartir, abuelos, tíos u otros adultos en quienes se pueda confiar y de quienes se pueda recibir apoyo y cariño. Si el niño tiene áreas fuera de la vida familiar en las cuales su funcionamiento es bueno y su inserción adecuada (escuela, club, iglesia, grupo juvenil, etc.) las cosas tienen más posibilidades de evolucionar bien.

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