Archive for Abril, 2009

Varicela

Es una enfermedad vírica que se caracteriza por la erupción de pequeñas vesículas. Su evolución es de unos siete a diez días. La fiebre no es constante y suele haber mucho prurito. El rascado puede dejar cicatrices indelebles.
La varicela acostumbra a sobrevenir en niños pequeños (de 6 meses a 2 o 3 años), aunque ello no quiere decir que no pueda aparecer en una edad más avanzada y afectar incluso a adultos. Su contagiosidad es elevada.
Hasta 1980 era muy importante establecer el diagnóstico diferencial con la viruela, enfermedad mucho más grave. En la actualidad, ello no es necesario debido a que la viruela se halla erradicada en todo el mundo gracias a la vacunación sistemática.

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Escarlatina

A diferencia de las enfermedades anteriores, la escarlatina es una afección bacteriana. También se caracteriza por una erupción de color rojizo, que recuerda la erupción por quemadura solar y que siempre se acompaña de amigdalitis y tumefacción de los ganglios linfáticos del cuello. Contrariamente a lo que sucede en el sarampión y la rubéola, la erupción tiende a confluir en placas rojizas que suelen dejar libre la nariz, boca y mentón.
Aunque es una enfermedad benigna si se trata correctamente, la escarlatina requiere algunos cuidados particulares, sobre todo si el pequeño se halla próximo a otros niños, ya que el grado de contagio es muy alto.
Cabe destacar también que la escarlatina exige un buen control médico y familiar. De hecho, su curación defectuosa puede dar origen a enfermedades más graves, tales como afecciones del riñon (glomerulonefritis) y de las válvulas cardíacas.

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Rubéola

Es una afección infectocontagiosa, benigna para quien la padece, producida por un virus, que se manifiesta por signos similares a los del sarampión. Faltan, sin embargo, las máculas bucales características, y la erupción es, generalmente, más pálida, con elementos más pequeños y con escasa afectación general.
La rubéola, cuyo grado de contagio es menor que el del sarampión, no suele afectar a los lactantes, sino a niños algo mayores (de 3 a 6 años). Las medidas a tomar son inespecíficas; generalmente la enfermedad cura al cabo de cuatro días.
Especial cuidado deben tener las mujeres embarazadas, pues en ellas la rubéola puede causar daños graves e irreversibles en el feto (cataratas, malformaciones e incluso la muerte). De aquí la conveniencia de que las púberes que no han sufrido la enfermedad sean sistemáticamente vacunadas antes de entrar en la vida sexual activa, recomendándose hacerlo entre los 9 y 12 años.

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Sarampión

Es una enfermedad infectocontagiosa de origen vírico, para la cual no existe, por tanto, un tratamiento específico, pero sí una eficaz vacuna. La vacunación se suele realizar alrededor de los quince meses de vida, formando parte de la llamada «vacuna triple vírica» (sarampion-rubéola-paperas).
La enfermedad sarampionosa, en el niño no vacunado, cursa con un largo período de incubación, que puede alcanzar las tres semanas, y en el que predominan los síntomas respiratorios, con tos seca, repetitiva, que se corresponde con la afección de las vías altas del aparato respiratorio. Se acompañan estos prolegómenos de fiebre, hasta el momento en que aparecen las manchas, maculopápulas que se inician en cuello, tras los pabellones auriculares, para extenderse en las horas sucesivas a la cara, pecho, extremidades, etc. El brote del exantema coincide con un recrudecimiento de la fiebre y de los sintomas catarrales, y en las primeras horas se pueden detectar en la mucosa de la boca unas pequeñas granulaciones blanquecinas, que se dan exclusivamente en esta enfermedad.
Tras cuatro días de enfermedad, generalmente desaparecen las manchas, remiten el estado catarral y la tos, entrando el enfermo en la fase de convalecencia. Por ser vírico, el sarampión no deberá ser tratado con medicamentos por sus familiares, sino ajustarse a las instrucciones que el médico indique como oportunas.

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Enfermedades Infantiles

El niño está expuesto al padecimiento de un gran número de enfermedades. Muchas de ellas no son exclusivas de su edad. Otras, en cambio, son características de la infancia. De estas últimas se tratará en los siguientes apartados.

Las pequeñas infecciones
La inmadurez general del organismo infantil explica el hecho de que la gran mayoría de sus padecimientos sean de naturaleza infecciosa.
Hasta que no cumple los cinco años, el niño no alcanza una inmunidad semejante a la del adulto y que le protege contra determinados gérmenes. Dicha inmunidad a veces la obtiene a través del contacto con los microorganismos y, en otros casos, mediante las vacunaciones.
Las infecciones inespecíficas, provocadas en su mayoría por virus o por algunas clases de bacterias (estreptococos, Haemophylus), suelen asentar de preferencia en el aparato respiratorio, especialmente en sus partes altas (amígdalas, faringe).
La repetida aparición de estos trastornos debe preocupar a los padres, aunque ello no significa que su hijo cuenta con una salud precaria. Es preciso que tengan presente, por el contrario, que las pequeñas infecciones respiratorias desencadenan una reacción positiva del organismo, y que ello supone un desarrollo favorable de la capacidad defensiva del niño.
Estas afecciones requieren toda la atención posible, por cuanto la relativa indefensión del pequeño puede agravarlas, transformándolas en casos de cierta entidad, con aparición de otras complicaciones.
Son también frecuentes en el niño las infecciones del aparato digestivo. Responden a los mismos motivos que las infecciones respiratorias y deben ser tratadas con un especial cuidado dietético. En raras ocasiones será necesaria la prescripción de fármacos. En este grupo de enfermedades, cabe destacar los distintos tipos de enteritis y gastroenteritis, que se traducen sintomáticamente en fiebre, y diarrea y vómitos.

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La dentición

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Uno de los aspectos más relevantes del crecimiento lo constituye la dentición, por cuanto ésta es un excelente índice de aquél. Como en cualquier proceso de la formación del individuo, éste nace con una cierta determinación genética con respecto a su dentición. Lo más importante, sin embargo, es la influencia del medio, en especial las aportaciones vitamínicas y minerales que provienen de la alimentación.
El recién nacido es desdentado; sólo posee los alvéolos maxilares, pequeños huecos excavados en los bordes libres de ambos maxilares y que contienen el germen dentario —esbozo de lo que será el diente propiamente dicho—. A partir de los 6 u 8 meses, y con amplias variaciones individuales, se inicia la llamada dentición temporal o dentición de leche, la cual concluye alrededor de los tres años. A esta edad, el niño cuenta con veinte piezas dentarias. Los dientes de leche son más pequeños que los definitivos.
Estos últimos aparecen tras la caída de los anteriores (entre los cinco y los doce años). La dentición definitiva cuenta con veintiocho piezas. A las mismas, más tarde se les agregan eventualmente los cuatro molares posteriores, llamados comúnmente «muelas del juicio».

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Trastornos del crecimiento

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Trastornos del crecimiento
Dichos trastornos tienen su origen en la afectación de los cartílagos de conjunción, dado que sobre dichas formaciones son múltiples los factores que pueden influir, tales como los hormonales (hormona del crecimiento, hormona tiroidea), los vitamínicos, los minerales, etc.

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La talla

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Las variaciones de la talla en el correr de la vida se producen de forma gradual y constante. Cuando el niño culmina su etapa adolescente, adquiere la talla del adulto (aunque existen variaciones significativas en la edad a este respecto). La talla de la madurez volverá a modificarse en grado mucho menor con el envejecimiento, como resultado de los procesos degenerativos de la columna vertebral.
El crecimiento en altura depende en gran parte de unas formaciones cartilaginosas que son centro de procesos muy específicos y que se encuentran entre las epífisis (extremos) y las diáfisis (cuerpo) de los huesos largos: los cartílagos de conjunción.
Aparte del crecimiento global, cabe distinguir también el de cada uno de los órganos. En términos generales, este tipo de crecimiento depende de las aportaciones dietéticas, de las enfermedades que el órgano en cuestión pueda sufrir y de que su ejercicio funcional —«la función hace al órgano»— sea correcto.

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El peso

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En el recién nacido, las variaciones del peso corporal son muy significativas, ya que la adaptación primera al medio ambiente se traduce por una pérdida de peso.
Más adelante, el control del peso es indispensable que se efectúe periódicamente, ya que mediante el mismo se evalúa el aprovechamiento real de lo que el niño ha incorporado con la alimentación.

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El crecimiento

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Particularmente importante en la vida infantil, el crecimiento se mide, sobre todo, por dos parámetros: el peso y la talla. La tabla adjunta muestra la relación que debe haber entre estas dos dimensiones, a fin de que el desarrollo global del sujeto pueda considerarse armónico.

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