Archive for Mayo, 2009

Accidentes mortales

Conducta a seguir
Ante una caída o un golpe del pequeño, la primera medida a tomar consiste en conservar la calma y no contribuir, de otra manera, al natural nerviosismo del niño que se ha caído.
Las consecuencias de una caída pueden ser muy variables y van desde el simple chichón hasta los traumatismos graves.
Las medidas a tomar son las siguientes:
—Evaluar las consecuencias de la caída. Para ello se debe observar, sobre todo, si el niño ha perdido el conocimiento o se mantiene vigilante.
—En caso de contusión leve, comprimir con la palma de la mano la zona afectada y, eventualmente, aplicar una bolsa de hielo para detener el proceso inflamatorio.
De producirse heridas, éstas se deben lavar con abundantes agua y jabón, aplicándoles un antiséptico y cubriéndolas luego con una gasa sujetada con esparadrapo o con una «tirita». Si la herida es muy profunda o sangra con abundancia, se ha de trasladar al niño al centro médico más cercano, a fin de que se le practique la cura oportuna.
—Cuando se producen fracturas (lo que se nota por las desviaciones de los miembros, el dolor muy intenso y la incapacidad funcional del miembro afectado), se debe trasladar al niño a un centro médico. Previamente, conviene aplicar un entablillado para que la zona fracturada no se vea sujeta a demasiados movimientos, tanto activos como pasivos.
—Los golpes en la cabeza merecen especial atención, pues siempre existe la posibilidad de un traumatismo cráneo-encefálico. Hay que estar atentos, por lo menos durante las primeras 48 horas, a la posible aparición de cualquiera de estos síntomas: pérdida de conocimiento, somnolencia persistente, convulsiones y movimientos anormales, vómitos (especialmente si no van precedidos de arcadas), aumento o disminución del diámetro pupilar normal y cambios de conducta (irritabilidad). Si aparecen estos síntomas, se debe acudir a un centro médico.

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Accidentes

A fin de evitar las caídas, es de primera importancia guardar una serie de normas que deben regir en todos los hogares.
En primer lugar, debe hacerse todo lo posible para que los lugares por donde transita el niño estén bien iluminados y no se acumulen muchos objetos en ellos. Los niños no suelen tomar precauciones y siguen sus impulsos sin fijarse bien en lo que hay en las zonas de poca luz.

Otras normas esenciales a seguir son las siguientes:
—Mantener las ventanas cerradas e inaccesibles a los niños. Para
ello resulta indispensable el uso de persianas y la eliminación de las ventanas demasiado bajas y los tragaluces que están a nivel del suelo. En algunos casos puede ser conveniente la instalación de rejas o mallas de hierro, así como de dispositivos especiales que ayudan a mantener una buena ventilación de la casa sin riesgos para el niño.
—Dotar de barandillas lo bastante altas a terrazas y balcones, así como a las azoteas. De todos modos, es necesario también tener la precaución de que en la proximidad de estos dispositivos de protección no haya objetos por los que el niño pueda trepar fácilmente, como pueden ser sillas, mesas u otros elementos ornamentales.
—Proteger en el hogar las escaleras muy empinadas o con escalones muy altos, así como aquéllas que nacen en el umbral de una puerta y carecen de rellano. Si la escalera está cubierta de una esterilla o dispositivo similar, debe tenerse cuidado de que éste no se halle suelto en algunos puntos, pues podría hacer tropezar al niño. Por último, hay que asegurarse de que todas las escaleras están lo suficientemente iluminadas.
—Proteger debidamente los muebles, de modo especial los ángulos salientes y las aristas, para lo cual está indicada la aplicación de cantoneras de goma, necesarias para amortiguar los choques.

—Mantener el suelo en buen estado, evitando las baldosas flojas, los zócalos astillados o el uso excesivo de ceras que lo vuelvan resbaladizo. Igual cuidado hay que tener con las alfombras; es conveniente fijarlas por sus ángulos y que tengan una base gruesa y sólida (caucho, etc.).
—No permitir que los niños viajen solos en los ascensores.
—Cuando el niño es todavía un lactante, no hay que dejarlo nunca solo sobre la mesa o encima de cualquier otro lugar elevado.
—Hay que tener sumo cuidado con las bañeras. Mientras el niño es muy pequeño (hasta los 3 o 4 años), nunca se debe dejarlo solo en el momento de realizar su aseo. Conviene dotar las bañeras de barandillas y de esteras antideslizantes y no dejarlas nunca llenas de agua. Las mesitas que se utilizan para vestir a los bebés después del baño deberán ir provistas también de barandillas.
—La cuna debe estar provista de barrotes altos, de una altura de 60 cm a partir del somier y con un espacio entre ellos que no permita el paso del niño (entre 6 y 7,5 cm de separación).
—El parque de juegos no debe tener cantos vivos, ni salientes que puedan dañar al niño. La abertura máxima de su malla debe ser de 7 mm, y su altura, desde la base hasta la parte superior del parque, no debe ser inferior a 55 cm.
—Hay que asegurarse de que el niño lleva siempre el calzado bien ajustado y con suela antideslizante.
—En el caso de los bebés hay que comprobar, si se sale de paseo, que vayan bien sujetos en su cochecito o silla por el correspondiente cinturón de seguridad.
—Conviene recoger del suelo todos los pequeños objetos que pueden hacer tropezar al pequeño (canicas, juguetes, etc.). Es una buena medida inculcar al niño la costumbre de recogerlos él mismo.
—Respecto a las puertas, hay que abrirlas siempre con cuidado, pues el niño puede estar detrás. Si las puertas llevan cristal, se debe procurar que éste sea inastillable o irrompible. Es conveniente, también, marcar con tiras o con adhesivos especiales las puertas que sean transparentes. La puerta de la vivienda debe estar cerrada con llave para evitar que el niño salga sin que los adultos se den cuenta.
—No hay que sentar al niño en sillas de adultos, sobre todo por el peligro que implica una caída hacia atrás como consecuencia del balanceo corporal.
—Nunca debe permitirse que los niños de corta edad sean transportados en brazos por otros niños.
—Los andadores requieren de una vigilancia constante para evitar los peligros de volteo, caída por las escaleras, impactos con los muebles u otros objetos, etc. Debido a estos peligros, no es recomendable su uso.
—Por último, hay que vigilar y corregir en todo momento la evolución motriz del pequeño, de forma que él mismo cree poco a poco los hábitos de precaución. Esto debe hacerse con prudencia y con delicadeza, pues de otro modo el niño se vería seriamente coartado en su desarrollo psicomotor.

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Accidente

La prevención de los accidentes infantiles presenta dos vertientes, una técnica y otra educativa. Desde la primera, se trata de adaptar el hogar y los útiles habituales para evitar que el niño tenga un accidente. Desde la segunda, hay que educar para la prevención, a fin de que el niño, a medida que crezca y vaya al parvulario y a la escuela, sepa evitar por sí mismo los accidentes.

Caídas y traumatismos

Generalidades
Las caídas, ya sean desde cierta altura o desde el nivel de la estatura del niño, constituyen los accidentes más frecuentes a los que está expuesto el pequeño desde su nacimiento hasta los 6 o 7 años de edad. Pueden revestir distinta entidad, pero, en cualquier caso, no debe olvidarse que, a menudo, pueden ser graves.
Muchas son las causas de que estos accidentes se produzcan con frecuencia. En la primera infancia, la causa principal radica en la falta de vigilancia por parte de los mayores: más adelante, en la natural inseguridad del niño al dar sus primeros pasos, que aparece unida a una gran curiosidad infantil hacia cuanto lo rodea.
En términos generales, las caídas se clasifican en dos grupos:
— Caídas desde el nivel de estatura del niño.
— Caídas desde distinta altura.
Las primeras son más frecuentes cuando el niño atraviesa su primer año de marcha. Consisten, principalmente, en resbalones, choques contra el suelo o contra los diferentes objetos que se le interponen en el camino. Es decir, que son consecuencia de la marcha aún imperfecta del niño. Se debe hacer notar que en el medio urbano, especialmente en los pisos pequeños, el infante se ve mucho mas expuesto a sufrir estos accidentes por razones obvias de espacio.
El segundo tipo de caídas obedece a distintas circunstancias. El niño puede caerse de ventanas, escaleras o terrazas, o bien —y esto ocurre, sobre todo, en el medio rural— de árboles, zanjas, precipicios, etc.
La entidad de las lesiones depende, obviamente, de la diferencia de nivel desde la que se produce la caída, así como de las distintas regiones corporales que puedan quedar afectadas.

Las lesiones más graves son las de la cabeza (traumatismos del cráneo). Sin embargo, también pueden presentar mucha gravedad, local y aun general, las fracturas óseas, especialmente las de los huesos largos de las extremidades inferiores. La caída, además, puede ir acompañada de ruptura de vasos sanguíneos, con la consecuente hemorragia, que puede ser visible (piel, hemorragias nasales) o mantenerse oculta. En este último caso, generalmente es mucho más peligrosa (hemorragias internas y rotura de visceras).

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Alimentacion bebe

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Normas de alimentación
Una vez que el niño abandona la lactancia exclusiva (alrededor del 3.°-4.° mes de vida), sus necesidades en vitaminas, oligoelementos (minerales) y sustancias orgánicas se hacen cada vez mayores.
Hacia el 6.° mes, el niño come alimentos muy variados, ya que su sistema de deglución y digestión así lo permite. Las innovaciones que paulatinamente se introducen en su dieta no siempre son bien toleradas por el niño, al menos desde un punto de vista psicológico. La medida a tomar en estos casos consiste en incluir poco a poco el nuevo alimento o en mezclarlo con otros que el niño ya se ha acostumbrado a ingerir.
La hora de la comida es también un momento esencial en el aprendizaje de una serie de pautas sociales. Del biberón ha de pasarse a la cuchara, y esto no siempre es fácil. Los padres han de armarse de paciencia y nunca han de renunciar a que el niño aprenda habilidades nuevas. Hay que tener en cuenta que, aun cuando al principio rechace los sabores nuevos, el niño terminará por aceptarlos si están gustosamente cocinados.
Por otra parte, el momento de la alimentación debe estar rodeado de condiciones placenteras. Los platos han de ser lo más variados posible y agradables a la vista. No obstante, tampoco es cuestión de sobrevalorar más de lo debido el momento de la comida, pues ello provocaría hábitos inadecuados. Lo importante, en todo caso, es tener presente que el niño se alimenta normalmente menos que el adulto, por lo que no deben exagerarse las cantidades suministradas, ni obligar al pequeño a comer cuando manifiesta no tener apetito.
Ningún niño psíquicamente normal deja de comer si tiene apetito. Es una considerable ventaja con respecto al adulto. Si un niño rechaza el alimento y dirige su interés hacia otros sectores del medio que lo rodea, no se debe forzarlo a que coma. Lo que sí es importante es inculcarle que cuando sienta ganas de comer aproveche aquellos alimentos capaces de satisfacer realmente sus necesidades vitales.
En este sentido, son especialmente recomendables los productos lácteos ligeramente azucarados (yogur de frutas, natillas, etc.), la fruta fresca y cruda y los alimentos ricos en hidratos de carbono (galletas, pan). Las golosinas, tan apetecidas por el niño, deben administrarse con cierta prudencia, ya que, por lo general, están completamente desprovistas de cualquier aporte vitamínico y contienen grandes cantidades de azúcar.

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Aseo

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El aseo corporal
Desde que nace, el niño debe recibir diariamente un aseo general lo más completo posible. De todos modos, no hay que bañar al bebé hasta que no haya cicatrizado la herida causada por la caída del cordón umbilical. Hasta entonces, el lavado de la criatura se hará por partes, con agua a temperatura corporal y jabón lo más neutro posible, a fin de evitar irritaciones de la piel.
A medida que crece, el niño debe interiorizar las normas de higiene. Para ello, es conveniente que el baño diario se efectúe a una hora determinada. El momento más adecuado acostumbra a ser el de antes de la última toma alimentaria del día, con el fin de que tras la misma se encuentre el niño lo bastante relajado como para que la inducción del sueño sea más fácil.
El baño —al igual que el sueño o las comidas— favorece el desarrollo rítmico de la vida. En consecuencia, asegura al pequeño un ritmo psicológico estable. Por otro lado, el baño es desde muy pronto una actividad placentera, en la que el niño experimenta largamente con su propio cuerpo. No es exagerado sostener, por lo tanto, que el baño se constituye en una verdadera «escuela» del desarrollo sensorial.
A partir de los 3 o 4 años, muchos niños gustan de permanecer solos en la bañera, dedicados a sus juegos. Esto no debe impedirse; al contrario. Lo único que hay que tener en cuenta es que el baño haya cumplido también sus finalidades higiénicas.
Son importantes, igualmente, otras normas de aseo personal, tales como el peinado, el corte de uñas, etc. Estas prácticas no sólo mantienen más limpio y bonito al niño, sino que sirven para elevar en alto grado su autoestima, elemento fundamental para el equilibrio de su futura vida psíquica como adolescente.
De todos modos, en ningún caso se debe ser coercitivo. Muchos niños, por ejemplo, detestan que se les hurgue en el pelo. En éste y en otros casos parecidos, jamás hay que usar la violencia y sí, en cambio, la persuasión y los alicientes gratificadores.

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El sueño

Escrito por admin en La Higiene

Importancia del sueño
A partir aproximadamente de las dos o tres primeras semanas de vida, el bebé muestra ya una preferencia por determinadas posiciones para dormir. Éstas no siempre se adaptan lo mejor posible a las condiciones fisiológicas, pues a menudo amenazan con determinar una temprana deformación esquelética o una rigidez muscular. Lo más conveniente es que el niño pequeño sea acostado boca abajo o en decúbito lateral, sin ropas que ciñan en exceso su cuerpo y sin almohada, ya que de lo contrario existe el riesgo de asfixia.
Por otra parte, y como ya se ha señalado, el sueño, distribuido a lo largo de toda la jornada, es un fenómeno que ayuda a favorecer el sentido del ritmo que el niño necesita para su correcto desarrollo psíquico.
Es importante que el niño duerma a horas fijas y durante un tiempo establecido. Al comienzo esto no es difícil, porque el infante suele ocupar las dos terceras partes de su jornada durmiendo. Pero más tarde, a medida que empieza a compartir el mundo de los adultos, puede negarse a dormir, e incluso sobreexcitarse y no lograr en definitiva un descanso todo lo completo que cabría desear.
La actitud correcta por parte de quienes cuidan del niño es poner a éste en la cama poco después de un cierto intervalo tras su última comida. Los niños mayorcitos (de 2 a 4 años) deben sentir bienestar en el hecho de retirarse a su dormitorio y encontrar allí la soledad necesaria que les gusta compartir con sus muñecos y juguetes preferidos, antes de conciliar el sueño.
En ningún caso se deben administrar a los niños fármacos inductores del sueño o tranquilizantes. El insomnio no es una afección propiamente infantil.
Durante el sueño no hay que sobrecargar al niño de pesadas mantas, ni hay que sobreprotegerlo con excesivos sistemas de calefacción (bolsas de agua caliente, etc.). Se trata, simplemente, de adaptarse a las necesidades de la temperatura ambiente.
Por último, el niño ha de dormir en un lugar suficientemente ventilado, sin corrientes de aire y, tan pronto como sea posible, en una habitación propia, cercana a la de sus padres, para que éstos puedan acceder prontamente ante un llanto intempestivo o un accidente.

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Hospitalizacion

Escrito por admin en La salud en casa

Hospitalización y tratamiento a domicilio

No siempre los accidentes más aparatosos o las enfermedades con mayor riqueza sintomática exigen hospitalización. Por el contrario, accidentes que parecen mínimos o una febrícula ligera pueden exigir, en ocasiones, el ingreso en un hospital. Evidentemente, quien determina esto es el médico.
En principio, requieren hospitalización todas aquellas enfermedades o accidentes que exijan un tratamiento prolongado con materiales como sangre, oxígeno o ventilación asistida; y, por supuesto, todo lo que constituya una urgencia quirúrgica.
Entran también en este apartado las enfermedades generales que requieren de una estrecha vigilancia médica y que necesiten de una asistencia analítica frecuente (enfermedades de la sangre, nefropatías
graves, etc.).
Las fracturas de cierta entidad, especialmente si se acompañan de heridas (fracturas abiertas) que expongan al enfermo a serios peligros de infección, exigen igualmente hospitalización; como la requieren las quemaduras de segundo y tercer grado que cubran más de un 15 %, aproximadamente, de la superficie corporal o que afecten a zonas muy delicadas (párpados, vías aéreas, etc.).
Por último, es necesaria la hospitalización en ciertas enfermedades o estados que puedan resolverse en intervenciones quirúrgicas urgentes (apendicitis, malestar en una hernia ya diagnosticada, etc.); en los casos de contusiones craneales intensas acompañadas de conmoción cerebral (peligro de hematoma subdural o cerebral); y en enfermedades infectocontagiosas con un alto grado de infectividad.

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El llanto

Escrito por admin en La salud en casa

El llanto es el lenguaje del bebé y, además, una forma de afirmar la personalidad y una demanda a los mayores. A partir del primer año de vida y a veces hasta los 7 u 8 años, el niño lo emplea como arma para conseguir la satisfacción de sus necesidades o caprichos. Este comportamiento, normal, es casi siempre el reflejo de una conducta ansiosa por parte de la madre.
Clases y causas
En general, un llanto vigoroso que no va acompañado de ningún otro signo es señal de una excelente salud. Por el contrario, el sollozo y el llanto apagado pueden indicar que el organismo se halla debilitado en algún punto.
Las causas del llanto son muchas. Habitualmente, un niño llora cuando se acerca la hora en que debe satisfacer sus necesidades alimentarias. Es claro que la alimentación debe seguir una periodicidad determinada, pero no constituye ningún error adelantar diez o quince minutos la comida si las exigencias del niño se manifiestan por medio de un llanto intenso. Después de comer, el niño puede llorar por ligeros malestares gástricos o por flatulencias.
Los padres deben valorar adecuadamente los motivos por los que el niño llora. Abandonarlo con la excusa de que es «caprichoso» o «molesto» puede tener consecuencias psicológicas tan malas como prestarle demasiada atención. El ideal consiste en que el niño no se sienta nunca privado del afecto de sus progenitores, lo que no significa satisfacer todos sus caprichos, sino rodearlo de un clima de comprensión y de buen entendimiento.

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Inapetencia

Escrito por admin en La salud en casa

Inapetencia
A menudo el niño es inapetente porque no tiene suficientes estímulos a la hora de ingerir alimentos. Esta inapetencia psicológica es la más frecuente y suele encontrarse incluso en niños que bordean la pubertad.
Evidentemente, el área bucal conserva su carácter gratificante durante toda la vida. El niño, en consecuencia, rechazará los alimentos que no lo gratifican o, de forma más especial, se negará a ingerirlos en situaciones afectivamente adversas. Esto puede ocurrir, por ejemplo, si a la hora de comer los padres disputan entre sí, o bien si hay demasiado ruido o porque las condiciones de temperatura son extremas.
También puede haber causas orgánicas de la inapetencia. Así, los procesos acompañados de fiebre cursan con disminución del apetito, por lo que el estado de saciedad se alcanza apenas se ha ingerido un poco de alimento.
No debe insistirse en que el niño coma si rechaza el alimento. En caso de que la inapetencia se prolongue, debe consultarse al médico.
Una circunstancia especial es la que se da en niños mayores y en adolescentes que comienzan a rechazar sistemáticamente cualquier clase de alimento. En estos casos se puede estar ante una anorexia nerviosa, enfermedad mental grave que puede llevar, en situaciones extremas, a la muerte por desnutrición.

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Convulsiones

Escrito por admin en La salud en casa

Las convulsiones son ataques transitorios de contracción muscular anárquica, que responden a una actividad igualmente anómala del cerebro. En el niño pequeño es un fenómeno relativamente frecuente, ya que el grado de desarrollo de un sistema nervioso central es aún inmaduro.

Las convulsiones pueden ser también febriles. En este caso suelen ser esporádicas y no revisten la gravedad de enfermedades del cerebro y las meninges.
Ante cualquier convulsión, es absolutamente imprescindible acudir con urgencia al hospital: puede ser signo de enfermedades muy graves. Los fármacos anticonvulsivos, por su parte, deben administrarse sólo bajo vigilancia médica, ya que están dotados de importantes efectos secundarios.

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