
Cuerpos extraños
Generalidades
La entrada de cuerpos extraños en los orificios naturales del cuerpo (oído externo, fosas nasales, boca) es un accidente muy frecuente en los niños. Ello es debido a sus juegos habituales con objetos pequeños y a su tendencia natural a introducirlos en su propio cuerpo a causa de la curiosidad infantil.
En este apartado se incluye también el tratamiento de los cuerpos extraños en el ojo, entendiendo por ello a los objetos que permanecen en las estructuras externas del globo ocular (esclerótica, córnea, párpados).
Los cuerpos extraños en la laringe y la tráquea se estudiarán en el apartado correspondiente a los accidentes producidos por asfixia.

Conducta a seguir
En caso de que la quemadura revista poca importancia, lo mejor es no aplicar ningún tipo de crema sobre la zona afectada. En ninguna circunstancia hay que utilizar tintura de yodo o cualquier otro producto antiséptico similar, pues esto agravaría la herida.
Hay que evitar también el tocar o perforar las ampollas que eventualmente hayan aparecido. El tratamiento más indicado, en estos casos, consiste en colocar una gasa sobre la parte afectada, o incluso un pañuelo recién lavado.
Si la quemadura es grave, hay que tomar las siguientes medidas:
—Trasladar al niño al centro médico de urgencias más próximo.
—Durante el traslado, envolver al niño con una sábana limpia o con un tejido humedecido, pues el aire, al entrar en contacto con la quemadura, produce un dolor muy intenso.
—Si hubiera que esperar a la llegada del médico, una forma de aliviar el dolor consiste en sumergir al niño en un baño de agua entre templada y caliente, aunque no en exceso, y sin desvestirle de las prendas difíciles de quitar.

Prevención
La mayor parte de accidentes por quemadura se produce, como ya se ha indicado, en la cocina. Las principales normas de prevención, por consiguiente, se refieren a ésta y a los objetos que en ella acostumbran a encontrarse.
Las normas preventivas más importantes a este respecto son las siguientes:
—Asegurarse de que la cocina esté dotada de un sistema de iluminación adecuado, un suelo no resbaladizo y una cocina firmemente asentada sobre éste.
—Los fogones deben estar instalados a más de 1 m de altura del suelo y han de estar protegidos con una rejilla de seguridad.
—Los cacharros han de tener una base sólida y un centro de gravedad estable que no permitan su fácil deslizamiento.
—Nunca deben dejarse sobresalir los mangos de ollas, sartenes, etc., para que el niño no pueda cogerlos fácilmente.
—No hay que dejar nunca a disposición de los niños los cacharros que contienen líquidos calientes (en especial, cafeteras y ollas a presión).
—No hay que poner al alcance de los niños las cerillas o los aparatos encendedores.
—Las puertas de los hornos no deben servir de dispositivo para colocar ollas o sartenes.
—Hay que mantener el control de la temperatura adecuada de los alimentos.
Además, y con el fin de evitar otro tipo de quemaduras, conviene ajustarse a las siguientes normas:
—Los niños pequeños no deben ser bañados con agua muy caliente. Conviene que la temperatura de ésta sea un poco más baja que la del cuerpo (37°). Por otro lado, hay que verter primero el agua fría y luego la caliente.
—No deben utilizarse estufas cuyas fuentes radiantes de calor estén al alcance del niño y, de utilizarse, deben ser colocadas en un lugar que a éste le sea inaccesible. Las chimeneas deben ir protegidas con un protector metálico.
—Hay que vigilar los juegos con petardos y otros artificios pirotécnicos; conviene, incluso, prohibirlos a los niños de corta edad.
—Es preferible, de modo preventivo, planchar lejos del niño.
—Hay que tener cuidado con que los niños no se interpongan en el paso de la persona que transporta alimentos calientes desde la cocina.

Generalidades
Las quemaduras representan un porcentaje próximo al 15 % de los accidentes domésticos. Las principales se producen en la cocina y suceden porque se vuelca sobre el niño el contenido de algún recipiente que contiene agua o cualquier otra sustancia caliente. Son especialmente peligrosas cuando el agente contiene grasas (caldo, guisados, etc.).
Otros elementos mediante los cuales los niños suelen provocarse quemaduras son las cerillas, las estufas, los juegos con petardos y, en el caso de los bebés, la elevada temperatura del agua del baño.
Las quemaduras pueden ser más o menos profundas. Las más superficiales, que sólo afectan la epidermis y parte de la dermis, son las llamadas de primer grado. Se manifiestan mediante enrojecimiento de la piel y dolor más o menos intenso.
Las que afectan a los tejidos más profundos del tegumento son las llamadas de segundo grado. Se traducen por la aparición de vesículas llenas de líquido y producen dolor y rubefacción.
Por último, las quemaduras pueden afectar los tejidos que están más allá de la hipodermis (músculos, nervios, vasos, huesos, etc.); reciben entonces el nombre de quemaduras de tercer grado. Se acompañan de mortificación de los tejidos, con pérdida de sustancia y un mayor o menor grado de insensibilidad según la magnitud del proceso.
Cada tipo de quemadura tiene un tratamiento y un pronóstico distintos. Las más graves son las de tercer grado.

Conducta a seguir
Las heridas producidas por instrumentos cortantes pueden revestir diversa importancia. Algunas ocasionan tan sólo una lesión superficial con hemorragia mínima; pero otras, según su intensidad, pueden convertirse en lesiones profundas, que afectan los planos musculares y los nervios, yendo acompañadas de profusa pérdida de sangre.
En cualquier caso, hay dos medidas que conviene tener siempre en cuenta:
— Detener la hemorragia.
— Evitar la infección.
La mejor manera de prevenir la infección es el lavado abundante con agua y jabón, aunque posteriormente se puede aplicar algún líquido antiséptico.
Asimismo, es fundamental que el pequeño haya recibido la vacunación antitetánica. De no ser así, conviene llevarlo a un centro que la administre, aun en el caso de heridas muy leves (la infección tetánica se produce especialmente a partir de heridas pequeñas y profundas que sangran poco, como las producidas por las espinas de las plantas).
Una vez lavada y desinfectada la herida, se cubrirá con un algodón envuelto a su vez por sus dos caras con gasa estéril.
En caso de que la hemorragia sea muy importante, es necesario actuar de la siguiente manera:
—Si la herida se ha producido en un miembro, hay que mantener a éste levantado con el fin de que la circulación se haga más lenta.
—Si hay que aplicar un torniquete, es preciso que ello corra a cargo de una persona con experiencia, de lo contrario es preferible atenerse a la elevación de la extremidad herida. El torniquete debe aplicarse por encima del segmento afectado y trasladar así al accidentado al centro asistencial más próximo, indicando la hora de colocación del mismo.

Prevención
Aparte de las medidas que se enumerarán de inmediato, la prevención de las heridas por instrumentos cortantes o punzantes debe ir acompañada de un paulatino adiestramiento del niño en el uso de los mismos. Este aprendizaje debe comenzar con el uso de utensilios poco afilados, para ir progresivamente extendiéndose hacia los más afilados. Sin este adiestramiento, los accidentes serán más frecuentes e importantes.
Las principales medidas a tomar son las siguientes:
—No dejar al alcance de los niños ningún instrumento afilado. Los cuchillos de cocina muy cortantes deben estar provistos de fundas y colocarse lejos del alcance de los niños.
—Emplear cristales inastillables o irrompibles en las puertas cristaleras y colocar en las mismas adhesivos especiales.
—Recoger cuidadosamente los restos de un objeto que se ha roto.
—Mantener lejos del alcance de los niños toda clase de tijeras, especialmente las muy puntiagudas o filosas. No debe olvidarse, sin embargo, que este instrumento es uno de los más adecuados para comenzar a adiestrar al niño, aunque deben ser, cuando se utilicen para esta finalidad, de punta roma.
—Cerrar con llave el costurero o el lugar donde se encuentren alfileres, agujas, imperdibles o tijeras.
—Al vestir o desnudar al niño, hay que subir o bajar las cremalleras con mucho cuidado y delicadeza. De producirse un atrapamiento de la piel, habrá que tener cuidado al intentar «arreglarlo», ya que un simple pellizcamiento puede convertirse en un desgarro. En caso de duda, lo mejor es trasladar al niño a un centro médico, a fin de que allí le sea retirada la cremallera.
—Adquirir siempre electrodomésticos provistos de los necesarios dispositivos de seguridad (revestimiento de material plástico, parada automática de lavadoras al levantar la tapa, interruptores automáticos de picadoras, trituradoras, exprimidores, etc.).
—Dejar totalmente fuera del alcance de los niños el instrumental de bricolaje o de jardinería.
—No manipular a la vista de los niños maquinaria peligrosa, pues el pequeño intentará emular a los mayores y se verá expuesto así a graves accidentes.

Heridas y cortaduras
Generalidades
Tras las caídas y los traumatismos, las heridas producidas por cuerpos cortantes o punzantes constituyen el segundo grupo en frecuencia por lo que respecta a los accidentes domésticos que puede sufrir un nifio.
Las heridas cortantes son, por lo general, más peligrosas que las punzantes (producidas por imperdibles, tijeras, agujas, etc.), aunque éstas pueden revestir una particular significación cuando afectan a algunas zonas del cuerpo, especialmente oídos y ojos.
Entre los objetos más frecuentes que suelen producir heridas cortantes, hay que mencionar los cuchillos, las navajas y las hojas de afeitar, los trozos de cristal, los botes de lata y los abrelatas, así como otros utensilios domésticos. También hay que mencionar a las cremalleras, porque pueden producir dolorosos desgarros en zonas muy delicadas.
La frecuencia de estos accidentes es muy grande, ya que los niños suelen utilizar instrumentos cortantes para algunos de sus entretenimientos favoritos, como recortar figuras.
Otra fuente de peligro proviene de electrodomésticos tales como picadoras de carne, batidoras de cuchillas, cuchillos eléctricos, ventiladores, etc. Se trata de objetos que cada vez abundan más en los hogares y que, además, despiertan en el niño la natural curiosidad y el deseo de emular a los adultos realizando prácticas con ellos.