
Los zapatos
Mientras un niño no anda, el calzado es innecesario. La función de abrigar los pies la desempeñan los calcetines, de lana o de algodón, o las botitas, también confeccionadas con estas fibras.
Pero cuando el niño empieza a andar ha llegado el momento de comprar zapatos. Lo mejor es que éstos tengan la suela flexible y que su piel sea blanda. La idea de que el calzado debe sostener el arco del pie o que debe sujetar bien los tobillos es errónea.
En consecuencia, el calzado ha de adaptarse lo mejor posible al pie del niño; ha de ser flexible y la piel debe facilitar la transpiración. Algunos materiales como el caucho no deben usarse de manera prolongada antes de los 3 o 4 años, precisamente por la dificultad con que transpiran.
Hay que rechazar siempre el calzado que resulte demasiado grande para los pies del niño. Aunque esto permita economizar dinero, resulta una mala inversión, porque se corre el riesgo de que se adopten malas posturas. Aparte de que unos zapatos grandes hacen caer al niño con facilidad. También debe evitarse que los zapatos de un hermano o una hermana mayor pasen al pequeño. Cada pie tiene su forma y la imprime al calzado, por lo que éste es intransferible.
Para saber si unos zapatos le van bien a un niño, hay que probarle los dos, poniéndolo derecho, ya que, si está sentado, su pie tiende a encogerse. Entre la punta del zapato y el dedo gordo del pie ha de mediar 1 centímetro. Si los dedos rozan el extremo del calzado, éste se ha de desechar, aunque no esté usado.
Para andar por casa, se puede utilizar un calzado más cómodo. Las pantuflas, las zapatillas, los mocasines y los zapatos afines que dejan a los pies en libertad son muy convenientes. Si no hace frío y el suelo está bien equipado, es recomendable que el niño vaya descalzo. Esto le permite tomar conciencia de su propio cuerpo y aprender a controlar mejor su equilibrio.

Pañales
Durante el primer mes, cuando la piel del bebé es todavía muy sensible, están recomendados los pañales de algodón. Con posterioridad, pueden emplearse pañales de celulosa. Pero hay que tener cuidado con las materias sintéticas. Tienen, ciertamente, la ventaja de que no hay que lavarlos, porque se tiran una vez usados; pero pueden causar escoceduras o irritar la piel del bebé si no se cambian con frecuencia.
Si éste es el caso, hay que volver a utilizar los pañales de algodón.
Idénticas consideraciones cabe hacer por lo que respecta a las bragas de plástico. Son también muy útiles, pero tienen un inconveniente: favorecen la conservación de humedad en los pañales y con ello estimulan el desarrollo de bacterias, por lo que sólo son aconsejables para paseos cortos.

La ropa del primer año
En el momento de comprar ropa, hay que pensar que un niño crece muy rápidamente. El peso y la talla de un bebé acostumbran a pasar, durante el primer año de vida, por tres etapas muy diferenciadas, a las que corresponden distintas tallas por lo que respecta a las prendas de vestir. Estas tres etapas son las siguientes:
— Del nacimiento a los 3 meses
— De los 3 meses a los 6-7 meses
— De los 6-7 meses al año.
Aunque el niño nazca en una época calurosa, no hay que olvidar que durante las primeras semanas, e incluso meses, es muy sensible al frío y a los cambios de temperatura. Esto quiere decir que siempre hay que tener a mano prendas de abrigo.
También es recomendable contar con suficiente ropa, fácil de lavar, a fin de poder cambiarlo a menudo. No hay que olvidar tampoco que la piel del bebé es muy fina y extremadamente sensible. Los tejidos de fibra sintética no siempre están indicados, sobre todo si están en contacto directo con la piel, ya que algunos bebés pueden presentar alergia a los mismos.
Las camisitas han de ser de tela muy suave. La lana empleada en la confección de jersey y chaquetilla debe ser también suave a la vez que flexible, y darse con facilidad. El bebé no debe sentirse excesivamente presionado por sus prendas. Y éstas han de ser de fácil manejo. En este sentido, no son nada recomendables los jerseys y las camisas que han de pasarse por la cabeza, pues aunque sean desahogados, resulta siempre dificultoso ponérselos a un niño pequeño
Otra cosa a tener en cuenta, además de la comodidad, es que las prendas de vestir sean seguras.

La ropa
Algunas mamas prefieren no comprar nada antes de que el niño haya venido al mundo. Piensan que antes de adquirir la ropa del bebé es mejor esperar y ver cómo será el recién nacido. Otras, por el contrario, lo compran todo antes de ingresar en la clínica, aún sin saber si vendrá niño o niña. Las hay también que preparan con auténtico fervor la canastilla antes del nacimiento, eligiendo para los vestiditos el diseño y el color de moda o acogiéndose, tal vez, a criterios más tradicionales.
Lo bueno es no caer en ninguno de los dos extremos. Comprar demasiadas cosas es contraproducente. Los bebés crecen muy deprisa y entonces puede ocurrir que muchas prendas tengan que ser desechadas, sencillamente porque ya no les van bien. Además, hay que contar con los regalos.
Pero no comprar nada hasta después del nacimiento tampoco es recomendable. Hay que tener en cuenta que después del parto pueden surgir complicaciones. O, simplemente, que, en los primeros días 0 semanas, resulta complicado ir de compras.
De manera que lo mejor es preparar de antemano la ropa quesera imprescindible para el recién nacido. Las compras para esta ocasión siempre tienen algo especial, porque están cargadas de afecto. La futura mamá se enternece al adquirir un pijamita o unas botitas de lana. A través de estas prendas, se imagina a su bebé. Y esto es bueno porque ayuda a crear un clima emocional cálido que para el recién nacido es de la máxima importancia.