
Cuando los padres educan a sus hijos y se preocupan por su desarrollo evolutivo desde el momento de nacer, es lógico que se pregunten algunas cosas. Por ejemplo: ¿qué temperamento tendrá el niño al llegar a la vida adulta?, ¿será una persona equilibrada?, ¿tendrá el suficiente empuje como para afrontar los duros problemas de la vida?, ¿será inteligente?
En el momento de hacerse estas preguntas, los padres se plantean al mismo tiempo hasta qué punto pueden intervenir en el desarrollo de sus hijos. ¿Será acaso que éstos nacen con unos rasgos de carácter ya dados, como lo puedan ser, por ejemplo, la estatura, el metabolismo o el color del pelo? De ser así, ¿qué sentido tendría educarlos?, ¿a qué intervenir entonces en un desarrollo psíquico cuyas características fundamentales ya están dadas por la herencia?
También puede ocurrir que haya padres que se planteen estas cuestiones a la inversa. Lo que se transmite genéticamente es sólo lo biológico, pero no el «carácter». De modo que a éste es posible moldearlo desde una resuelta intervención en la vida del niño que no deje ni un cabo sin atar.
La psicología, desde su nacimiento como ciencia, ha sostenido una interminable controversia entre los partidarios de una u otra opción. Para muchos psicólogos lo determinante en la personalidad de un individuo le viene transmitido por la herencia, mientras que para muchos otros lo esencial es el medio ambiente, es decir, el entorno que rodea al niño desde el momento de nacer y que determinaría de forma absoluta su carácter.

Artículos de seguridad
Los niños de corta edad son especialmente propensos a sufrir toda ríase de accidentes domésticos. Para ellos, la casa, hecha a la medida ic los mayores, es un lugar lleno de peligros.
Algunos de ellos son absolutamente imprevisibles. Pero otros pueden evitarse; basta con tener la precaución de instalar pequeños sistemas de seguridad en los puntos más peligrosos.
En el mercado, aparecen continuamente pequeños artilugios para hacer el hogar más seguro.
—Protecciones de goma para los cantos de las mesas. Pueden evitar más de un chichón, cuando el niño alcanza la misma altura de la mesa.
—Topes para los cajones. Cuando el niño descubre que es capaz de abrir y cerrar cajones, corre el peligro de que alguno de ellos le caiga encima. Colocando un simple tope, es imposible.
—Dispositivos para ventanas. Impiden que el niño pueda abrirlas y cerrarlas a su antojo y se asome peligrosamente.
—Barreras de seguridad. Impiden el paso del niño por aquellos lugares que pueden representar un peligro para él: acceso a la cocina, a una escalera, etc.
—Tapas protectoras para los enchufes. Son absolutamente indispensables para proteger cualquier enchufe que quede al alcance de los dedos del niño. No deben manipularse nunca delante de él.
—Bandas adhesivas para puertas de cristal. Sujetan el cristal por detrás y son invisibles. Sirven para que en caso de rotura, los vidrios queden pegados a la banda adhesiva y no caigan sobre el niño produciéndole alguna herida.
—Enchufes de luz. Proyectan una luz tenue, y pueden dejarse encendidos toda la noche, para que el niño se sienta más acompañado.
—Interfonos. Permiten oír al niño de una habitación a otra sin necesidad de ir a cada momento a ver qué hace.
—Graduadores de luz. Permiten regular la intensidad de la luz ambiental en la habitación del niño. Viendo simplemente un poco de luz. él se siente más tranquilo, y al mismo tiempo se ahorra energía.