Archive for noviembre, 2009

Guarderias infantiles

Escrito por en La Infancia

Las ventajas de la guardería
Estas preguntas convergen en el dilema hace tiempo existente: la conveniencia o no. para una correcta educación, de llevar a los niños a la guardería desde una edad muy temprana.
Son muchas las familias, e incluso los pediatras, que tienen serias reticencias respecto a la escolarización en guarderías, ya sea por criterios de salud (contagios, higiene) o. simplemente, por prejuicios sociales.
Si el niño dispone de una racional combinación horaria entre guardería y hogar podrá gozar de las ventajas de ambos ambientes. Retomando y analizando las dudas anteriores, se observa que el afecto familiar, aunque imprescindible, debe complementarse, para un mejor desarrollo de las capacidades afectivas y de relación, con el afecto, compartido con otros niños, de un profesional que una a su intención educativa unos criterios científicos.

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Las guarderias

LAS GUARDERÍAS
Las guarderías empezaron siendo lugares donde literalmente eran «guardados» los hijos de las madres que trabajaban. Por eso surgieron al amparo de fábricas y empresas y contaron, por consiguiente, con el apoyo del Ministerio de Trabajo.
Más tarde, ante los problemas sanitarios que aparecían (diseminación epidémica de ciertas enfermedades, deficiencias de salubridad e higiene, etc.), muchas de ellas se convirtieron en centros asistenciales, asistidos, a su vez, por el Ministerio de Sanidad. Otro ministerio, el de Justicia, tomó también cartas en el asunto en el momento de controlar y tutelar a los niños huérfanos y abandonados.
Tutela, asistencia, control del niño, pero en ningún caso educación. Se suponía, y aún muchos así lo creen, que el niño debe ser educado en sus primeros años por sus padres (especialmente por la madre). El Ministerio de Educación, mientras tanto, no embarcaba al niño en la nave escolar hasta los 6 años.
Sin embargo, está admitido que la educación del niño empieza desde el momento de su nacimiento. Incluso —y son muchos los psicólogos y pedagogos que así lo afirman— los primeros años de la vida del niño son determinantes para su educación y para el grado de madurez del futuro adulto.
Cabe preguntarse entonces si para esta educación que el niño debe recibir desde que nace (¿cómo?, ¿dónde?, ¿cuándo?) es suficiente el marco familiar.
El padre y la madre son, desde todas las perspectivas, imprescindibles para el niño. Pero, ¿pueden ellos solos abarcar todos los aspectos de la educación del pequeño?
El entorno físico familiar —la casa—, estructurado en función de los adultos, ¿debe ser el único espacio de desarrollo de las aptitudes y habilidades del hijo?
Y la relación con los miembros de la familia, ¿es para el niño lo bastante rica como para conseguir una adecuada socialización?

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La dislexia

La dislexia es un trastorno que aparece en forma de grandes dificultades en el aprendizaje de la lectura, aun cuando la capacidad intelectual sea normal.
Los niños que padecen de dislexia distinguen con dificultad las letras y en muchas ocasiones apenas entienden aquello que leen. Al mismo tiempo, estos niños tienen dificultades en la escritura, ya que confunden las consonantes y/o invierten las letras y las sílabas.
Las causas de este trastorno son muy variadas. Normalmente es debido a una deficiente elaboración del esquema corporal (dificultades para distinguir entre derecha e izquierda) o a una mala lateralización (niños predominantemente zurdos y que han sido contrariados). Puesto que se trata de un trastorno en el aprendizaje de la lecto-escritura, la dislexia debe ser tratada mediante una reeducación específica.

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Los tics

Los tics consisten en la ejecución de movimientos estereotipados de forma imperiosa e involuntaria y siguiendo ciertos intervalos. Suelen aparecer hacia los 6-8 años y los más frecuentes son los movimientos de la cabeza, el parpadeo o un movimiento facial. A veces los tics afectan al torso y a las extremidades. También puede ocurrir que una persona no tenga uno, sino varios tics que pueden aparecer en distintos momentos o bien presentarse simultáneamente.
Por lo general, los tics se dan en niños que viven en un ambiente muy perfeccionista y muy exigente. En otras ocasiones los tics están ligados inconscientemente a fantasías masturbatorias.
Sea como fuere, hay que tener en cuenta que en esta edad muchos tics son transitorios y que aparecen como resultado de la tensión en la que vive el niño. Si desaparece la tensión, desaparece el tic. Lo que no hay que hacer es evitar el tic sin solucionar la causa, porque entonces aquél volverá a aparecer a) cabo de un tiempo.

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Los complejos

Los complejos
A partir de los 4 o 5 años, cuando el niño ya se encuentra, por lo tanto, en edad preescolar. suelen aparecer los primeros complejos. Como se trata de una época en la que el niño está afirmándose ante los demás y es muy sensible a las reacciones de sus padres, las actitudes reprobatorias, si son muy contundentes, pueden provocar la aparición de los primeros complejos.
A veces los niños se sienten acomplejados en la escuela porque presentan algún ligero defecto que es objeto de la burla de los demás. Ouizá porque son obesos o porque presentan alguna dificultad al hablar, lo cierto es que son excluidos del grupo por los otros niños.
Los complejos suelen ser pasajeros, pero en ocasiones dan lugar a una inadaptación escolar que es causa de bajos rendimientos. En estos casos, la actitud de los padres debe ser firme; tienen que renovar su apoyo al niño y, al mismo tiempo, deben estimular la relación del chico con los demás. Si la inadaptación causada por los complejos se vuelve crónica, entonces es oportuno consultar con el especialista.

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Control de esfínteres

Trastornos del control de esfínteres
Hacia los 3 o 4 años, la mayoría de niños alcanza un control total de los esfínteres. El control diurno se logra ya entre los dos años y los dos años y medio. Durante la noche, el control se adquiere entre los dos y los tres años y medio.
No hay que considerar patológico el que hasta los cuatro o cinco años la madre tenga que intervenir por las noches, despertando al niño para que no moje la cama.
Una vez sobrepasada esta edad, el niño que no consigue controlar su emisión de orina está indicando que algo no funciona bien y que necesita ayuda. Su trastorno recibe la denominación de enuresis y esconde, por lo general, un serio conflicto emocional o problema orgánico. Es preceptivo en estos casos la visita al especialista, quien determinará el tratamiento.
Si el fallo se produce en el control anal, el trastorno se llama entonces encopresis. También en este caso hay que consultar con el especialista, porque la encopresis es indicativa de inmadurez, de dificultades en el manejo de la agresividad y de una dependencia excesiva con respecto a la madre.
Aunque no siempre, hay algunas formas de estreñimiento cuyas causas son de tipo psicológico. Mediante ello el niño expresa en ocasiones alguna situación conflictiva. Sin ser importante, la constipación de vientre suele convertirse en un trastorno crónico y entonces es ya difícilmente reversible.

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Niño con miedo

Los miedos
El miedo es una reacción normal del ser humano ante situaciones de peligro, de manera que sólo se le ha de considerar como patológico cuando su aparición no está conectada con una realidad verdaderamente peligrosa.
Esto, que es cierto para un adulto, es menos claro para una mentalidad infantil. ¿Cómo se le da a entender a un niño que una habitación a oscuras no encierra ninguna amenaza? La respuesta más válida, desde luego, es la de encender la luz.
Ahora bien, aceptando como normales una buena parte de los miedos que padecen los niños, hay un cierto tipo de reacciones infantiles que se caracterizan por ser expresión de un temor excesivo. Por decirlo de otra manera: hay situaciones que despiertan en el niño respuestas muy cargadas de ansiedad. Si estas respuestas se hacen frecuentes, entonces hay que hablar de la existencia de un trastorno.
La denominación que a veces se le da a este tipo de reacciones es la de fobia. Una fobia se desencadena ante un objeto aparentemente inofensivo —un perro, un caballo—, o ante situaciones no peligrosas —ir a la escuela, subir a un autobús, entrar en un ascensor, bajar escaleras, etc.—. La fobia más frecuente en el niño es, desde luego, la fobia escolar, que esconde una fuerte dependencia con la madre y, al tiempo, expresa algún tipo de dificultad en la integración en el grupo o en las relaciones con el maestro.

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Agresividad en niños

La agresividad
La agresividad es la denominación que recibe una conducta que se ha convertido habitualmente en hostil. De modo que el trastorno siempre es por exceso. En tanto que manifestación de hostilidad, puede estar dirigida contra los demás o contra uno mismo.
El origen de este trastorno cabe rastrearlo, por lo general, en una mala elaboración efectuada en el momento del destete. El niño sintió entonces que le arrancaban algo que era suyo y reaccionó con una dosis excesiva de agresividad. Ésta, posteriormente, se habría convertido en pauta de comportamiento frente a distintos acontecimientos críticos hasta generalizarse en una forma de conducta habitual.
Los niños agresivos suelen ser niños insatisfechos que ponen de relieve una importante carencia de afecto en el curso de su desarrollo personal.
Las rabietas, las pataletas y los berrinches constituyen expresiones de la agresividad en los niños. A veces son medios de descarga de tensiones, que desaparecen cuando el niño aprende a manejar otros medios, como el lenguaje.
En otras ocasiones, el niño dirige la agresividad hacia él mismo, mordiéndose, pellizcándose, tirándose al suelo, etc.
Si los ataques, tanto hacia el exterior como hacia el interior, son graves y persistentes, hay que consultar con el psicólogo. En cualquier caso, hay que averiguar cuáles son los motivos de frustración que inciden en la vida del niño.

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Trastornos en niños

Definición
Puesto que la personalidad infantil se desarrolla de forma dinámica, por trastorno cabe entender un obstáculo o perturbación que frena o bloquea las posibilidades de avance.
Algunos trastornos del desarrollo —los más leves— pueden superarse con una mayor atención hacia el niño por parte de los padres. Son muchos los casos en que una perturbación surge precisamente porque los padres no atienden debidamente a sus hijos.
Pero hay otro tipo de trastornos que por su gravedad o por su carácter crónico no remiten con la mera atención de los padres. Entonces hay que consultar sin rubor al psicólogo para que dictamine un tratamiento adecuado, ya sea en la forma de una reeducación o en la de una psicoterapia.

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La socialización

Escrito por en psicologia

La socialización
Por lo que respecta a los padres, es preciso que tengan en cuenta que la progresiva incorporación de su hijo en la escuela supone una «pérdida» afectiva para ellos. De pronto ocurre que el pequeño ya no está todo el día en casa y además, cuando llega, puede pasar que sus intereses giren en torno a otros polos afectivos, que hable de otras personas, etc. En una palabra: llega un momento en que el niño precisa una cierta separación de los padres, pero a éstos les ocurre algo parecido —aunque, claro está, no de forma tan crítica.
Todo lo que sea fomentar la autonomía del niño es bueno, de idéntica manera a como no es conveniente que el niño quede prendido de una fuerte dependencia emocional con respecto a sus padres.
Entre las muchas responsabilidades que les incumben a éstos, también está, en fin, la de que favorezcan la independencia de sus hijos.

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