
El papel de la escuela
Un planteamiento pedagógico que considere la cuestión del fracaso escolar en cada centro de enseñanza pasaría, en primer término, por estos puntos:
—Organizar en profundidad cada Ciclo (objetivos, metodología) y asegurar la coordinación de todo el equipo.
—Adecuar al máximo los programas y los métodos de aprendizaje del centro a los intereses concretos de los alumnos.
—Procurar al alumno el conocimiento directo del medio social donde está ubicada la escuela.
—Mantener una coordinación constante con la familia.
—Detectar cuanto antes las posibles dificultades, a fin de poder incidir en ellas desde el momento de su aparición.
No hay que olvidar que el alumno fracasado tratará de mantener su nivel de autoestimación y de recuperar la imagen perdida. Para ello, se irá apartando de las «causas» de su conflicto: los aprendizajes y contenidos difíciles; el maestro que le suspende, reprueba o margina; los compañeros que lo valoran negativamente. E irá a escudarse tras aquello que le permita mejorar su aceptación social: los compañeros favorables, la pandilla, las actividades en las que destaca, etc. Esta selección de actividades y de relaciones personales más cómodas le apartará aún más de su posible proceso de corrección o integración, con lo que la solución se hará cada vez más difícil.

El papel del maestro
El bajo rendimiento del alumno, además de pesar en el concepto de sí mismo que éste va construyendo, influye también en el concepto —cuando no en la etiquetación— que el maestro tendrá del alumno. Y esto conlleva, a menudo, un trato diferente y unas expectativas diferentes del educador en relación a los demás alumnos. Así, la marginación empieza en la propia aula.
Diversos estudios realizados han demostrado que la mayoría del profesorado tiende a atender y a estimular más a los alumnos de alto rendimiento que a los de bajo. Atenuantes a esta actitud, consciente o no, del profesor serían, claro está, el elevadísimo número de alumnos por aula y la urgencia de cumplir unos programas demasiado densos c inadecuados para la totalidad de sus alumnos.
Con el objeto de evitar esta marginación. el maestro, a pesar de las dificultades que le impone la estructura educativa, tiene en su mano diversas posibilidades de actuación:
—Observación diaria y en profundidad de todos los alumnos.
—Mantener una actitud positiva hacia todos los alumnos. Evitar la culpabilidad en el alumno retrasado, valorando su esfuerzo y su progreso y eludiendo las comparaciones con el resto de la clase.
—Atender a la totalidad de la persona, individualizando el trato con los alumnos y reforzando la relación maestro-alumno.
—Mantener una estrecha colaboración con el psicólogo, cuando lo haya, puesto que el trabajo de éste, para ser positivo en el marco de la escuela, debe quedar totalmente integrado en la actividad pedagógica del claustro. Ambos, maestro y psicólogo, unirán sus perspectivas, observando y analizando al niño y su dinámica en el interior del grupo-clase.

El papel de la familia
En el seno de la familia el niño realiza sus primeros y más importantes actos de conocimiento, de relación, de descubrimiento de sí mismo, de comunicación. Los primeros afectos, rechazos, estímulos, proceden del núcleo familiar.
La imagen que el niño tendrá de sí mismo comienza a formarse (más tarde se modificará o no en la escuela) al lado de padres, hermanos y abuelos. Los primeros contactos con el lenguaje (motor principal del conocimiento), así como con las costumbres y usos sociales, los realiza el niño desde su cuna, en su casa, en su barrio.
Según estadísticas del Ministerio de Educación, el 95 % del fracaso escolar tiene su origen en la falta de estímulo familiar. Un 60 % de los padres desconsideran a los maestros y a la escuela en el ámbito familiar. En muchos casos, influye también el bajo nivel sociocultural de la familia.
En el extremo opuesto, existen hogares donde se ejerce una presión tremenda sobre el niño. En la mayoría de casos, y por frustración del padre, se presiona al hijo para que obtenga la carrera o la ascensión social que aquél no pudo obtener. En casos extremos, cuando el niño constata que su nivel académico no corresponde a las exigencias familiares, éste puede llegar al suicidio, inducido, entre otras razones, por el pánico al castigo o al descrédito.
El papel que la familia puede desempeñar en la prevención y el tratamiento de las dificultades y del fracaso escolar es muy considerable. He aquí algunas sugerencias a este respecto:
—Estimular las actividades educativas del niño, valorando positivamente desde los primeros meses todo cuanto haga, tanto en casa como en la escuela.
—Mantener un constante contacto con el maestro y con el centro escolar, con el objeto de seguir de cerca las evoluciones del niño y poder unificar al máximo criterios y actitudes.
—Fomentar el conocimiento del entorno y la relación con el barrio de resistencia.
—Estimular en el niño la adquisición del lenguaje, así como el hábito de leer.
—Fomentar el gusto por la reflexión y el contraste de pareceres.
Existen, además, una serie de factores individuales a considerar en los casos de aparición eje dificultades: —Trastornos orgánicos o funcionales.
—Importancia de la edad dentro del grupo. Entre los más pequeños se observa un mayor número de retrasos que entre los nacidos a principios del año escolar.
—El lugar del niño en la familia (número y orden de hermanos). —Momento en que se inicia la escolaridad, asistencia o no a la guardería y al parvulario.
—Emigración (momento en que. dado el caso, se ha realizado el cambio de habitat).
—Ambiente cultural de la familia.

Las dificultades de aprendizaje
El fracaso viene motivado por factores de diverso orden. Por una parte, la escuela provoca, frecuentemente, un divorcio entre los intereses y las capacidades del alumno, que repercute de forma muy negativa en el aprendizaje. Por otra, a lo largo del desarrollo el niño puede manifestar déficits que originan dificultades en el aprendizaje.
A veces las dificultades son leves y, con las debidas atención y corrección en el momento de su detección y la repetición de algún curso, puede llegar a evitarse el fracaso escolar.
No hay duda de que las dificultades y el fracaso se producen día a día. pero también es cierto que se hacen palpables en los momentos claves de cambio: en el paso del Parvulario (si el niño lo ha cursado) a la E.G.B.; en el paso del Ciclo Medio al Superior; y, sobre todo, al inicio del B.U.P. y. especialmente, de la Formación Profesional, cajón de sastre, en un buen número de casos, de alumnos inadaptados al sistema escolar.
A menudo, la familia o el centro detecta el fracaso al final de la E.G.B., cuando el niño debe integrarse bien que mal al mundo adulto y laboral. Otros centros, en cambio, así como las familias más sensibilizadas, observan de cerca al niño e inciden en su reeducación desde el Parvulario, etapa en la que, normalmente, puede iniciarse con garantías la corrección. De esta manera, se logra evitar la etiquetación del niño y su sentimiento de culpabilidad e inseguridad, que le provocarían nuevas regresiones en su proceso evolutivo.
Cada niño nace con unas potencialidades y unas aptitudes innatas que ha heredado de sus padres y de toda la especie humana. Pero sus capacidades concretas, sus destrezas, su personalidad, no nacen con el sino que se irán desarrollando a medida que su organismo se relacione con su entorno, es decir, con su familia, su escuela, su barrio, su medio social.
Así, con la actividad que realice en estos ámbitos, irá formando sus capacidades, su aprendizaje y su conocimiento del mundo. Las causas de los problemas que pueda hallar en este largo aprendizaje habrá que buscarlas precisamente ahí: en su familia, en su escuela, en el sistema educativo de su sociedad, en el nivel económico y cultural de la clase social a la que pertenece.

Este tema plantea numerosos interrogantes: ¿A qué alumnos y a qué situación cabe referirse al hablar de fracaso escolar? ¿Qué niño fracasa? ¿El que no rinde lo que podría rendir, el que no sigue el ritmo de los demás, el que suspende, el que invierte letras al escribir, el conflictivo en clase, el marginado del resto de compañeros? En realidad, todos ellos fracasan en una u otra medida. Pero cada uno de estos aspectos requiere un análisis y un tratamiento distintos.
Todos los estamentos (la familia, la escuela, el propio alumno) tienden a delimitar el fracaso solamente con criterios de rendimiento académico, de aprobados, de repeticiones de curso. El concepto más aceptado y difundido es éste: presentan fracaso escolar los alumnos que, sin padecer anomalías importantes de carácter fisiológico, no pueden seguir con normalidad el ritmo de clase y van quedando rezagados en relación a los demás y a los programas.
Y lo cierto es que, visto únicamente desde esta perspectiva académica, el panorama educativo español es francamente desolador. España es uno de los países con mayor porcentaje de alumnos fracasados. Durante el curso 1981-82, por ejemplo, de cada cíen alumnos de E.G.B., nueve repitieron curso; de los alumnos de las nueve provincias de Castilla-León, sólo el 48 % obtuvo el título de Graduado Escolar en el año que le correspondía por la edad.
Los casos de abandono de la escolarización en E.G.B. y, sobre todo, en B.U.P. y F.P. son muy frecuentes. Se ha comprobado, por otra parte, que se produce un mayor fracaso escolar en los centros públicos que en los privados. El fracaso es también mayor en las escuelas grandes que en las pequeñas, entre los niños que entre las niñas y es superior en alumnos de nivel económico bajo en relación con los de nivel medio a alto. Hay más fracasos en las zonas rurales que en las urbanas y, dentro de las escuelas comarcales, entre los alumnos que se desplazan para asistir a la escuela que entre los que permanecen en su población.
Estos datos, apuntados a título indicativo, centran siempre su punto de mira en el aspecto académico del proceso escolar. En cambio, relegan otras facetas quizá más relevantes de la personalidad del alumno, como su capacidad de adaptación, su sentido crítico, su autonomía o su global maduración evolutiva.
Algún día habrá que empezar a considerar que el verdadero fracaso escolar, en el marco de una educación integral, sería finalizar la escolaridad sin haber adquirido un suficiente grado de madurez ante cualquier situación de la vida, al margen de las calificaciones de junio y septiembre.

Repetir curso
Para decidir el paso de un Ciclo a otro, la escuela y los padres deben tener en cuenta que el niño evolucionará simultáneamente en tres aspectos: el emocional (vivencias y sentimientos), el intelectual (elaboración de la realidad) y el de la relación con los demás (socialización).
Las repeticiones de curso, en esta nueva ordenación por Ciclos, están reglamentadas de la siguiente manera:
—Los alumnos que no hayan adquirido el nivel requerido para proseguir los aprendizajes del Ciclo siguiente pueden permanecer un año más en el Ciclo.
—En los Ciclos Inicial y Medio, es la propia Escuela quien decide y debe comunicar la decisión a la familia.
—En el Ciclo Superior, por el contrario, son los padres quienes, aconsejados por la Escuela, toman la decisión.
—Al final del Ciclo Superior, sólo puede haber un desfase de dos años respecto a la edad cronológica.
—Se entregará el título de Graduado Escolar a los alumnos que hayan superado el nivel del Ciclo Superior, y un Certificado de Escolaridad a aquellos que no lo hayan alcanzado.
—El título de Graduado Escolar capacita para acceder al B.U.P. (Bachillerato Unificado Polivalente).
—El Certificado de Escolaridad solamente da acceso a la Formación Profesional de Primer Grado (F.P.).
—Únicamente los alumnos con deficiencias graves pueden permanecer en la Escuela con más de dos años de desfase respecto a su edad cronológica. Con un documento que dé testimonio de su incapacidad, pueden permanecer en la Escuela hasta los 18 años.

El Ciclo es considerado como una unidad temporal más amplia que los cursos y posibilita una mayor flexibilidad en la agrupación de los alumnos.
La edad cronológica, que en principio sirve de base para la división en cursos, debe quedar, si es necesario, supeditada a la maduración global de cada niño, a su ritmo personal y a la evolución de su pensamiento lógico. Por ello se aconseja a veces romper la estructura lineal de las aulas y crear, esporádicamente, otros niveles de organización. Por ejemplo: grupos de trabajo con alumnos de cursos consecutivos que tengan dificultades comunes frente a algunos aprendizajes o que coincidan en un momento concreto de su maduración global.
El Ciclo posibilita también que los alumnos que progresan más lentamente puedan alcanzar los objetivos terminales del Ciclo, permaneciendo un año más en él sin que por ello se les considere «suspendidos» o «repetidores». Este matiz, sin embargo, depende mucho de la escuela.
Atendiendo al modo de operar con la realidad y al carácter de los aprendizajes básicos de cada Ciclo, se puede establecer el siguiente esquema:
Guardería y Parvulario:
Actividad manipulativa y motriz. Aprendizaje de la autonomía. Ciclo Inicial:
Acercamiento a la realidad por la intuición y la percepción. Dominio de las técnicas instrumentales: lectura, escritura, cálculo.
Ciclo Medio:
Contacto con la realidad mediante operaciones mentales concretas. Dominio de los sistemas operativos de comprensión de la realidad.
Ciclo Superior:
Acercamiento a la realidad a través del pensamiento abstracto. Dominio de los sistemas conceptuales y organización de los conocimientos adquiridos.

Importancia del Parvulario
Se dispone también que la programación de Educación Preescolar y Ciclo Inicial (en los centros en que aquélla exista) esté coordinada por el profesorado de ambos niveles. Y se establece que las escuelas elaboren programas especiales de adaptación para que los alumnos que no hayan recibido Educación Preescolar puedan seguir con aprovechamiento los contenidos del Ciclo Inicial.
Esta última disposición intenta paliar la discriminación a que están sujetos los niños por el hecho de no existir una enseñanza preescolar obligatoria. Cuando la Enseñanza General Básica abre las puertas de su Ciclo Inicial a la población infantil, ésta queda ya diferenciada entre los niños que han podido asistir al Parvulario y los que no han recibido los estímulos suministrados por una educación preescolar. Conviene recordar que los estímulos y valores que ofrece el Parvulario son los siguientes:
—Crear un conjunto de experiencias que pueda enriquecer el entorno natural del niño.
—Potenciar activamente el desarrollo físico y cognitivo, mediante el conocimiento y el dominio del cuerpo y mediante la psicomotri-cidad.
—Perfilar las bases del pensamiento: percepción, representación, primeras nociones de espacio, de tiempo, de causalidad.
—Lograr la adquisición de hábitos personales y de relación con el fin de potenciar el proceso de socialización.
—Desarrollar el lenguaje del niño.
—Suministrar al alumno las técnicas que más tarde precisará: bases para la lectura y escritura, números, relaciones, etc.

La Educación General Básica
La Educación General Básica (E.G.B.), período de escolaridad obligatoria que abarca de los 6 a los 14 años, estuvo en su origen (1970) dividida en dos etapas: Primera Etapa (6-11 años) y Segunda Etapa (11-14 años).
Después de varios cursos de funcionamiento y experiencia, se inició una profunda revisión de la estructura del sistema educativo. Era preciso adaptarlo a la evolución de la ciencia pedagógica y a la cambiante configuración del país.
De esta manera, en 1981 un Real Decreto estableció una nueva Ordenación de la Educación General Básica. Se pasó entonces de la estructura en etapas a una estructura en ciclos, y se explícito que con esta regulación se pretendía «garantizar a todos los niños españoles una base cultural homogénea, que puede ser ampliada y diversificada de acuerdo a las características propias de cada región o nacionalidad, en el ejercicio de las competencias que les confieren sus respectivos Estatutos de Autonomía».
En el artículo primero del Decreto queda definida la nueva ordenación:
CICLO INICIAL: Comprende los cursos 1.° y 2.° de E.G.B. CICLO MEDIO: Comprende los cursos 3.°, 4.° y 5.º de E.G.B. CICLO SUPERIOR: Comprende los cursos 6.°, 7.º y 8.° de E.G.B.
La superación de estos tres ciclos es condición indispensable para la obtención del título de Graduado Escolar.

Escuela nueva, escuela renovada, escuela activa, escuela participativa… He aquí unos calificativos que sirven para definir la transformación operada en la institución escolar. Pero, ¿de dónde procede esta transformación?
A finales del siglo XIX. surgió en Europa, como consecuencia de las investigaciones en el campo de la psicología infantil, asi como de la evolución ideológica de la burguesía, un movimiento de renovación pedagógica que originó unos métodos de enseñanza nuevos y opuestos a los tradicionales. Estos métodos, fundamentados en las teorías de Ferriére, Decroly, Freinet. Montessori, Dewey, etc., fueron llevados a la práctica ya en las primeras décadas del presente siglo. Algunos de estos pedagogos estimularon incluso la creación de escuelas en España (Decroly, Montessori). El movimiento, llamado Escuela nueva, estaba bajo el control del Bureau International des Écoles Nouvelles.
La nueva pedagogía, que considera la infancia como una etapa evolutiva en la vida del individuo, convierte al niño en el centro de la educación y potencia al máximo su autonomía, actividad e intereses. Así. el maestro deja de ser el único poseedor del saber y el simple transmisor de conocimientos. Valores que parecían inmutables son cuestionados y contrapuestos a otros:
—Al autoritarismo tradicional se contrapone la participación y la espontaneidad.
—Al protagonismo del maestro-adulto, el protagonismo del alumno-niño.
—A la transmisión verbal de conocimientos teóricos y abstractos, el descubrimiento activo.
—A la teoría, la experimentación. —Al sedentarismo. la actividad.
—A la uniformidad de la media, el derecho a la individualidad del alumno.
—A la imitación de arquetipos, la creatividad.
El objetivo de la enseñanza no consiste simplemente en instruir al niño y darle unos modelos de conducta, sino en desarrollar al máximo todas sus aptitudes y capacidades, en fomentar su interés por el mundo que le rodea, en infundirle autonomía, responsabilidad y sentido crítico.
En España, la renovación pedagógica se realizó sin un proceso de reflexión ¡o bastante profundo y supuso, por ello, que considerara negativos algunos valores de la pedagogía tradicional que seguían siendo válidos. En este sentido, las distancias entre los dos tipos de escuela se van acortando actualmente, de modo que el espíritu de la Escuela nueva está presente en cierta medida en centros de enseñanza que difícilmente pueden ser calificados de activos o partici-pativos.