Fracaso escolar

Escrito por at 17:10 en El aprendizaje y sus dificultades

Este tema plantea numerosos interrogantes: ¿A qué alumnos y a qué situación cabe referirse al hablar de fracaso escolar? ¿Qué niño fracasa? ¿El que no rinde lo que podría rendir, el que no sigue el ritmo de los demás, el que suspende, el que invierte letras al escribir, el conflictivo en clase, el marginado del resto de compañeros? En realidad, todos ellos fracasan en una u otra medida. Pero cada uno de estos aspectos requiere un análisis y un tratamiento distintos.
Todos los estamentos (la familia, la escuela, el propio alumno) tienden a delimitar el fracaso solamente con criterios de rendimiento académico, de aprobados, de repeticiones de curso. El concepto más aceptado y difundido es éste: presentan fracaso escolar los alumnos que, sin padecer anomalías importantes de carácter fisiológico, no pueden seguir con normalidad el ritmo de clase y van quedando rezagados en relación a los demás y a los programas.
Y lo cierto es que, visto únicamente desde esta perspectiva académica, el panorama educativo español es francamente desolador. España es uno de los países con mayor porcentaje de alumnos fracasados. Durante el curso 1981-82, por ejemplo, de cada cíen alumnos de E.G.B., nueve repitieron curso; de los alumnos de las nueve provincias de Castilla-León, sólo el 48 % obtuvo el título de Graduado Escolar en el año que le correspondía por la edad.
Los casos de abandono de la escolarización en E.G.B. y, sobre todo, en B.U.P. y F.P. son muy frecuentes. Se ha comprobado, por otra parte, que se produce un mayor fracaso escolar en los centros públicos que en los privados. El fracaso es también mayor en las escuelas grandes que en las pequeñas, entre los niños que entre las niñas y es superior en alumnos de nivel económico bajo en relación con los de nivel medio a alto. Hay más fracasos en las zonas rurales que en las urbanas y, dentro de las escuelas comarcales, entre los alumnos que se desplazan para asistir a la escuela que entre los que permanecen en su población.
Estos datos, apuntados a título indicativo, centran siempre su punto de mira en el aspecto académico del proceso escolar. En cambio, relegan otras facetas quizá más relevantes de la personalidad del alumno, como su capacidad de adaptación, su sentido crítico, su autonomía o su global maduración evolutiva.
Algún día habrá que empezar a considerar que el verdadero fracaso escolar, en el marco de una educación integral, sería finalizar la escolaridad sin haber adquirido un suficiente grado de madurez ante cualquier situación de la vida, al margen de las calificaciones de junio y septiembre.

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