Archive for Febrero, 2010

Juguetes

Escrito por admin en Los juguetes

LOS JUGUETES
En el momento de adquirir juguetes para los hijos, los padres deben tener en cuenta que lo primordial es el juego y que aquellos son simplemente medios auxiliares. En otras palabras, los niños no dejan de jugar aunque no dispongan de juguetes, de manera que éstos cumplen tan sólo una función que facilita el juego, pero no son el juego en sí.
Definido de la forma más amplia posible, un juguete es cualquier objeto con el que el niño puede jugar. Los juguetes más simples son a veces los más válidos, pese a que a los adultos les parezca lo contrario. La influencia de la publicidad es en este sentido tan fuerte que se ha llegado a la convicción de que los juguetes mecanizados son los más aptos, los que más gustan y divierten a los niños. Pero nada más falso.
La capacidad del niño para inventar juegos con los juguetes más sencillos e incluso con los materiales más inverosímiles no tiene límite. De modo que lo importante, en el momento de comprar un juguete, no es su sofisticación, sino el hecho de que contribuya a despertar la imaginación y a desarrollar la capacidad simbólica del niño. Si éste es capaz de obtener diversión de una manera activa, será creativo y esto le ayudará en gran manera a resolver sus problemas cotidianos. Si. por el contrario, se acostumbra a jugar tan sólo con juguetes mecanizados en los que su grado de participación es escaso, lo más probable es que cuando llegue a la adolescencia necesite que le sigan divirtiendo y que su creatividad se halle muy inhibida.
Los padres tienen que aprender a comprar juguetes, desconfiando de la presión comercial de la publicidad. En primer lugar, deben adquirir juguetes que se adapten a la edad de su hijo, que estén en adecuada relación con su nivel de desarrollo evolutivo. Y. acto seguido, han de valorar si el juguete le gustará o no al niño, pues éste, como cada persona, tiene sus preferencias.

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Jugar con niños

Escrito por admin en La familia y educacion

JUGAR CON EL NIÑO
El mejor juguete del bebé, se ha dicho y con razón, es la madre. Todo es juego en esta relación simbiótica de los primeros meses de la vida. Mirar, tocar, hablar, cantar… Todos los procedimientos que una madre utiliza con el objeto de hacer durar algo que es interesante para el bebé son juego.
Pero el bebé crece. Ya es un niño que gatea y que empieza a balbucear las primeras palabras. ¿Tiene que jugar solo o acompañado? En una primera etapa, que se prolonga hasta los dos años, el niño no tiene aún capacidad para jugar con los otros. El juego es, por tanto, solitario. Es inútil en este momento empeñarse en que se compartan los juguetes, y mucho más tratar de organizar juegos entre dos o más niños.
En una etapa subsiguiente, el juego se hace paralelo. Al niño le gusta entonces estar con otros niños, pero jugando individualmente con sus cosas. Una variante de este jugar en paralelo es el juego asociativo. En esta modalidad, los niños gustan de hacer todos la misma
actividad —por ejemplo, jugar con la arena—, pero sin que se produzca intercambio entre ellos.
A partir de los 3 años, dan comienzo los juegos de cooperación. Entonces ya es posible intercambiar juguetes y compartir en suma el tiempo del ocio, pero teniendo en cuenta que el jugar colectivamente es un hito que el niño alcanza poco a poco. De ahí que una regla a tener en cuenta por los adultos sea la de invitar a un solo compañero a que comparta el juego con el pequeño.
Otra cosa muy distinta es que los padres jueguen con sus hijos. Esto es posible y necesario desde los primeros meses de vida, aunque a muchos padres les cueste abandonar su esfera adulta para rebajarse al nivel del juego infantil. Sea como fuere, hay que aprender a jugar con un niño, a idear juegos espontáneos, a contar historias fantásticas, etc. Los niños aprenden jugando, ciertamente, pero no es menos cierto que también los adultos pueden aprender tanto como ellos.

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Juegos para niños

Escrito por admin en La familia y educacion

Juegos con reglas
Jugar adquiere progresivamente con la edad mayor riqueza. El simbolismo Indico, presente durante la mayor parte de la infancia en mayor o menor grado. va abriendo paso paulatinamente a los juegos con reglas, cuya complejidad crece con el paso del tiempo y la mayor apertura hacia los demás. Éstos empiezan a manifestarse en torno a los siete u ocho años de edad y persisten hasta los once u doce. En la adolescencia, los juegos con reglas dan lugar a la práctica de los deportes y de otras actividades cada vez más socializadas.

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Juegos simbolicos

Escrito por admin en La Infancia

Juegos simbólicos
Hacia los dos años, se inicia una nueva forma de juego que se caracteriza por su simbolismo. La fantasía del niño atribuye entonces a los objetos los más diversos significados imaginarios. Un trozo de madera puede ser una pistola; una escoba se convierte fácilmente en un caballo. El niño, mediante estas fantasías, imita los trabajos del adulto y esta actividad imaginaria favorece el proceso general de socialización, necesario para su integración en la sociedad.
Esta posibilidad de utilizar símbolos de otros objetos o de otras personas es de suma importancia. Los psicólogos y pedagogos han puesto de relieve que el niño, mediante estas formas del juego simbólico, está pasando de la acción a la representación, de lo que en un principio era pura actividad sensorio-motriz, y por tanto experiencia concreta, a unas formas ideacionales en las que se articula la imaginación y el pensamiento abstracto. Para Piaget en particular, esta etapa del juego simbólico, que perdura hasta los siete u ocho años, es la que hace posible la adquisición del lenguaje y su pleno dominio.
Desde el punto de vista psicoanalítico, el juego simbólico sirve para proyectar los diferentes aspectos de la estructura psíquica infantil. Los deseos instintivos, la forma como son vehiculizados por el yo, los rudimentos de una conciencia moral que aprueba o castiga, los distintos estratos, en fin, de la personalidad infantil se vuelcan en el simbolismo del juego y son elaborados en virtud precisamente de los símbolos lúdicos.

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Juegos de ejercicio

Escrito por admin en La Infancia

Juegos de ejercicio simple
La primera categoría de juegos se extiende principalmente a lo largo de los dos primeros años de vida. El ejercicio lúdico es. al propio tiempo, ejercicio sensorio-motor en esta época evolutiva. Esto quiere decir que los juegos que el bebé o el niño de pocos años pone en práctica están en relación, en primer lugar, consigo mismo, con el descubrimiento de las posibilidades del propio cuerpo.
En esta etapa, el juego es más que nunca aprendizaje. Desde el punto de vista adulto, conviene aportar, como se indica más abajo.
los juguetes adecuados para la realización de este aprendizaje, pero procurando no interferirse en este proceso. Proporcionar, por ejemplo, «soluciones» a las dificultades de manipulación del niño pequeño es olvidar que el juego infantil es una actividad automotivada, y que el aprendizaje consiste, precisamente, en que el niño encuentre por sí mismo la solución de las dificultades que el juego le plantea.
De este período es importante destacar el juego del escondite, que empieza a ponerse en práctica alrededor del cuarto mes de vida. Si la madre entonces se tapa la cara frente al bebé, éste reacciona con expresiones de alegría cuando aquélla reaparece. Este juego tan simple marca el inicio del juego activo que se irá desarrollando en meses sucesivos. Y es importante —como lo es el agarrar o el chupar objetos— porque supone el comienzo de las nociones elementales del antes y del después y del delante y del detrás, así como el inicio de la capacidad de espera.
Exceptuando el acto de nutrirse o los momentos de miedo o rabia, según Piaget «todo es juego durante los primeros meses de existencia». El impulso a la actividad es tan poderoso, que un niño de pocos años en realidad está jugando prácticamente todo el día.

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El juego

Escrito por admin en La Infancia

La función del juego
El juego ha sido definido como una actividad placentera, opuesta al trabajo, y que tiene su fin en sí misma. Su condición es universal, existe en todas las culturas y es. incluso, una actividad que desarrollan los animales superiores.
Durante la infancia, el juego tiene una importancia fundamental. Menospreciado antaño, ha sido rehabilitado por la psicología contemporánea y por la escuela activa, de la que constituye uno de sus componentes principales. Para el pedagogo suizo E. Claparéde, jugar es una «actividad que permite al niño realizar su yo. cuando no puede hacerlo mediante una actividad seria».
Esta idea de la realización de la personalidad infantil a través del juego es de la máxima importancia, ya que pone de relieve la doble función existente en toda actividad lúdica: así, el juego, de un lado, permite la adaptación del niño a la realidad y, por tanto, supone un medio de satisfacción de necesidades inmediatas, y, de otro, es aprendizaje de conductas que le han de abrir paso, evolutivamente, hasta llegar a la condición de ser adulto.
Pero la función del juego no termina únicamente aquí. Como han puesto de relieve Freud y el psicoanálisis, jugar es una actividad que produce placer y que permite dominar la ansiedad. Con el impulso a repetir el mismo juego, un niño elabora los distintos episodios displacenteros que jalonan su evolución y obtiene una salida para sus inevitables frustraciones.
De acuerdo con las distintas etapas del desarrollo infantil, Jean Piaget. uno de los grandes psicólogos de nuestro tiempo, ha clasificado el juego infantil en tres grandes categorías: los juegos de ejercicio simple, los juegos simbólicos y finalmente los juegos con reglas.

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Tiempo libre

Escrito por admin en La Infancia

EL TIEMPO LIBRE
La distinción entre un tiempo laboral o escolar, regulado por un horario estricto, y un tiempo libre, contrapuesto a las obligaciones que imponen el trabajo o los estudios, es una conquista de la civilización. La diferenciación entre estas dos formas de vivir el tiempo carece de sentido durante la edad preescolar, pero desde el momento en que el niño ingresa en la escuela, la ocupación del ocio se presenta ante los padres como una cuestión primordial a la que tienen que aportar soluciones.
El tiempo libre varía por lo tanto según sea la edad del individuo. De idéntica manera varían las formas de ocupación de este tiempo libre. Un adolescente necesita diversión para encontrar una vía de escape a problemas que le agobian. Un niño de seis años tiene necesidad de jugar durante sus ratos de ocio a fin de contrapesar las actividades reglamentadas que le imponen en la escuela.
En cualquier caso, el ocio es un tiempo de encuentro con uno mismo, pues permite satisfacer deseos e intereses propios. Es un tiempo igualmente enriquecedor, ya que deja espacio a la formación personal mediante el registro de nuevas experiencias, a través de una actividad específica o de la relación con los demás. Es. finalmente, un tiempo de descanso, que posibilita la relajación física e intelectual
imprescindible para el niño.
En este apartado se tratarán distintas formas de ocupación del tiempo libre. En primer lugar, la del juego, en tanto que actividad primordial del ocio infantil. Los juguetes, medios auxiliares del juego, y actividades tan características del niño como son la lectura, el ver la televisión y los deportes serán tratados a continuación, para concluir con el tema de las amistades, capítulo imprescindible en cualquier consideración acerca del ocio.

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Valores eticos

Escrito por admin en La familia y educacion

Los valores éticos
¿Qué valores éticos deben potenciarse en el seno de la familia? Es fundamental, desde luego, la creación de hábitos de raciocinio, de orden, de trabajo, de higiene. Y no lo es menos el fomentar la adquisición de los valores éticos reconocidos en una sociedad democrática, que posibilitarán la integración activa del hijo en la misma, de un modo no forzado, sin producirse elementos de choque. Estos valores fundamentales pueden resumirse así:
—La tolerancia, la actitud de diálogo, el respeto a las ideas de los demás.
—La cooperación, que conducirá al niño cuando sea adulto a intercambiar lo que pueda ofrecer de sí mismo con lo que reciba de los demás, y que le hará reaccionar solidariamente ante las injusticias y los sufrimientos ajenos.
—El esfuerzo, el gusto por lo bien hecho.
—La responsabilidad y la sinceridad.
—El espíritu crítico ante la realidad, motor de una actitud creativa y constructiva.
—La alegría de vivir, la ilusión, el interés por el mundo que le rodea, la lucha contra la apatía y el inmovilismo.
La escuela, por su parte, debe fomentar también estos valores. De nuevo aparece aquí la colaboración familia-escuela como imprescindible para una equilibrada educación de los hijos. Padres y educadores deben seguir una misma línea coherente. Para ello es necesario que los padres elijan una escuela con la que compartan objetivos y procedimientos, con la que puedan establecer, en fin, un diálogo cómodo y enriquecedor que les permita un exacto seguimiento de la evolución de su hijo.

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Sobre la familia

Escrito por admin en La familia y educacion

Autoridad y afecto
La gran aportación de estos últimos decenios ha sido la liberación de la mujer y su inserción en el mundo del trabajo, que han modificado la función del padre y de la madre en el seno de la familia. Así, la autoridad y el afecto ya no son exclusivos ni del uno ni del otro. La autoridad, que debería entenderse sólo como indicadora de límites referenciales que ayuden al hijo en la evolución de su libertad y la adquisición de su autonomía, proviene actualmente del padre y de la madre. Y. asimismo, el afecto es ofrecido por ambos.
Este trasvase de funciones es impulsado por las distintas responsabilidades que el hombre y la mujer tienen en la sociedad actual. El trabajo de la mujer fuera de casa conlleva el compartir a menudo, entre los dos miembros de la pareja, las tareas y responsabilidades del hogar. Cuando el padre juega con el hijo, le da el biberón o le baña establece con él una relación más afectiva que autoritaria. Por otra parte, el trabajo de la madre le confiere una autonomía y una autoridad que antes no tenía.
A veces, los padres se ven obligados, por falta de otros recursos, a utilizar castigos y premios. El castigo es utilizado para corregir al niño sus conductas negativas. En muchas ocasiones, sin embargo, es impuesto como represalia, como muestra de la impotencia del adulto frente al comportamiento del niño. En este caso, el castigo genera, sin duda, culpabilidad y agresividad.
Da mejores resultados, y no daña la relación con los hijos, la actitud de escuchar al niño, dialogar y razonar con él, estimular la superación de sus fallas, concederle un margen de confianza, conseguir mediante el afecto un progresivo cambio en su conducta. En todo caso, si se impone una sanción, ésta debe ser coherente con la falta, ha de tener un sentido que el niño comprenda y debe evitarse siempre el resentimiento.
Los premios, pensados en principio para estimular al niño, pierden con frecuencia este carácter de estímulo y se convierten para él en el único objetivo a conseguir. El interés se centra entonces en el premio como fin y no en la actividad misma.

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La familia

Escrito por admin en La familia y educacion

La evolución de la familia
La historia de la humanidad ha establecido en todas las civilizaciones unas pautas de relación entre padres e hijos, que han ido evolucionando con los cambios estructurales que se suceden en cada cultura. Los vínculos familiares han sido considerados, desde hace siglos, como la base para un buen orden político-social. Y estos vínculos han tenido un esquema propio en las modernas sociedades: la jerarquía familiar, con la incuestionada autoridad del cabeza de familia, el padre.
Actualmente se habla de una crisis de valores, de una crisis de la institución familiar. ¿Es eso cierto? ¿Qué ha sucedido realmente? Los cambios económico-sociales originados por la urbanización y la industrialización —junto con la evolución de la ciencia y de la moral— han generado nuevas formas de vida que han alterado tanto las relaciones en el seno de la familia como el rol de ésta en la sociedad. Hoy en día se está a años-luz de aquella comunidad patriarcal y rural, que fue modelo arquetípico durante siglos. Y, sin embargo, parece cierto que no se ha encontrado alternativa alguna al papel desempeñado por la familia; de ahí que no pueda sustituirse de ningún modo la labor del padre o de la madre.

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