Archive for Abril, 2010

Corralitos

Escrito por admin en La familia y educacion

Mis dos hijos mayores se llevan 14 meses, y muchas veces he dejado en el corralito al mayor, mientras atendía al pequeño. No tenía más remedio, igual que cuando trajinaba en la cocina. Existen algunos modelos con ruedas que se trasladan fácilmente de una habitación a otra. El mío ni siquiera entraba en la cocina; se atascaba en la puerta. Pero aún así mi hijo mayor se quedaba tan contento pudiendo asomar la cabeza al lugar donde estaba yo. Le alcanzaba cucharas de madera, tapaderas para hacer ruido o botes de plástico. Mientras daba la comida al pequeño, sentado en su trona. o preparaba la papilla para lo dos, hablaba o cantaba a ambos. Sin un poco de imaginación, una madre está totalmente perdida. Los sistemas rígidos no funcionan nunca. Aunque sean sistemas amplios no dejan de ser sistemas. El mobiliario de la casa es precioso, los niños son preciosos, la madre es preciosa: el equilibrio consiste en reconocer prioridades y obrar tal como las necesidades de cada momento lo requieran.

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Corralitos bebes

Escrito por admin en La familia y educacion

En algunas circunstancias, el corralito no es tan malo como estos educadores lo pintan. Hemos hablado de acondicionar la casa quitando de enmedio todas las fuentes de peligro para los niños. En la cocina esto no es posible. Me parece mucho más humano que la madre que está preparando la comida tenga al niño a su lado en el corral, en vez de al otro lado del pasillo en un cuarto de niños más amplio y estupendamente acondicionado.

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El corralito

Escrito por admin en La familia y educacion

Algunos educadores, conscientes de que el corralito limita el afán de descubrir cosas y moverse, recomiendan darle al niño esta libertad de movimientos acondicionando una habitación entera para él y poner luego una reja en la puerta. A mí me parece que con ello se quedan a mitad de camino. Sólo amplían un poco los límites de la cárcel. Los niños, entre excursión y excursión a lo desconocido, siempre vuelven a buscar la presencia de la madre, y sería una crueldad poner una reja entre medias.

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Hogar

Sé por propia experiencia cuánto dolor causa a una persona con un mínimo sentido de la estética tener que prescindir de todas esas pequeñas cosas que hacen agradable el hogar. Pero un niño es un niño. Si no queremos reprimir constantemente su afán de investigación ni estar todo el día en danza para salvar lo que para nosotros representa un valor, tenemos que simplificar la casa al máximo. (Más tarde hablaremos sobre el acondicionamiento de la casa para niños mayores). El sofá se cubrirá con una manta, si es necesario, incluso con una sábana; la mesa baja de esquinas agudas desaparecerá o se cubrirá con un tapete grueso: las cerámicas se guardarán…
También los padres se beneficiarán con esta decisión por la extrema sencillez. Ningún objeto de valor —real o sentimental— se romperá; pueden leer tranquilamente el periódico o dedicarse a sus tareas mientras su hijo gatea por toda la casa. No le pasará nada, ni a él ni a los muebles debidamente protegidos. No tienen por qué ponerse nerviosos ni levantarse para regañar y prohibir. Su hijo está contento de poder hacer lo que quiere, y el ambiente relajado y libre hace que les moleste y lloriquee mucho menos. Y cuando reclame su atención por una necesidad real, los padres, después de haberse podido dedicar durante un buen rato a sus cosas, están más dispuestos a darle lo que necesite.

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Padres

La segunda clase de padres —quizá profesionales de la educación o más avispados por el ejemplo de amigos— decide desde el principio amueblar lo más sencillo posible: lo más necesario de armarios y por lo demás mucha goma espuma, moqueta y cojines. Si el bebe lo estropea, no se ha perdido mucho; más tarde, cuando el niño vaya al colegio —y la madre vuelva a ganar dinero— aún estarán a tiempo para comprar los muebles definitivos y decorar la casa a su gusto.

La tercera clase —esperemos que la mayoría, porque a pesar de haberse equivocado al principio, no ha sido por maldad sino por ignorancia— constata después de uno o dos años que su vivienda no es la más adecuada para albergar niños. Esto puede ser una experiencia amarga, tanto más cuanto menos ingresos económicos tenga la pareja en cuestión. Seguramente han ido ahorrando durante mucho tiempo para pagar ese sofá color crema que pronto empieza a acusar manchas sopechosas que no se quitan con ninguna de las espumas anunciadas, y esa mesa baja de cristal cuyas esquinas agudas están justo a la altura de un bebé gateante.

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Educacion infantil

Escrito por admin en La familia y educacion

La cuestión de la vivienda juega un papel importantísimo en la educación de un niño. La mera existencia de determinados objetos lleva a los padres a emplear medidas represivas, aun en contra de su voluntad.
El estilo de vivir, la manera de amueblar la vivienda, nos dice mucho acerca de las cualidades como padres de la pareja. Podríamos distinguir entre tres tipos: Los primeros —posiblemente más extendidos de lo que parece— no se casan hasta que tengan todo «bien puesto». Su orgullo es mostrar a los amigos y familiares un pisito «mono», decorado con gusto y en el que no falta nada. La llegada de un niño estropea inmediatamente el esquema. Empieza a oler a pañales y todo deja de estar tan ordenado como antes. Al principio, esto todavía se puede camuflar, pero cuando el bebé empieza gatear y andar, necesariamente aparecen las represiones. Comienzan las prohibiciones, los cachetes, el constante «no». El tener que estar «siempre encima» pone nerviosos tanto a la madre como al niño.

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Accidentes infantiles

En cuanto a la seguridad física del pequeño todos los padres estarán de acuerdo en que se deben tomar todas las precauciones necesarias para evitar accidentes, pues es evidente que no se puede vigilar al niño las veinticuatro horas del día. Pero un bebé en edad de gatear no sólo se pone en peligro a sí mismo, sino a todos los objetos que para los padres representan algún valor. Y ahí es donde empieza a peligrar el bienestar psíquico del niño.

Una madre que nueve veces dice pacientemente a su hijo que no debe coger el florero de cerámica, sin que el pequeño alborotador le haga el menor caso, la décima explotará y le dará un cachete en la mano, por mucho que antes se haya jurado que nunca (¡nunca!) pegaría a su hijo. Para defender su propiedad terminará por agredir al niño.

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Corralitos bebes

Escrito por admin en La familia y educacion

El corralito y los muebles
A medida que el niño vaya creciendo, tratará de ampliar cada vez más su horizonte. Su deseo de comunicación le hace seguir a la madre o a la persona que le cuida a todas las partes de la casa, y su espíritu de investigación le lleva a tocar y desarmar todo lo que hay dentro de ella. Cuando el bebé empieza a gatear, a los padres les llega su hora de la verdad, en la que tienen que demostrar dónde está su corazón, en los muebles o en su hijo.

Si dan preferencia al mobiliario, encerrarán al niño en un corralito, le darán unos cuantos juguetes y asunto concluido. Si aman más a su hijo, tendrán que prepararse para una serie de cambios. Lo primero que tienen que hacer es poner la casa a prueba de niños en lo que se refiere a su seguridad:
—cubrir todos los enchufes eléctricos con una tapa de seguridad, para que no pueda hurgar en ellos (a los niños les encanta meter cosas en los agujeros);
—quitar todos los cables sueltos, cortinajes largos, manteles (se pueden enredar, ahogar, tirarse encima toda la galería de las cortinas o la cafetera caliente que hay encima de la mesa);
—guardar bajo llave medicamentos, detergentes, bebidas alcohólicas, tabaco, cerillas, etc. (algunos niños se beben también el agua de los floreros, que puede resultar igualmente peligrosa);
—levantar una malla de tela de alambre en balcones, terrazas y ventanas (los niños aprenden a trepar antes de lo que se piensa);
—en caso de que el niño tenga acceso a la calle o a una escalera, poner algún tipo de barrera;
—no dejarle entrar sin vigilancia en la cocina; aquí acechan tantos peligros que es imposible eliminarlos todos.

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