
La embarazada debería estar siempre en buenas manos
Lamentablemente, no todas las las embarazadas tienen la oportunidad de estar en las mejores manos en todo momento. Es deuda aún poder brindar un servicio uniforme a todas las futuras mamas. Hay distintas calidades de formación profesional, distintas clases de instituciones -con presupuestos muy disímiles- y distintos grados de concientización de la embarazada a la hora de elegir y exigir.
Idealmente, debería comenzar sus controles apenas presente la primera falta. El seguimiento del embarazo será mensual hasta el octavo mes y luego quincenal o semanal, según corresponda. Muchos obstetras prefieren visitas cada 5 a 7 días en el último mes del embarazo. Por suerte, la mayoría de las gestantes, hoy en día, realizan el control médico prenatal, aunque muchas lo hacen tardíamente y con una frecuencia menor a la deseada, en especial, en las áreas rurales y los sectores más desfavorecidos de nuestra sociedad.

Es un experto en relaciones públicas
El bebé suele ser ahora muy generoso con sus sonrisas. Cualquier cara amistosa que se le acerque o unas palabras cariñosas pronunciadas delante de su rostro siempre serán recompensadas. Cuando son pequeños, cualquier persona consigue hacerlos sonreír si se lo propone. Sólo debe elevar un poco el tono de la voz, abrir los ojos de par en par, imitar la mímica del bebé y mantener una distancia de unos 30 centímetros entre los rostros.
Alrededor de los cuatro o cinco meses, esas sonrisas que le iluminan la cara se convierten en unas risitas cada vez más sonoras. En especial cuando le hacemos cosquillas con nuestro pelo, los dedos o le damos un besito… No obstante, a esta edad el pequeño es mucho más cauto y un extraño tardará bastante más en arrancarle una sonrisa que las personas de su entorno inmediato. El bebé se tomará su tiempo para recorrer con la mirada las facciones de su interlocutor y asegurarse de sus buenas intenciones. Si se trata de alguien que conoce bien, puede que le baste oír su voz para sonreír.
Hacia los ocho o nueve meses desarrollan otra faceta: el sentido de humor. Se ríen de situaciones cómicas, sobre todo cuando algo nos ha salido mal. Un líquido que se derrama les causa muchísima gracia, al igual que las monerías que hacen sus hermanos mayores.

Es muy probable que la parálisis facial de tu hijo sea de origen traumático, aunque el parto se haya desarrollado sin complicaciones. Este tipo de parálisis faciales suele aparecer con frecuencia cuando el bebé ha tenido que nacer con fórceps, pero se produce también si su cara ha estado comprimida o bien sobre el promontorio sacro de la madre o bien contra su propio hombro, lo que sucede a menudo cuando el chico es, como tu hijo, muy grande.
Las parálisis traumáticas desaparecen en pocas semanas sin tratamiento. Sólo debes cuidar ese ojito que no puede cerrar, tal como indicó el especialista, y no olvidarte de instilar en él las gotas (son lágrimas artificiales), para evitar que se produzcan úlceras en la córnea. Verás qué pronto se recupera.

Los prematuros tienen buenas perspectivas
La gran mayoría de los be-bes que llegan al mundo pesando más de un kilo, tienen en la Argentina buenas posiblili-dades de salir airosos del difícil trance de nacer prematuros. Aun los que llegan más peque-ñitos, con sólo 500 ó 700 g, enfrentan condiciones mucho más favorables en el momento actual. Por supuesto, que para poder hablar en estos términos damos por sentado que las mamas se atienden en centros de alta complejidad neonatal. Estos abundan en las grandes ciudades, pero son menos frecuentes en los lugares apartados. Toda mamá que esté en peligro de tener un parto prematuro debería trasladarse o ser trasladada a una institución apta para tratar bebés de bajo peso. En casa, o en la sala de primeros auxilios del barrio, poco o nada podrá hacerse. El parto prematuro, frecuente en las regiones más pobres, así como en las zonas aftas (por ejemplo, en el Altiplano), ocurre en nuestro país con una frecuencia similar a la del resto del mundo: del 5 al 9 por ciento, según distintos autores. Todo esfuerzo que se haga para posponer un nacimiento vale. No hay mejor incubadora que la panza de la mamá. Para eso, es imprescindible la toma de conciencia del riesgo que significa dar a luz antes de tiempo. La colaboración de la embarazada, cumpliendo lo mejor que pueda con las indicaciones médicas, tiene un valor incalculable. Su hijo se lo agradecerá siempre. Un adecuado control prenatal que permita detectar y tratar a tiempo complicaciones médicas del embarazo, como por ejemplo la malnutrición o las infecciones urinarias, es la llave grande que ayuda a mantener cerrada la puerta del parto prematuro.
La semana clave es la 34. A partir de ese momento, maduración de la función respiratoria se ha completado y las posibiiidades de sobrevida son casi similares a las de un bebé de término.
Si el parto amenaza presentarse antes de esa fecha, y luego de las 26 a 28 semanas, está indicada la terapéutica con cor-ticoides a fin de acelerar el proceso de maduración pulmonar. A esa altura del embarazo, y en las dosis que se emplean, los corticoides no afectan negativamente al bebé, aunque sea de sexo femenino. Por debajo de las 25 ó 26 semanas, el problema de la pre-maturez entra en un campo gris. Haya bebés muy pequeños que sobreviven sin dificultades. Un caso extremo reportado fuera del país es el de un prematuros de sólo 21 semanas. Pero no es menos cierto que frente a un recién nacido de menos de medio kilo de peso el pronóstico es siempre “reservado”.
Las unidades más complejas de terapia intensiva neonatal disponen de toda una gama de equipos electromecánicos y electrónicos que permiten monitorízar de manera automática a los bebés de alto riesgo, modificando de inmediato los aportes de calor, oxígeno, sustancias hidratantes, sodio, potasio, etcétera, de acuerdo con
los requerimientos que ellos presenten. La tecnología ha depurado los distintos procedimientos, que son cada vez menos traumáticos para el bebé. Florencio Escardó, el más querido de todos los maestros de la pediatría argentina, hace ya muchos años, provocó un vuelco drástico en la calidad de atención médica del niño hospitalizado, favoreciendo la internación conjunta con la madre. La presencia de la mamá y el papá es de vital importancia en la evolución del recién nacido de bajo peso. Aunque parezca que no los conoce, el bebé aprende rápidamente a identificar el lazo protector de sus padres, quienes deben estar junto a él todo el tiempo que les sea posible y permitido. La idea de Escardó se ha trasladado a edades gestacionales, 27 ó 28 semanas, seguramente impensadas por el inolvidable profesor.

Los cuidados que requiere el ombligo
El cordón umbilical alimenta al feto durante el período uterino. Una vez que el bebé nace, aún seguirá latiendo unos minutos para suministrarle un suplemento de sangre y oxígeno que lo mantendrá hasta que respire por sí mismo. Cuando el cordón deja de latir, se corta y se liga con una pinza. Sin humedad. El cordón debe mantenerse limpio y seco hasta que se caiga. Por eso se recomienda lavar al recién nacido con una esponja, sin meterlo en el agua. Al cambiarle los pañales, los padres deben limpiar la base del cordón (la zona donde se junta con la piel) con una gasa humedecida en alcohol, y exponerlo un momento al aire. Conviene doblar el pañal por debajo del ombligo para evitar que se moje de pis. Consultar al pediatra. Si la base del cordón se vuelve roja, tiene pus y el bebé llora cuando lo tocan con la mano,
puede ser que haya infección y el pequeño necesite un tratamiento. En ese caso, es preciso llevarlo a la consulta con su médico.

Un compromiso de ambas partes
Lamentablemente, aún hoy, en algunas instituciones sigue teniendo vigencia el reto y el desinterés por el aspecto emocional. Sobrecargados de trabajo, a veces en condiciones inseguras y limitadas para el correcto ejercicio profesional, los responsables de la atención del parto suelen adoptar actitudes de “trámite burocrático”. Pero en la medida en que la embarazada participa con su presencia, a lo largo de los nueve meses, en la atención prenatal y va conociendo de a poco a los distintos integrantes del servicio hospitalario o social en el que habrá de atender su parto, insensiblemente se estrecha la relación. Es así que las mismas personas pueden demostrar actitudes diferentes hacia las distintas parturientas: aquellas que nunca se controlaron y llegan sólo para dar a luz y las que ya son “viejas conocidas de la casa”. Esto es claro: el compromiso también debe surgir por parte de la embarazada y no depositar sólo en los profesionales y enfermeras la responsabilidad de la atención del parto.
Felizmente, los casos negativos son cada vez menos frecuentes. Inclusive en lugares apartados y carencia-dos se puede comprobar que la humanización de la atención del parto es una realidad. Haciendo esfuerzos gigantescos hemos podido comprobar el compromiso afectivo de quienes atienden a las embarazadas en regiones apartadas del interior de nuestro país. En suma: la mayoría de los que se dedican a la atención del parto tienen conciencia de que todo es más fácil con una sonrisa y un poco de cariño. La participación de la embarazada y su marido a lo largo de la gestación es imprescindible para cerrar el círculo afectivo.

La humanización de la atención obstétrica
La queja que más frecuentemente escuchamos los obstetras, de parte de las embarazadas que deciden cambiar de profesional, en relación a sus partos previos, es la falta de afecto por parte de quienes las atendieron en esa oportunidad. Nada se recuerda con más desagrado que la rudeza en el trato o la falta de compromiso afectivo. Es lógico que así sea, ya que se trata de uno de los acontecimientos más emotivos que pueda recordar una mujer en su vida.
La tecnología ha logrado reducir la mortalidad materna e infantil, pero como contrapartida, cuando no se la emplea racionalmente, puede introducirse de manera inadecuada en la relación médico paciente (haciendo ésta extensiva también a las obstétricas y enfermeras). El punto justo -fácil de lograr con sólo un poco de esfuerzo- se da cuando el equipo obstétrico, sin dejar a un lado todos los controles técnicos y aparatológicos, transmite su compromiso emocional a la parturienta.

Los problemas de salud no impiden que el embarazo sea un éxito
Antiguamente, la madre diabética era de pronóstico “reservado”. Los grupos de atención del Embarazo de Alto Riesgo han posibilitado, mediante la incorporación de modernos avances científicos, técnicos y terapéuticos, que ahora el embarazo en la diabética insulinodependiente sea sólo un motivo más de alegría y felicidad.
La Asociación Argentina de Perinatología sugiere, inclusive que, en el segundo trimestre se les realice a todas las embarazadas una prueba de “glucemia posprandial” (dosaje de azúcar, luego del desayuno), a fin de descartar posibles diabéticas “subclínicas”, esto es, sin síntomas, pero que podrían presentar embarazos complicado; de no ser tratadas oportunamente.
Los especialistas en “alto riesgo” están acostumbrados a manejar situaciones difíciles, como hipertensiones graves , tabaquismos imposibles de superar, pacientes con cirugías uterinas previas (por ejemplo, por miomas o fibromas), etcétera. La adecuada monitorización de estos embarazos permite, en la mayoría de los casos, llegar a buen puerto, muchas veces inclusive hasta la fecha esperada de parto. Si éste debe interrumpirse prematuramente, la moderna neonatología y una adecuada preparación intrauterina del bebé aseguran buenos resultados.
A nivel público y de algunas obras sociales y hospitales de comunidad, las embarazadas son derivadas por los obs-tetras generalistas a las unidades especializadas. Anivel privado o de medicina prepaga y obras sociales de personal de dirección, por lo general, el obs-tetra -de ser necesario- solicita la oportuna colaboración del especialista en alto riesgo, según su propio criterio. Muchos obstetras generales son, además, expertos en alto riesgo.

Históricamente, el nacimiento era un hecho tragico, muchas veces asociado a dolores imposibles de sobrellevar,
daños físicos para la madre y el niño, y la muerte como hecho frecuente. La obstetricia cientifica que muchos remontan a fines del siglo pasad, introdujo notabables mejoras en Ia atención del parto a parir de los años cincuenta , y ha logrado en los ultimos veinte años avances significativos del nacer, disminuyendo drásticamente las complicaciones graves del embarazo, el parto y la mortalidad materna e infantil neonatal. Hay situaciones que no se pueden evitar. No obstante, la notable reducción de las complicaciones a esta altura del siglo veinte- se debe principalmente a tres hechos fundamentales: 1) una mayor toma de conciencia por parte de la población acerca de la conveniencia de realizar adecuados controles prenatales; 2) la generalización de hábitos higiénico/dietéticos,
tales como el rechazo por la obesidad y el consumo de bebidas alcohólicas y tabaco, antes y durante el embarazo; 3) la introducción de nuevas técnicas diagnósticas y terapéuticas (ecografía, monitoreo fetal, Doppler, punciones de líquido amniótico, transfusiones intrauterinas, dosajes de distintas sustancias en laboratorio a partir de muestras de sangre y orina); 4) el desarrollo de la neonatología como especialidad pediátrica y su presencia de rutina en sala de partos, el equipamiento adecuado de las salas de terapia intensiva neonatal y nuevos métodos diagnósticos y terapéuticos en neonatología; 5) la generalización de la psicoprofilaxis obstétrica y la incorporación del padre al fenómeno del embarazo y en el momento del parto; 6) la humanización de la atención del parto, rescatando el papel protagónico de la parturienta, tomando en cuenta sus reclamos, considerándola desde lo afectivo y dejando a un lado maniobras cruentas e innecesarias como anestesias generales y fórceps cuando no están indicados. Así como -en su medida- también la discutida operación cesárea y las modernas técnicas quirúrgicas, antisépticas y anestésicas.

La primera sonrisa conscíente del bebé se produce alrededor de las seis semanas de vida. Es como si quisiera dar las gracias a sus padres, animarlos y confirmarles que lo están haciendo maravillosamente. Y para los padres éste es el mejor regalo, ya que una sonrisa significa bienestar.
Pero el bebé no sólo sonríe para comunicar que está a gusto. El poder hacerlo conscientemente supone para él un gran paso en su desarrollo.