
Por lo general, los copropietarios se equivocan al creer que su departamento también está asegurado por el hecho de que el edificio posee el seguro obligatorio contra incendio. En principio, corresponde sólo a las partes comunes. En caso de siniestro previsto en la póliza, la suma asegurada se aplica en primer lugar a indemnizar los daños o pérdidas sufridos por los bienes de propiedad común, tales como estructura del edificio, instalaciones eléctricas y sanitarias en general, ascensores, calderas y demás maquinarias, vivienda del encargado, entre otros, de acuerdo con la definición de partes comunes contenida en la ley de propiedad horizontal y el respectivo reglamento de copropiedad del consorcio afectado.
Dado el costo del seguro, no es común que la cantidad asegurada supere el valor de los bienes comunes. Si esto sucediera, en caso de siniestro, una vez aplicada la suma entregada por la compañía aseguradora a reparar o reponer aquéllos, corresponde distribuir el excedente entre los copropietarios, de acuerdo con el porcentaje asignado a cada unidad.
Cómo elegir una aseguradora
Quien va a contratar un seguro debe ser precavido al elegir la compañía porque el estado patrimonial de ésta puede ser decreciente o bien estar al borde de la quiebra, en cuyo caso, si esto ocurre, quedará desprotegido frente al siniestro que quiso prever. Generalmente, los productores de seguros matriculados son las personas entendidas más aptas para hacer sugerencias. Actualmente, bancos y tarjetas de créditos presentan ofertas que merecen ser estudiadas y comparadas.
No basta con constatar la solvencia de la aseguradora en el momento de la contratación del seguro. Para tranquilidad del asegurado, es importante verificarla cada tanto, sobre todo a la hora de la renovación de la póliza.

¿Lo pensamos juntos?
Hay jurisdicciones educativas (cada provincia y la ciudad autónoma de Buenos Aires lo son) que se manejan todavía con la vieja ley de educación y otras en las que ya se aplica la nueva. En el primer caso, habrá que realizar una primera elección al finalizar séptimo; en el otro, al terminar noveno. Sea cual fuere el momento, es importante poder hablar con los hijos sobre qué es lo que les gusta, para qué se sienten hábiles, cuáles son las exigencias de cada modalidad… Escuchar sus necesidades e intereses es un buen comienzo para la búsqueda.

La decisión de estudiar
Si terminada la secundaria la decisión es estudiar, se abren dos grandes ámbitos: la enseñanza terciaría no universitaria y la terciaria universitaria. A la primera le corresponden por el momento carreras como los profesorados para cualquier nivel o modalidad, carreras técnicas superiores como técnico superior en seguridad industrial o técnico en prótesis dentales, por ejemplo.
La característica de estas carreras terciarias no universitarias es que no tienen una duración superior a los cuatro años y, por lo general, se las cursa todos los días. Se supone que, de acuerdo con la nueva ley, todas ellas tendrán la posibilidad de continuarse en ciclos superiores universitarios.
La transformación educativa también ha llegado a la universidad. Ya se ha comenzado a trabajar sobre reformulación de planes, duración de las carreras, etc. Se habla de un reacomodamiento de facultades para el futuro y una integración por saberes. Esto llevará a ciclos básicos comunes de distintas carreras con futuros ciclos de especialización para lograr el título de grado. Lo novedoso en los últimos años ha sido la continuidad de los estudios en ciclos de posgrado (maestrías y doctorados), instancia que se ha impuesto con mucha fuerza y que suele resultar imprescindible para lograr ubicarse bien profesionalmente.
Elegir nunca ha sido sencillo. Pero en la época en que les toca hacerlo a nuestros hijos lo es aún más. Los cambios e incertidumbres del mundo de hoy hacen que la tarea de decidir el futuro no sólo sea una tarea intelectual sino que implique cambios emocionales profundos. Acompañar a los adolescentes, pensar con ellos, entender las transformaciones por las que transitan es un compromiso ineludible de los padres.

Tradicionalmente, el problema de realizar elecciones ocupacionales estaba signado por dos momentos: la finalización de la escuela primaria y la de la secundaria. En algunos distritos, la aplicación de la Ley Federal desplaza la elección hasta la finalización del noveno año.
Será a partir del tercer ciclo de la EGB cuando el adolescente deba elegir una especialidad de Polimodal -de tres años de duración-, para finalizar así la educación obligatoria que marca la mencionada ley. Estos trayectos de formación abarcan grandes áreas del saber: ciencias sociales, administración, ciencias naturales, etc.
Empezar a trabajar
Cuando el tema de elegir se ubica en la finalización de la secundaria aparece el deseo de continuar o no estudiando. Puede ser que el adolescente tenga en claro su posición frente a esto. A veces, la decisión está condicionada por la situación socioeconómica de la familia.
Si la decisión es trabajar, aparecerá una serie de preguntas: ¿Es una necesidad? ¿El trabajo es para costearse sus estudios o para ayudar a sostener la economía familiar? ¿Qué cantidad de horas necesita hacerlo? ¿Su incorporación en el mercado laboral va a ser fácil y rápida?
Los padres deberán conversar con su hijo acerca de la complejidad del mundo laboral en la actualidad. La alta competencia y la exigencia de una adecuada preparación hacen dificultosa la búsqueda de empleo.
Padres e hijos deberán reflexionar sobre qué cosas se necesitan para lograr un “trabajo prometedor” en el área de la administración, la venta, la promoción, los servicios. Capacitarse por medio de cursos breves en instituciones responsables y serias puede ser la clave para conseguirlo.
Continuar formándose suele ser otro requisito para no perder el tren del mercado.

Aprender a decir “no”
Es fundamental que los chicos aprendan a edificarse un criterio propio sobre las cosas y que sepan defenderlo sin temor a lo que opinen los demás. Incluso, si es necesario, deben ser capaces de plantarse ante cualquiera, ya sea niño o adulto, y decir NO. De lo contrario, podrían ser propensos a las manipulaciones de cualquier desaprensivo (patotas indeseables, drogas, abusos sexuales, etc.). Fomentemos con alabanzas y apoyos sus muestras de independencia y libre opinión.
La función del psicólogo
Si, a pesar de todos nuestros esfuerzos, el chico no puede despegarse del “mandón” y construir un criterio autónomo, habrá que consultar con un psicólogo que indague más a fondo en el problema. No lo dejemos pasar por alto pensando que ya se le pasará.

Cambiar una dependencia por otra
Un error frecuente entre muchos padres que ven a su hijo sometido a un pequeño dictador es intervenir directamente y decir: “No quiero que te juntes más con ese chico”. Si son ellos los que cortan la relación desde arriba, no permiten que el chico, en un momento dado, sea capaz de cortarla por sí solo. Se cambiaría así una dependencia por otra, y los padres se convertirían en unos nuevos manipuladores. Además, lo más probable es que el niño, que tiene “un pacto de fidelidad” con el compañero, se oponga a sus papas.
Lo verdaderamente operativo es que los padres ayuden á su hijo a entrar en contradicción, a hacer su propia crisis. Hay que preguntarle, por ejemplo: “¿Qué pasó con tus gustos? ¿Cómo es que ya no juegas al básquet con lo mucho que te divertía?”. “¿Por qué ya no vas a casa de Sofía o de Federico?”.
Hacerlo reaccionar es una tarea lenta y difícil para la que hace falta serenidad y respeto. No hay que abrumarlo con estos cuestionamientos ni pronunciarlos en un tono impaciente y de reproche, dado que sería contraproducente. Tengamos en cuenta a nuestro contrincante. Se trata de un pequeño manipulador. Un niño narcisista, seductor y egocéntrico, que está acostumbrado a hacer lo que desea, al que no se le han puesto límites, y al que le guste tener a los otros chicos seducidos y tiranizados como si se tratara de esclavos. No es fácil que un pequeño admirador incondicional se separe de un chico con estas características.
También es fundamental que los padres hagamos examen de conciencia, que reflexionemos sin miedo para descubrir algún posible error que estuviésemos cometiendo en su educación. ¿Le damos suficiente independencia? ¿Le
dedicamos el tiempo, el amor y la atención que precisa? ¿Qué nos está queriendo decir esta actitud?

El papel de los padres es muy importante
¿Por qué un niño se deja anular por otro? ¿Por qué necesita adosarse a alguien con características manipuladoras? Esta es una de las primeras cuestiones que los padres deben preguntarse.
Puede ocurrir que prefiera adherirse a un compañero manipulador antes que quedarse solo, fuera del grupo. A menú-
do, suelen ser chicos que no tienen autonomía suficiente y que poseen un pobre concepto de sí mismos.
Para ayudar a un hijo así, los padres tendrían que hacerle valorar sus proyectos, su imagen, sus deseos. Es decir, habría que incitarlo a pensar, a proponer cosas (juegos, ir a ver una película, organizar una excursión…). Es importante preguntarle qué es lo que quiere hacer o dónde quiere ir. Muchas veces, los adultos no interrogamos a los chicos por miedo a que sus respuestas no coincidan con nuestras ideas y descoloquen nuestros planes. Pero un chico de estas edades ya puede y debe expresar sus deseos (“no quiero ir a casa de la abuela todos los domingos”, “quiero ir a la playa con mis primas”, “me gusta este programa de la tele aunque a ustedes no les guste”, etcétera). Esto no significa, de ninguna manera, que los padres tengan que acatar a pies juntillas todo lo que dice su hijo, pero es una forma de darle autonomía, de demostrarle que sus ideas y proyectos tienen un lugar. Es recomendable hablar mucho con él y fomentar, incluso, la rebelión.

Muy atentos a las señales de alarma
No obstante, hay que saber diferenciar cuándo estamos ante una pasividad normal y cuándo ante algo más serio.
A Natalia (nueve años) le gustaban las películas románticas pero, como a su adorada Paula (diez años) le parecen una tontería, dejó de verlas. Perdió también dos video juegos porque se los prestó a Paula y ésta los extravió. Sin embargo, Natalia no se enoja y la justifica. Y si Paula dice que la seño es idiota y hace travesuras en la escuela -aunque siempre ha sido una santa en clase-, la sigue en sus correrias.
Cuando un chico es exageradamente pasivo, no hace nada por su cuenta, necesita que otro le proponga cosas constantemente, se somete siempre a lo que dice y hace su amigo, quiere vestirse igual que él, hacer todo lo que él… es cuando hay que preocuparse.
Parece que el pequeño ha perdido su identidad, deja de existir para vivir sólo en función del otro. Se establece así una dependencia afectiva y moral, y una absoluta incapacidad para encontrar un deseo propio.

Es muy importante que los chicos tengan autonomía de criterio y no se sometan a los deseos de los demás.
Hay chicos más pasivos que otros y que necesitan un amigo más activo que los estimule. Esto es normal y beneficioso para ambos ya que sus personalidades se complementan. Incluso es esperable que en un grupo de chicos surja un líder (o varios: del deporte, de las fiestas…). Son aquellos que poseen un don especial para organizar y mandar que, gracias a la escuela, pueden sublimar y convertir en algo útil. Por otro lado, los demás pueden girar alrededor de estos líderes sin que por eso tengamos que hablar de chicos sumisos o sometidos y chicos autoritarios o manipuladores.
Cada uno tiene su personalidad. De hecho, muchos de los que son tranquilos y reflexivos están considerados como parte imprescindible de la barra de amigos.

Ni muy agresivos ni muy sumisos
La capacidad de una persona para expresar sin ansiedad sus propios sentimientos y opiniones se denomina asertividad.
■ Esta forma de actuar está tan lejos de la timidez excesiva como de la agresividad o la desconsideración.
■ Ser asertivo es saber, en el tono justo, defender los propios derechos, expresar acuerdo o desacuerdo, hacer o recibir cumplidos, manifestar afecto o amistad, o bien enojo si está justificado.
■ Enseñar a nuestros hijos a ser asertivos es uno de los mejores regalos que podemos darles para defenderse con éxito en la vida.