Pasividad de los niños

Muy atentos a las señales de alarma
No obstante, hay que saber diferenciar cuándo estamos ante una pasividad normal y cuándo ante algo más serio.
A Natalia (nueve años) le gustaban las películas románticas pero, como a su adorada Paula (diez años) le parecen una tontería, dejó de verlas. Perdió también dos video juegos porque se los prestó a Paula y ésta los extravió. Sin embargo, Natalia no se enoja y la justifica. Y si Paula dice que la seño es idiota y hace travesuras en la escuela -aunque siempre ha sido una santa en clase-, la sigue en sus correrias.
Cuando un chico es exageradamente pasivo, no hace nada por su cuenta, necesita que otro le proponga cosas constantemente, se somete siempre a lo que dice y hace su amigo, quiere vestirse igual que él, hacer todo lo que él… es cuando hay que preocuparse.
Parece que el pequeño ha perdido su identidad, deja de existir para vivir sólo en función del otro. Se establece así una dependencia afectiva y moral, y una absoluta incapacidad para encontrar un deseo propio.

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