Los niños sobreestimulados

Ivan y Belen tienen 9 y 11 años. Sus padres son dos profesionales con sus dias muy ocupados. Los chicos, a imagen y semejanza, recibieron el mandato de “ocuparse” para ser personas exitosas.
Ivan comparte el colegio de doble escolaridad con su hermana y, cuando vuelve, alrededor de las cinco de la tarde, va a entrenarse para jugar al fútbol tres veces por semana. Los dias que no tiene entrenamiento concurre a un curso de computación y a dos clases semanales de guitarra. Los sábados por la mañana toma su clase de tenis y los domingos peregrina con su padre por distintos clubes del Gran Buenos Aires para participar en torneos de fútbol.
Belen también aprende computación y matiza su semana con clases de cocina. Martes y jueves, entrada la noche, concurre a clases de teatro y una vez por mes asiste a un taller literario para niños. Los sábados participa del entrenamiento de hockey y, por lo general, los domingos debe levantarse temprano para participar en algún torneo al que la acompaña su mama. Los sábados y los domingos por la tarde quedan para algún cumpleaños y para el riguroso almuerzo con los abuelos y primos.
Un chico debe aprender a reconocer que desea y a poder expresarlo:
Puede un chico vivir así de programado o casi cronometrado? Todas sus acciones responden a intereses propios? Un cuadro de hiperactividad semejante suele ser la parte visible de conflictos no percibidos que suceden dentro del grupo familiar. Lo esperable es que un chico pueda aprender a reconocer que desea y a poder expresarlo. Si es escuchado y satisfecho podrá llegar a hacer lo que quiere. Si tiene una vocación muy fuerte o se identifica con quienes lo rodean se inclinara a actividades afines a su gusto, su conocimiento, su habilidad y destreza.
Si, por el contrario, toma todo lo que se le ofrece, sin estar incentivado verdadera-mente por nada, evidencia que no ha adquirido la madurez necesaria para “elegir”. Elegir es adoptar algo desechando todo o casi todo lo demás. Aceptar todo es – ademas de no poder perder nada- no discriminar que sirve y que no para su proyecto de vida. Así, nos encontramos ante un ser confundido cuyas actividades responden a los deseos, culpas, necesidades y razones de sus padres y no a sus propios intereses.
La sobreestimulacion, como lo es la oferta indiscriminada de actividades, mantiene al niño muy alejado del reconocimiento de aquello que lo moviliza para el logro de una meta satisfactoria.

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