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Precaución en el súper

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Precaución en el súper
Es cierto que estos carritos puede volcarse, aunque es algo infrecuente y se debe, sobre todo, a un mal uso. Para prevenirlo, conviene elegir un carro con sillita incorporada. Si esto no es posible, el pequeño puede viajar dentro de él, pero siempre que vaya sentado. Si se pone de pie y empieza a moverse en forma brusca y violenta o trata de alcanzar algún objeto de una góndola, el carrito podría darse vuelta. Para lograr que el pequeño vaya todo el trayecto sentado, se lo puede distraer con un juguete. Además, en invierno es importante sacarle las prendas de abrigo: si tiene calor, estará mucho más inquieto. Otra opción, si la compra es pequeña y el negocio lo permite, es entrar en el super con la silla de paseo y depositar los artículos en la red o bandeja inferior.

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Accidentes de niños

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DAÑOS CAUSADOS POR EL NIÑO

Repertorio de los daños posibles
A fin de dar un tratamiento lo más ajustado posible a las cuestiones legales relativas al niño, hay que proceder en primer lugar a la delimitación de la edad del sujeto infantil. En este apartado se tratará únicamente de los daños que pueden producir determinados actos realizados por niños comprendidos entre los 0 y los 8 años.
Tales actos, desde luego, pueden ser de muy variada índole, y sus resultados pueden presentar una gran diversidad. No obstante, vale la pena destacar que se está, en gran medida, ante supuestos cuyo resultado desborda a su propio autor, quien, falto de un completo uso de razón, no es capaz todavía de prever la magnitud del daño que puede desencadenar su acto.
Conviene recordar que los niños son seres inimputables a los que hay que educar y a los que, permanentemente, se han de ofrecer sólidas lecciones de civismo para que se desenvuelvan en la sociedad lo más cómodamente posible. La diligencia de un buen padre de familia hace imprescindible la estrecha vigilancia del niño, con el objeto de evitar que efectúe actos dañosos. Al mismo tiempo, es necesaria una intensa labor educativa, que advierta constantemente al niño de los potenciales peligros a los que se puede ver abocado por determinados actos, que son susceptibles de producir un daño material o físico a sí mismo o a terceros.
Elaborar una lista exhaustiva de los actos que puedan acarrear daños, o de los posibles daños que pueden resultar de los actos de un niño, es, si no imposible, realmente difícil y extenso.
A título de ejemplo, pueden citarse los siguientes casos: roturas de cristales por impacto de piedras o de pelotas que han sido arrojadas; lesiones producidas en juegos con objetos peligrosos como cañas, cristales, hierros, dardos, flechas, etc.; caída de objetos contundentes desde el balcón a la calle, y un sinfín de ejemplos que harían interminable esta lista.
La magnitud de los daños es realmente imprevisible. Piénsese, tan sólo, en la diferencia que hay dentro de un mismo acto como el arrojar un objeto contundente desde el balcón, si el objeto se precipita contra un transeúnte o se estampa contra la acera.
Por todo ello, son los padres quienes, en tanto que responsables de los actos de sus hijos, tienen que vigilarles constantemente; pues se trata de evitar, en la medida de lo posible, la realización de actos peligrosos para personas o bienes.

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Responsabilidad civil

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Responsabilidad civil
La cuestión de la responsabilidad civil debida a actos realizados por los hijos es de especial interés para los padres. A este respecto, son suficientemente claros y determinantes los textos de los artículos 1902 y 1903 del vigente Código Civil y que establecen lo siguiente:
Art. 1902: «El que por acción u omisión causa daño a otro, interviniendo culpa o negligencia, está obligado a reparar el daño causado.»
Art. 1903: «La obligación que impone el artículo anterior es exi-gible no sólo por los actos u omisiones propios, sino por los de aquellas personas de quienes se debe responder. Los padres son responsables de los daños causados por los hijos que se encuentren bajo su guarda.»
»La responsabilidad de que trata este artículo cesará cuando las personas en él mencionadas prueben que emplearon toda la diligencia de un buen padre de familia para prevenir el daño.»
En el sistema legal español, los padres o tutores que convivan con el niño son responsables de los resultados de los actos dañosos de éste. Y ello, en la medida en que no puedan acreditar que dicho resultado se produjo a pesar de que emplearon toda la diligencia necesaria para prevenir o evitar el daño.
Por consiguiente, la responsabilidad de los padres o tutores deriva de la propia culpa por haber omitido el deber de vigilancia sobre los actos de sus hijos (culpa in vigilando).

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