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Separacion de bienes

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Separación. En caso de finalizar la convivencia los bienes quedarían para aquel a cuyo nombre figuran. En ciertos casos llegados a la justicia por existir litigios, algunos jueces aplicaron las reglas de división de condominio para adjudicar los bienes comprados mientras duró la vida en común y con el dinero de la pareja. Para evitar pleitos en caso de separación cuando no existe matrimonio, es aconsejable adquirir los bienes en los que invierten ambos a nombre de los dos, haciendo constar las proporciones.
En tu caso, como tienen un hijo nacido durante la convivencia, si llegaras a separarte podrías exigirle al padre de tu hijo la cuota alimentaria que le correspondería aportar para él. Si no se aviniera a hacerlo voluntariamente o a través de la mediación, correspondería demandarlo ante la justicia.

Fallecimiento. Si tu pareja falleciera, no tienes derechos hereditarios, salvo que ésta hubiera dejado testamento legándote el 20 por ciento de los bienes. El quinto es la parte de la que el testador puede disponer libremente cuando existen herederos forzosos. En cambio tu bebé heredará a su papá en la misma proporción que sus hijos matrimoniales, o sea, le corresponderá 1/3 a cada uno si no existen otros descendientes.
■ Convivencia de 5 años. No otorga derechos de cónyuge.
■ Beneficios previsionales. La convivencia de 5 años inmediatamente anteriores al fallecimiento del causante -separado de hecho o legalmente, soltero, viudo o divorciado-confiere al conviviente derecho a pensión por fallecimiento si aquel hubiera cumplido en vida con los aportes previsionales correspondientes. La convivencia debe haber sido pública y en aparente matrimonio. El plazo se reduce a dos años cuando existe descendencia reconocida por ambos convivientes.

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Tenencia de los hijos

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Tenencia de los hijos
Los menores pueden influir en la decisión judicial a la hora de otorgar la tenencia.
La separación o el divordo de ios padres es un hecho que, por si solo, causa sufrimiento a los hijos. Es muy duro para ellos y, más aún, si son menores, presendar o escuchar “a través de la puerta” las recriminaciones y desencuentros que en la mayoría de los casos preceden a una separación. Cuando los padres incurren en discusiones continuas que trastornan la tranquilidad de los chicos, al punto de no llegar a un acuerdo sobre la tenencia ni a través de la mediación familiar, recurren a la justicia para dirimir sus conflictos.
El juez de familia dispone con prontitud lo más conveniente para los menores, evaluando los informes de la asistente social y del psicólogo, en caso de ser necesarios y previo dictamen del asesor de menores.
Opinión del menor Si por su edad y discernimiento tuviera la madurez suficiente como para emitir un juicio objetivo y si las circunstancias lo requirieran, el juez puede citar al menor para oírlo. La ley no alude a esta citación, sin embargo, los jueces la hacen cuando lo consideran útil para tomar una decisión. La edad mínima para que el niño sea escuchado es estimada en 10 años o, en situaciones extremas, como abuso, maltrato…, aun antes.
La opinión del chico no es vinculante para el juez. La escucha, la toma en cuenta, pero para tomar la resolución final analiza todas las circunstancias e informes del caso para el bien del niño.

Tenencia de los hijos
Los menores pueden influir en la decisión judicial a la hora de otorgar la tenencia.
La separación o el divordo de ios padres es un hecho que, por si solo, causa sufrimiento a los hijos. Es muy duro para ellos y, más aún, si son menores, presendar o escuchar “a través de la puerta” las recri-minadones y desencuentros que en la mayoría de los casos preceden a una separación. Cuando los padres incurren en discusiones continuas que trastornan la tranquilidad de los chicos, al punto de no llegar a un acuerdo sobre la tenencia ni a través de la mediación familiar, recurren a la justicia para dirimir sus conflictos.
El juez de familia dispone con prontitud lo más conveniente para los menores, evaluando los informes de la asistente

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La separacion

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Si bien tu separación fue “civilizada”, reconoces que hubo un antes y un durante que influyeron en el resultado. Cuando se desencadenó el conflicto, el orden y armonía que existían en tu hogar fueron reemplazados por agravios, peleas, reproches, creando un clima familiar adverso. Quizás, alguna observación inoportuna provocó que la balanza con que tus hijas pesaron la separación de sus padres se inclinara a tu favor. Si bien ellas están en edad de emitir juicios, pueden tener una visión distorsionada de los hechos y por eso “suponen” haber perdido el amor a su papá, a quien antes amaban y, como consecuencia, se niegan a verlo. Los motivos que invocan no son reales y con su actitud están provocando un conflicto que puede malograr un buen acuerdo y transformarlo en litigio. Este es un final que no deseas ni puedes permitir. El derecho del padre de visitar a sus hijos menores después de la separación es irrenunciable. Dada la actitud de las nenas, es necesario que apliques toda tu sabiduría para explicarles que en toda separación no hay un solo culpable y que también su mamá tuvo que ver en ella y que tampoco influye en el amor que, como padres, siempre tendrán por ellas. Prueba sugerirles que se acerquen a su papá por el bien de todos, para darle la oportunidad de poder demostrarles lo mucho que las quiere. Finalmente, pídeles que lo hagan por mamá, y si no lo logras, conversa con tu ex con el fin de buscar juntos apoyo psicológico para la familia. No es saludable para las chicas coaccionarlas para forzar un encuentro no deseado. Tus hijas son bastante grandecitas y, con ayuda profesional adecuada, no tardarán en darse cuenta de la situación y así podrán desbloquear el muro que construyeron para excluir a su papá. Un poco de tiempo y comprensión de parte de todos les permitirá llegar a un buen desenlace.
Con respecto a la garantía que te exige tu ex, aunque la aceptes, es imposible avalar una obligación de hacer cuando debe ser cumplida personalmente por un tercero. Por otra parte, no olvides que las cuestiones conexas al divorcio, como la tenencia de las niñas, la cuota alimentaria, etc., están siempre abiertas a modificaciones. En conclusión, no pierdas la oportunidad de concretar el acuerdo si puedes hacerlo.su

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El divorcio

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Qué dice la ley
La regla de oro para el bienestar de los hijos menores es respetar el acuerdo de divorcio o el mandato del juez.
En caso de separación de hecho, separación personal, divorcio vincular o nulidad del matrimonio, el ejercicio de la patria potestad corresponde al padre o madre que ejerce legalmente la tenencia, sin perjuicio del otro de tener adecuada comunicación con el hijo y de supervisar su educación.
Los hijos deben respeto y obediencia a sus padres. En caso de separación o divorcio, si no desean encontrarse con el progenitor no conviviente, quien ejerce la tenencia -que no debe interferir- puede ser intimado por el juez a organizar los encuentros bajo apercibimiento de ser privado de la guarda.
Cuando las partes coinciden y firman un acuerdo, es conveniente que la redacción de éste sea precisa, con indicación de los días y hora de los encuentros, del destino alternado o no de los fines de semana, feriados y de los períodos de vacaciones que los hijos menores compartirán con cada uno de sus progenitores. Se evitarán así posibles discusiones futuras en la medida que se respete lo pactado.
Lo mejor para los niños es un régimen de visitas abierto, pero son pocos los matrimonios separados que lo practican civilizadamente.
Si no hay acuerdo entre los ex cónyuges, el juez resuelve en detalle, entre otras cuestiones conexas a la separación, el régimen de visitas para el progenitor no conviviente.

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El niño enojado

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¿Por qué tanto enojo?
Más allá de las cuestiones  jurídicas, que de hecho son importantes y cuya respuesta encontrarás el próximo número en la sección correspondiente, una pregunta quedó flotando en mi cabeza. Creo que debo formularla para saber si es posible una pequeña luz sobre las cuestiones emocionales involucradas. ¿Cuáles fueron los acuerdos antes de comprender que no podían o no debían seguir viviendo como pareja?
Cuando dos personas de distinto credo unen sus vidas, se supone que han analizado la cuestión y tomado decisiones. Casamiento por iglesia sí o no, posibilidad de una ceremonia ecuménica que “una” los dos credos, educación religiosa de los hijos en una de las dos o en ninguna, etc., etc., etc. Estos acuerdos están mediados por el amor y es de suponer que el hijo es una consecuencia de ese amor.
De modo que, si los acuerdos fueron hechos desde el amor, por qué romperlos cuando se trata de una decisión acerca del hijo. Hoy, la bronca, la desilusión, la frustración impregna los pensamientos y las acciones. Te dejamos una pregunta para que reflexiones. Si ambos rompen los acuerdos que llevaron a concebir al hijo, ¿no será, de algún modo, traicionarlo?

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Derechos

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Derechos de los hijos de padres divorciados
–  El niño tiene derecho a tener la oportunidad de querer y ser querido por ambos padres, en un ambiente de seguridad.
– Debe poder disfrutar del amor de ambos padres, sin culpas ni conflictos de lealtad.
–  Necesita una relación SIN seducción ni presión hostilizadora hacia el otro padre.
– Los niños de padres divorciados necesitan ver a sus padres relacionarse, si no con cariño, con cortesía y consideración.

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Acuerdo Divorcio

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“¿Cómo les decimos?”
Informar adecuadamente siempre es muy importante pero, aún es más importante actuar y comportarse de una manera acorde con lo que se dice, ya que el verdadero concepto de lo que le significa el divorcio el niño se lo va a formar sobre la base de lo que efectivamente suceda día a día, minuto a minuto, más de lo que se les diga en pensados discursos.
Lo que se dice es importante pero cómo se hace también lo es. La información que se va a dar es dolorosa y se requiere privacidad y tiempo disponible. Se va a informar de una decisión tomada por los adultos, de modo que no corresponde ni pedir permiso ni opinión como si eso pudiera tener alguna influencia en la decisión.
Es deseable que cuando los padres le comuniquen a sus hijos la decisión de separación, tengan suficientemente claros ya varios aspectos de la misma. En primer lugar, la razonablemente firme decisión de separarse: no debería trasmitirse la incertidumbre a los hijos. Es buena cosa también poder concretar detalles que hacen a la organización familiar práctica y que suelen ser fuente de preocupación en los niños: donde va a vivir el padre que se va de la casa, cómo va a poder tener acceso a él, etc.
Es importante asegurarnos que la información que los hijos reciban sea la que ellos necesitan, y no la que
necesitan los padres para descargar sus legítimas y fuertes emociones negativas del momento. Las preocupaciones del niño, dichas o no dichas, son :“¿qué va a pasar conmigo?”,”¿quedaré solo?”,”¿habrá sido mi culpa?”, “¿qué puedo hacer para reunirlos?” , “¿seguiré viendo a papá/mamá?”, “¿será para siempre?”. Dar información que cubra estas interrogantes tiene un efecto reasegurador, a diferencia de conocer detalles inconvenientes de la vida de pareja.
Es necesario que puedan expresar sus preocupaciones y dudas libremente, en el momento en que ellos encuentren oportuno. Con frecuencia sucede, sobretodo en niños pequeños, que no manifiesten dudas ni preocupaciones en el momento que se les informa, pero estas van a llegar y hay que estar preparado para hacerles frente cuando y donde surjan.
Pero lo más importante es que ambos padres puedan realmente dejar su rol de padres en una zona fuera del conflicto de la pareja, y que entonces puedan en los hechos ahuyentar los miedos de sus hijos y reasegurarlos para que puedan seguir desarrollándose normalmente.

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El divorcio

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¿Qué piensan y sienten los niños del divorcio de sus padres?
Hay algunas ideas, emociones y conductas de los hijos de padres que se divorcian que son muy frecuentes. Algunas de ellas son:
Miedo de haber sido la causa de la desavenencia parental: no existe el niño que no “haya hecho rezongar” a sus padres, y frente a la inevitable pregunta interior del porqué del divorcio, esta respuesta equivocada y autocentrada aparece con mucha frecuencia. Siempre conviene entonces reasegurarlos de que las causas del divorcio están en emociones y actitudes y dinámicas exclusivas de los adultos, y que ellos no han tenido nada que ver.
Miedo a que quieran “divorciarse” también de ellos: aquí va implícito el miedo al abandono, miedo muy frecuente en la infancia aun cuando no existan hechos objetivos que lo sustenten y que de alguna manera es reactivado por la disrupción familiar. Es muy importante decirles que esto no va a suceder, pero muchísimo más importante es que no suceda realmente. Es necesario que el niño sienta y compruebe que sigue teniendo a sus padres, que estos no abandonan el rol de padres y que pueden compartir esta responsabilidad aun cuando no sean más pareja.
Fantasías de reunión: la ilusión de que los padres vuelvan a estar juntos es por supuesto muy entendible y frecuente. No es bueno sin embargo, alentar este deseo vanamente. Los paseos de todos o las reuniones familiares, incluyendo a padre y madre divorciados no son recomendables hasta que los niños hayan entendido de manera realista que eso no significa que existan posibilidades de reunión.
– Alianzas posibles y transitorias: Ya dijimos que no es buena cosa buscar que se generen alianzas del niño con alguno de sus padres. Sin embargo, a veces, y aunque nadie las busque activamente se producen algunas alianzas. Por ejemplo, es frecuente ver que los hijos se alien con el padre que se oponía al divorcio. También puede verse en ocasiones, que el niño se alie con el padre con quien tenía peor relación antes del divorcio: a veces un padre/madre rechazante, ubica a su hijo por primera vez en un lugar valorado después de la disrupción familiar. Generalmente estas alianzas son transitorias y no perduran mas allá de la adolescencia.

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Separacion

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Frecuentemente el hijo de padres divorciados se encuentra a sí mismo en medio de una lucha por su amor exclusivo, por su lealtad. Sus padres, con más o menos conciencia de la situación no aceptan que el niño pueda querer a sus dos padres o pueda querer estar con ambos. Se esfuerzan entonces por darle información sólo significativa en el ámbito de la pareja, con el afán de que tome partido, de que sepa de qué lado está “el bueno” y de qué lado “el malo”. Esta situación sólo logra sumir al hijo en un conflicto de afectos, lealtades y conceptos que seguramente rebase su capacidad de tolerancia psicológica.
Probablemente habrían otras posibilidades de distorsión en los vínculos familiares luego de una crisis que culmina en divorcio y quienes hayan pasado por ella tendrán real conciencia de los esfuerzos que son necesarios para proteger a los hijos de situaciones que los dañan.
No es poca cosa a todo lo que están sometidos los niños luego de un divorcio y muchos los riesgos. Hay situaciones que favorecen la superación de los riesgos actuando como una protección psicológica en tiempos de crisis. La mayor parte de estos factores de protección tienen que ver con las características de la familia. Uno de ellos es que los padres/madres sean cálidos, afectuosos, apoyadores y que exista una buena relación padres-niños. Ayuda mucho a la superación de los malos momentos que esté constituida toda una red de apoyo familiar que incluye hermanos con quien compartir, abuelos, tíos u otros adultos en quienes se pueda confiar y de quienes se pueda recibir apoyo y cariño. Si el niño tiene áreas fuera de la vida familiar en las cuales su funcionamiento es bueno y su inserción adecuada (escuela, club, iglesia, grupo juvenil, etc.) las cosas tienen más posibilidades de evolucionar bien.

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Causas divorcio

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La calidad del paternaje también sufre modificaciones en todos los casos de divorcio. Algunas de estas modificaciones son favorables, pero otras son nefastas. Hay casos en los cuales la relación con los hijos mejora. Pero hay otras situaciones en las cuales los cambios no son para bien. Una de ellas es la situación en la cual se modifica sustancialmente el criterio de puesta de límites: padres que se vuelven absolutamente permisivos, y no son capaces de limitar ni decir que no a nada. La famosa frase “pobrecito, encima que nos divorciamos, lo voy a rezongar?” o la que es frecuente escuchar en el papá que no convive: “cuando salimos es para pasarla bien, y no para rezongarlo”. Este tipo de actitud permisiva es debilitante y no pone al niño en buenas condiciones de hacer frente a la vida. Por tener padres separados, no pierde su derecho a tener padres que lo contengan, que lo eduquen y que le trasmitan los valores que consideran mejores.
Hay situaciones en las cuales uno o ambos padres se deprime como consecuencia de los acontecimientos y esa depresión no le permite satisfacer las necesidades emocionales del niño. En estos casos, es fundamental que el padre/madre afectado busque ayuda por él, pero también porque sus hijos lo necesitan sano y disponible emocionalmente.

En otras ocasiones lo que sucede es que uno de los padres, por diversos motivos, empieza a necesitar mas que nunca a su hijo, creándose una dependencia de la que el niño, una vez más, es víctima. Padres/madres que se aferran a sus hijos, que lo llevan a dormir a la cama grande, que le expresan lo mal que pasan cuando él/ella no está, que le cuentan sus problemas, que sólo salen si es juntos, etc. están ubicando al hijo en un rol que no le corresponde: el hijo no es un amigo, ni un protector, ni una pareja. Ni siquiera puede ser un espectador de los problemas de los padres, ni mucho menos un aliado de ninguno de ellos. Los padres tienen que lograr dejar al niño fuera del conflicto, y dejarlo en el lugar que le corresponde: el lugar de hijo.

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