Archivos para 'El aprendizaje y sus dificultades' Categoría

El maestro

El papel del maestro
El bajo rendimiento del alumno, además de pesar en el concepto de sí mismo que éste va construyendo, influye también en el concepto —cuando no en la etiquetación— que el maestro tendrá del alumno. Y esto conlleva, a menudo, un trato diferente y unas expectativas diferentes del educador en relación a los demás alumnos. Así, la marginación empieza en la propia aula.
Diversos estudios realizados han demostrado que la mayoría del profesorado tiende a atender y a estimular más a los alumnos de alto rendimiento que a los de bajo. Atenuantes a esta actitud, consciente o no, del profesor serían, claro está, el elevadísimo número de alumnos por aula y la urgencia de cumplir unos programas demasiado densos c inadecuados para la totalidad de sus alumnos.
Con el objeto de evitar esta marginación. el maestro, a pesar de las dificultades que le impone la estructura educativa, tiene en su mano diversas posibilidades de actuación:
—Observación diaria y en profundidad de todos los alumnos.
—Mantener una actitud positiva hacia todos los alumnos. Evitar la culpabilidad en el alumno retrasado, valorando su esfuerzo y su progreso y eludiendo las comparaciones con el resto de la clase.
—Atender a la totalidad de la persona, individualizando el trato con los alumnos y reforzando la relación maestro-alumno.
—Mantener una estrecha colaboración con el psicólogo, cuando lo haya, puesto que el trabajo de éste, para ser positivo en el marco de la escuela, debe quedar totalmente integrado en la actividad pedagógica del claustro. Ambos, maestro y psicólogo, unirán sus perspectivas, observando y analizando al niño y su dinámica en el interior del grupo-clase.

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La familia

El papel de la familia
En el seno de la familia el niño realiza sus primeros y más importantes actos de conocimiento, de relación, de descubrimiento de sí mismo, de comunicación. Los primeros afectos, rechazos, estímulos, proceden del núcleo familiar.
La imagen que el niño tendrá de sí mismo comienza a formarse (más tarde se modificará o no en la escuela) al lado de padres, hermanos y abuelos. Los primeros contactos con el lenguaje (motor principal del conocimiento), así como con las costumbres y usos sociales, los realiza el niño desde su cuna, en su casa, en su barrio.
Según estadísticas del Ministerio de Educación, el 95 % del fracaso escolar tiene su origen en la falta de estímulo familiar. Un 60 % de los padres desconsideran a los maestros y a la escuela en el ámbito familiar. En muchos casos, influye también el bajo nivel sociocultural de la familia.
En el extremo opuesto, existen hogares donde se ejerce una presión tremenda sobre el niño. En la mayoría de casos, y por frustración del padre, se presiona al hijo para que obtenga la carrera o la ascensión social que aquél no pudo obtener. En casos extremos, cuando el niño constata que su nivel académico no corresponde a las exigencias familiares, éste puede llegar al suicidio, inducido, entre otras razones, por el pánico al castigo o al descrédito.
El papel que la familia puede desempeñar en la prevención y el tratamiento de las dificultades y del fracaso escolar es muy considerable. He aquí algunas sugerencias a este respecto:
—Estimular las actividades educativas del niño, valorando positivamente desde los primeros meses todo cuanto haga, tanto en casa como en la escuela.
—Mantener un constante contacto con el maestro y con el centro escolar, con el objeto de seguir de cerca las evoluciones del niño y poder unificar al máximo criterios y actitudes.
—Fomentar el conocimiento del entorno y la relación con el barrio de resistencia.
—Estimular en el niño la adquisición del lenguaje, así como el hábito de leer.
—Fomentar el gusto por la reflexión y el contraste de pareceres.
Existen, además, una serie de factores individuales a considerar en los casos de aparición eje dificultades: —Trastornos orgánicos o funcionales.
—Importancia de la edad dentro del grupo. Entre los más pequeños se observa un mayor número de retrasos que entre los nacidos a principios del año escolar.
—El lugar del niño en la familia (número y orden de hermanos). —Momento en que se inicia la escolaridad, asistencia o no a la guardería y al parvulario.
—Emigración (momento en que. dado el caso, se ha realizado el cambio de habitat).
—Ambiente cultural de la familia.

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Dificultades en el aprendizaje

Las dificultades de aprendizaje

El fracaso viene motivado por factores de diverso orden. Por una parte, la escuela provoca, frecuentemente, un divorcio entre los intereses y las capacidades del alumno, que repercute de forma muy negativa en el aprendizaje. Por otra, a lo largo del desarrollo el niño puede manifestar déficits que originan dificultades en el aprendizaje.
A veces las dificultades son leves y, con las debidas atención y corrección en el momento de su detección y la repetición de algún curso, puede llegar a evitarse el fracaso escolar.
No hay duda de que las dificultades y el fracaso se producen día a día. pero también es cierto que se hacen palpables en los momentos claves de cambio: en el paso del Parvulario (si el niño lo ha cursado) a la E.G.B.; en el paso del Ciclo Medio al Superior; y, sobre todo, al inicio del B.U.P. y. especialmente, de la Formación Profesional, cajón de sastre, en un buen número de casos, de alumnos inadaptados al sistema escolar.
A menudo, la familia o el centro detecta el fracaso al final de la E.G.B., cuando el niño debe integrarse bien que mal al mundo adulto y laboral. Otros centros, en cambio, así como las familias más sensibilizadas, observan de cerca al niño e inciden en su reeducación desde el Parvulario, etapa en la que, normalmente, puede iniciarse con garantías la corrección. De esta manera, se logra evitar la etiquetación del niño y su sentimiento de culpabilidad e inseguridad, que le provocarían nuevas regresiones en su proceso evolutivo.
Cada niño nace con unas potencialidades y unas aptitudes innatas que ha heredado de sus padres y de toda la especie humana. Pero sus capacidades concretas, sus destrezas, su personalidad, no nacen con el sino que se irán desarrollando a medida que su organismo se relacione con su entorno, es decir, con su familia, su escuela, su barrio, su medio social.
Así, con la actividad que realice en estos ámbitos, irá formando sus capacidades, su aprendizaje y su conocimiento del mundo. Las causas de los problemas que pueda hallar en este largo aprendizaje habrá que buscarlas precisamente ahí: en su familia, en su escuela, en el sistema educativo de su sociedad, en el nivel económico y cultural de la clase social a la que pertenece.

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Fracaso escolar

Este tema plantea numerosos interrogantes: ¿A qué alumnos y a qué situación cabe referirse al hablar de fracaso escolar? ¿Qué niño fracasa? ¿El que no rinde lo que podría rendir, el que no sigue el ritmo de los demás, el que suspende, el que invierte letras al escribir, el conflictivo en clase, el marginado del resto de compañeros? En realidad, todos ellos fracasan en una u otra medida. Pero cada uno de estos aspectos requiere un análisis y un tratamiento distintos.
Todos los estamentos (la familia, la escuela, el propio alumno) tienden a delimitar el fracaso solamente con criterios de rendimiento académico, de aprobados, de repeticiones de curso. El concepto más aceptado y difundido es éste: presentan fracaso escolar los alumnos que, sin padecer anomalías importantes de carácter fisiológico, no pueden seguir con normalidad el ritmo de clase y van quedando rezagados en relación a los demás y a los programas.
Y lo cierto es que, visto únicamente desde esta perspectiva académica, el panorama educativo español es francamente desolador. España es uno de los países con mayor porcentaje de alumnos fracasados. Durante el curso 1981-82, por ejemplo, de cada cíen alumnos de E.G.B., nueve repitieron curso; de los alumnos de las nueve provincias de Castilla-León, sólo el 48 % obtuvo el título de Graduado Escolar en el año que le correspondía por la edad.
Los casos de abandono de la escolarización en E.G.B. y, sobre todo, en B.U.P. y F.P. son muy frecuentes. Se ha comprobado, por otra parte, que se produce un mayor fracaso escolar en los centros públicos que en los privados. El fracaso es también mayor en las escuelas grandes que en las pequeñas, entre los niños que entre las niñas y es superior en alumnos de nivel económico bajo en relación con los de nivel medio a alto. Hay más fracasos en las zonas rurales que en las urbanas y, dentro de las escuelas comarcales, entre los alumnos que se desplazan para asistir a la escuela que entre los que permanecen en su población.
Estos datos, apuntados a título indicativo, centran siempre su punto de mira en el aspecto académico del proceso escolar. En cambio, relegan otras facetas quizá más relevantes de la personalidad del alumno, como su capacidad de adaptación, su sentido crítico, su autonomía o su global maduración evolutiva.
Algún día habrá que empezar a considerar que el verdadero fracaso escolar, en el marco de una educación integral, sería finalizar la escolaridad sin haber adquirido un suficiente grado de madurez ante cualquier situación de la vida, al margen de las calificaciones de junio y septiembre.

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Guarderias de niños

La adaptación del niño
Durante los primeros días de asistencia a la guardería, el niño manifestará lógicamente muestras de inseguridad y recelo. El espacio es distinto al de su casa y puede llegar a resultarle hostil. Deberá compartir un nuevo adulto con otros niños que ni siquiera conoce. Tendrá que aceptar que sus padres lo dejen en la guardería, imaginándose que el abandono es definitivo cada día. Tendrá que reconquistar el entorno y, además, compartirlo. Los primeros días son realmente duros.
La familia deberá jugar, en este proceso de adaptación, un papel importante. Puede estimular al niño hablándole de lo que hace o hará en la guardería. En los más pequeños la adaptación se hará de forma gradual. Durante los primeros días, es aconsejable que los padres puedan quedarse un rato con el niño, rato que se irá acortando progresivamente.
Pero el papel fundamental en este proceso de adaptación —y durante toda la escolarización del niño en la guardería— lo desempeña el maestro, el educador, que debe:
—Tener un buen equilibrio emocional.
—Ser un especialista con unos objetivos claros que tengan en cuenta la educación global del niño.
—Estar coordinado con los demás educadores del centro.
—Ser capaz de crear en la guardería un ambiente sereno.
—Saber dar al niño la afectividad necesaria.
—Ser capaz de observar y seguir las reacciones del niño y de actuar en consecuencia.
—Potenciar tanto las actividades que tienen por objeto la creación de hábitos —actividades que se repiten periódicamente y que crean un ritmo en la jornada escolar—, cuanto las actividades que, siendo diferentes cada día, estimulan al niño, evitando la rutina y el aburrimiento.

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Las guarderias

LAS GUARDERÍAS
Las guarderías empezaron siendo lugares donde literalmente eran «guardados» los hijos de las madres que trabajaban. Por eso surgieron al amparo de fábricas y empresas y contaron, por consiguiente, con el apoyo del Ministerio de Trabajo.
Más tarde, ante los problemas sanitarios que aparecían (diseminación epidémica de ciertas enfermedades, deficiencias de salubridad e higiene, etc.), muchas de ellas se convirtieron en centros asistenciales, asistidos, a su vez, por el Ministerio de Sanidad. Otro ministerio, el de Justicia, tomó también cartas en el asunto en el momento de controlar y tutelar a los niños huérfanos y abandonados.
Tutela, asistencia, control del niño, pero en ningún caso educación. Se suponía, y aún muchos así lo creen, que el niño debe ser educado en sus primeros años por sus padres (especialmente por la madre). El Ministerio de Educación, mientras tanto, no embarcaba al niño en la nave escolar hasta los 6 años.
Sin embargo, está admitido que la educación del niño empieza desde el momento de su nacimiento. Incluso —y son muchos los psicólogos y pedagogos que así lo afirman— los primeros años de la vida del niño son determinantes para su educación y para el grado de madurez del futuro adulto.
Cabe preguntarse entonces si para esta educación que el niño debe recibir desde que nace (¿cómo?, ¿dónde?, ¿cuándo?) es suficiente el marco familiar.
El padre y la madre son, desde todas las perspectivas, imprescindibles para el niño. Pero, ¿pueden ellos solos abarcar todos los aspectos de la educación del pequeño?
El entorno físico familiar —la casa—, estructurado en función de los adultos, ¿debe ser el único espacio de desarrollo de las aptitudes y habilidades del hijo?
Y la relación con los miembros de la familia, ¿es para el niño lo bastante rica como para conseguir una adecuada socialización?

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Causas provenientes de la familia o entorno social

La familia debe ser el continente natural del desarrollo del niño en todas sus dimensiones incluido el
académico.
Es importante un clima familiar sano, calmo y que valorice el aprendizaje.
Niños procedentes de hogares caóticos, empobrecidos económica y culturalmente, donde no se valoriza el conocimiento estarán en muy malas condiciones para aprender.

La madre debe poder aceptar la competencia fuerte que significa la maestra y la escuela, y tomarlos como ingredientes que ayudan a crecer a su hijo.
La familia debe ser capaz de apoyar el proceso de enseñanza – aprendizaje cálidamente y sin someter al niño a presiones exageradas de rendimiento competitivo. Es importante que los padres recuerden que sus hijos son bastante más que alumnos, y que si bien todos deseamos uruguayitos ilustrados también los queremos sanos y felices.
Estas causas no son excluyentes entre sí. Por lo general se asocian varias causas de diferente intensidad y peso específico. A todas las implicadas habrá que atender para sacar al niño de la situación de dificultad en la que se encuentra.
La dificultad para aprender trae por lo general consecuencias emocionales indeseables, tanto en el niño como en su familia. Con demasiada frecuencia vemos niños y padres con una muy baja autoestima como resultado de la baja performance escolar. Siempre debemos atender a este tipo de consecuencia emocional en el tratamiento de estos niños, para no correr el riesgo de que aunque le corrijamos los aspectos pedagógicos él siga pensando que “no puede.”
Este es un tema muy vasto que prometemos ampliar y profundizar en el futuro. Mientras tanto, atendamos dos temas especiales. El primero de ellos es el tema de los ADD/H: los niños con déficit atencional/hiperactividad, que tantos dolores de cabeza se causan a sí mismos, a sus padres y a sus maestros y que son tan frecuentes. Finalmente, un tema que me preocupa por su impacto en la vida cotidiana de las familias uruguayas: los deberes escolares.

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Causas provenientes de la escuela

Causas de la inadaptación se encuentran tanto en el aspecto formal de la escolaridad como en el contenido de lo que se enseña.
Diferentes niños funcionan diferente en relación al ritmo de enseñanza distribuido en el tiempo. Algunos toleran muy bien un régimen cargado de materias y exigencias, mientras que otros no pueden rendir porque, para ellos, eso significa una sobrecarga que no pueden manejar.
No todos los niños tienen la misma facilidad para las diferentes materias, y progresan a diferente ritmo unos de otros. Una escuela que respete y reconozca estas diferencias, podrá ir acompasando lo que se enseña a las necesidades de cada uno, sin suponer equivocadamente que se está enseñando a un hipotético e inexistente “niño promedio“.
Una escuela que atienda a promover un clima adecuado de enseñanza deberá ejercer una presión que no resulte excesiva ni que resulte en una competitividad salvaje entre los alumnos. Su contrapartida tampoco es deseable: no queremos escuelas permisivas y de baja exigencia que dejen a los niños desperdiciar sus potencialidades.
Lograr la motivación sana, la autosuperación, la disciplina y el entrenamiento en el esfuerzo en un clima cordial y de respeto por las diferencias es algo a pedirle a la escuela.

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Causas provenientes del niño

Las causas más frecuentes de dificultad o fracaso en el aprendizaje son las que llamamos inespecíficas porque son secundarias a otro tipo de trastorno. Incluimos aquí a aquellas dificultades de aprendizaje secundarias a trastornos emocionales.
La baja en el rendimiento o la dificultad para aprender a veces está señalando una dificultad emocional del niño. Ya vimos cómo, para poder aprender, el niño necesita tener la posibilidad psicológica de hacerlo. Cuando el niño tiene una preocupación extra muy grande o algún trastorno psicológico, es como si la energía psicológica necesaria para el aprendizaje estuviera siendo consumida por estos procesos. De hecho, la repercusión en el aprendizaje se ve precozmente cuando existe un sufrimiento psicológico. Con frecuencia el motivo de consulta es la dificultad escolar, y el psiquiatra, luego de una correcta historia y evaluación clínica detecta que lo que está en curso es una afección psicológica, como puede ser un trastorno por ansiedad o una depresión, de la cual la dificultad para aprender es sólo uno de los síntomas.
En otros casos, lo que el niño tiene es alguno de los llamados Trastornos disruptivos. Estos son trastornos que se manifiestan en la conducta del niño y que pueden tener muchas formas de expresión: inquietud excesiva, conducta oposicionista o desafiante, violación a las normas, etc. Por su frecuencia y por su importancia vamos a detenernos en el Trastorno por déficit atencional / hiperactividad

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Dificultades en el aprendizaje

Causas de la dificultad para aprender

Muchas son las causas por las cuales un niño puede no aprender lo que de él se espera. Estas causas pueden provenir de el mismo niño, o de la escuela o del ámbito familiar.

A) Causas provenientes del niño
Existen lo que llamamos dificultades específicas del aprendizaje, que dan cuenta de determinado porcentaje de niños que tienen dificultades para aprender. Representan un amplio grupo de déficits cognitivos que se presume que son constitucionales y determinados neurológicamente.
Ellos son la dificultad específica en la lectura (o dislexia), en la escritura, o en el cálculo matemático (discalculia). Muy frecuentemente se ven juntas.
La dislexia es la dificultad específica para la adquisición de la lectura: la precisión, velocidad y la comprensión están sustancialmente por debajo de lo esperado para la edad,para la inteligencia y para lo que se le ha enseñado. La lectura se hace con distorsiones, omisiones, y tanto la lectura en voz alta como en voz baja es muy lenta y con baja comprensión.
La discalculia puede expresarse por no entenderlos términos, operaciones o conceptos matemáticos, no reconocer símbolos numéricos o signos aritméticos, no poder seguir las secuencias matemáticas, o contar o aprender las tablas.
En el trastorno específico de la escritura existen generalmente una combinación de dificultades en la habilidad de componer textos escritos evidenciado por errores gramaticales o de puntuación, múltiples errores ortográficos y muy mala caligrafía.
Generalmente es un trastorno que se da en varios miembros de una misma familia, ya que existe una fuerte influencia genética.

Estas afecciones se sospechan clínicamente y se diagnostican a través de evaluaciones pedagógicas especializadas. Si se hace un diagnóstico precoz y una reeducación pedagógica adecuada y a tiempo, la evolución es favorable.
Además del tratamiento específico, los padres necesitan ayuda para manejar lo mejor posible la desilusión, la rabia y la culpa que las dificultades de su hijo puede legítimamente provocarles.
Ayudar a los padres y al niño a mantener la autoestima es el desafío mayor del tratamiento. Estimular al niño a que desarrolle otro tipo de actividades en las cuales pueda ser competente y semejante a los demás y aun experimentar éxito, suele ser un muy buen recurso para lograrlo.

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