
Cada uno a su ritmo.
Fui un bebe alto para mi edad. Pero no un bebé precoz. Muchos años después, mi mamá me explicó los problemas que eso le causaba: “Parecía que tenías dos años, pero claro, casi no caminabas, ni hablabas… Cuando te llevaba a la plaza, las otras madres te miraban extrañadas. Así que me pasaba el día diciendo: “Es que es muy alto, pero sólo tiene 14 meses’”.
El desarrollo de un chiquito es uno de los espectáculos más fascinantes de la naturaleza. Parece que cada día nos sorprende con una nueva habilidad: seguir con la mirada el rostro de su mamá, detenerse y prestar atención a un sonido, abrir los ojos y contener la respiración al oír los pasos de papá ¡porque sabe que le va a hacer cosquillas en la barriga!, darse vuelta, agarrar un sonajero.
Un buen día, ella sienta a su pequeña en el piso y no puede contener la risa al ver su carita de asombro cuando se va desplazando, desplazando, hasta caer, ¡pías!, de costado. Dos días después, ha aprendido a apoyar un bracito y reequilibrarse.
¿Y cuando descubre la manera de agarrarse a una silla y ponerse de pie? ¡Qué vértigo maravilloso, qué sensación de triunfo, qué gritos de orgullo y placer! ¡Qué susto cuando, al cabo de un rato, descubre horrorizada que no puede bajar y llama a su mamá para que la vuelva a sentar en el piso! Pocos días después ha aprendido a dejarse caer de cola, ya no hay límites para su audacia. ¡Esas son aventuras, y no esas tonterías de escalar el Everest o cruzar el Sahara en moto!
La diferencia entre un chiquito de 10 meses y uno de 15, o entre dos pequeños de 15 meses, es tan grande que enseguida llama nuestra atención y nos parece de la máxima importancia. Cualquier atisbo de precocidad nos colma de orgullo, cualquier indicio de atraso nos llena de angustia. Pero, ¿podemos observar diferencias entre una persona de 23 años y otra de 24? ¿Le servirá de algo a nuestro hijo haber caminado un mes antes?
“Mire, señorita, ha sacado usted una nota excelente en el psicotécnico, y su máster en gestión y dirección de empresas por la universidad de Yokohama es ciertamente impresionante. Desde luego, valoramos positivamente su dominio del inglés, alemán y japonés. Pero veo en su curriculum que no empezó usted a caminar hasta los 15 meses; y, francamente, para el cargo de product manger nuestra nueva inca de galletitas para gatos habíamos pensado en alguien con un perfil más dinámico, lo lamento.”

Antes de cumplir el año.
Un año.
Cuando el bebé tiene menos de seis meses, la separación parece más dura para la madre que para el bebé, siempre que esté bien cuidado y en un entorno afectivo que le proporcione estímulos adecuados. “A esta edad le es más fácil acostumbrarse a otras personas, aunque lo ideal es que sean los padres los que se ocupen de él”, dice la licenciada Nicolau.
La ansiedad por la separación y el miedo a los extraños suelen aparecer a los siete u ocho meses. Los pequeños son más conscientes de la diferencia entre su madre y otras personas, y pueden largarse a llorar cada vez que mamá se va. Pero este comportamiento se debe más al momento de su desarrollo que al hecho de separarse de ella. Incluso chiquitos que tienen una relación muy buena con mama suelen sufrir, a esta edad, una lase de ansiedad por la separación, independientemente de que los cuide su madre u otra persona.
Cuando son tan chiquitos, es mejor empezar con unas pocas horas de guardería o al cuidado de una niñera cada día y que, al principio, la madre esté presente hasta que el bebé se muestre confiado.
A esta edad, el chiquito necesita estabilidad y apoyo emocional. “La rutina diaria lo ayuda mucho -afirma Rosa Nicolau-. Es importante que ciertas cosas se mantengan siempre estables, por ejemplo, desayunar todos juntos en el mismo lugar hace que se sienta seguro.”
Por la misma razón, le viene muy bien llevar al jardín maternal un objeto de referencia (el osito con el que duerme, su muñeco preferido o su man-tita). Este elemento le hace-compañía y le da estabilidad porque siempre está con él.
Los cambias de guardería o de niñera son alteraciones importantes y hay que evitarlos, salvo que sean imprescindibles. “No es que los traumatice -dice la psicóloga-, pero les produce inestabilidad emocional: comen y duermen mal, lloran más…”
En esta etapa también se hacen más patentes las diferencias individuales. “Al mes de nacer, todo bebé muestra ya los rasgos de su temperamento (lo que coloquialmente denominamos carácter), que se considera hereditario. Y el chiquito maneja ya infinidad de recursos para expresarlo, como su capacidad de adaptación a los cambios y la regularidad en el sueño y en las comidas”, explica la licenciada Nicolau. Por eso la reacción de cada pequeño a la vuelta de su madre al trabajo es diferente, como lo será también su tiempo de adaptación.
“Los chicos ele temperan un to más difícil viven peor los cambios, listo hace que los padres se estresen más y su ansiedad alimente la del chiquito”, explica la psicóloga.
“Es este temperamento el que hace que ciertos pequeños lloren cada vez que los dejan en la guardería. Sus padres deben saber que no ocurre nada grave, es sólo la manera que tiene el chiquito de pasar su período de adaptación.”
A los pequeños de temperamento inhibido, que muestran un gran apego por sus padres y tienen dificultades para acercarse a otras personas, puede costarles aún mas la separación. En estos casos, deben estimularlos para que se relacionen con otros chitos y adquieran independencia.
Hay chicos que requieren un período de adaptación más largo, pero no suben una presión emocional tan Inerte como los chiquitos difíciles. Sólo hay que dejarlos que vayan a su ritmo.
En general, a esta edad, necesitan ver a sus padres tranquilos. Esta es la única forma de transmitirles que no va a pasar nada mientras papá y mamá no están.

Cómo y con quién dejarlo.
La vuelta al trabajo, después de una larga temporada ejerciendo exclusivamente de madre, es uno de los momentos más difíciles a los que se tienen que enfrentar muchas mujeres.
Posiblemente, la primera pregunta que se hacen estas madres es si realmente las compensa volver a trabajar. Unas veces, la economía familiar responde a esta pregunta; otras, aunque el sueldo materno no sea imprescindible, la madre necesita trabajar por amor a su profesión o para mantener su equilibrio emocional.
Afortunadamente para las mamas trabajadoras, no hay estudios que demuestren que sus hijos vayan a desarrollar más problemas que otros chicos que tienen madres a tiempo completo. La licenciada Rosa Nicolau, psicóloga infantil, nos tranquiliza: “Estos pequeños suelen tener una gran salud mental porque sus madres se preocupan mucho de la calidad del tiempo que pasan con ellos”.
Aunque la reacción de los chicos a la incorporación de su madre al trabajo depende de su edad, de su personalidad y de cómo lo enfoquen los padres, hay ciertas pautas válidas para cualquier edad.
La separación debe hacerse de forma gradual para que el hijo se vaya acostumbrando al espacio y a sus nuevos cuidadores. La madre debe estar tranquila y confiar, de verdad, en las personas a cuyo cuidado deja a su hijo, para que éste no perciba que está preocupada. Además, tiene que entender que es normal que un chico llore cuando su madre se va y transmitirle la sensación de que todo está bien. Y no tenemos en cuenta sólo a la mamá de un bebé. Por si acaso, y si es que ella decidió dejar de trabajar hasta que su hijo estuviera más cre-cidito, extendemos el momento hasta los 4-6 años, aproximadamente.

¿Por qué los vacunamos?
Cuando nuestro organismo toma contacto con un agente infeccioso se produce la activación del sistema inmunológico con el objetivo de fabricar una serie de sustancias conocidas como anticuerpos, que bloquearán y eliminarán la infección. Pero en esta batalla entre el germen agresor y nuestro organismo se pone en juego nuestra salud y, de acuerdo con el grado de agresividad del agente, podremos recuperarnos por completo, sufrir una discapacidad transitoria o permanente y, en los casos más graves, llegar a morir.
Si sobrevivimos a la infección, nuestro organismo habrá adquirido inmunidad natural ante este agente infeccioso, con lo cual, frente a un nuevo contacto con el mismo germen, se activa la memoria inmunológica que produce una rápida producción de anticuerpos, los que bloquean la infección antes de que ésta se disemine y produzca la enfermedad. Para prevenir algunas de estas enfermedades la ciencia médica ha desarrollado productos biológicos que producen la inmunización activa artificial, las vacunas.
¿Qué son las vacunas?
Son preparados que contienen al menos alguna parte de uno o más gérmenes determinados que tienen la capacidad de generar en nuestro organismo una respuesta inmunológica similar a la que produce el contacto con el germen en forma natural. De esta manera, dichas defensas quedan guardadas en la memoria inmunológica, que será activada al tomar contacto con el germen en cuestión evitando así la infección.
Lamentablemente, no existen vacunas disponibles contra todos los agentes infecciosos y, como es lógico, los esfuerzos de los laboratorios se dirigen a la investigación y fabricación de vacunas contra aquellos gérmenes que se consideran más agresivos o perjudiciales para el hombre. Es así como para enfermedades banales, como el resfrío común, no existen vacunas y sí se han diseñado para meningitis, hepatitis, sarampión, etc.
Las políticas de salud de cada país, de acuerdo con los recursos económicos, la prevalencia de las diferentes enfermedades y la morbimortalidad que ellas producen, determinan cuáles de todas las vacunas disponibles serán de aplicación obligatoria y gratuita, el número de dosis, el intervalo entre las diferentes dosis y cuándo deben aplicarse los refuerzos, con lo cual se conforma el calendario oficial.

Involucrar al padre
Actualmente es más habitual que el padre reserve las vacaciones cuando nace su hijo. De esta manera puede comprometerse durante las 24 horas del día, tanto en la atención al chiquito como en los cuidados que necesita la reciente madre.

Pasear a diario
Conviene caminar un rato todos los días, empezando por paseos cortos, para no cansarse. Estas salidas constituyen un estimulo para el desarrollo del bebé y la recuperación de la mamá. Desde que llega a casa, el bebé puede salir a diario. En invierno es mejor sacarlo en horas soleadas, a media mañana, y en verano, a primera o última hora del día.

Anotarse en un curso de posparto
Es imprescindible ir con el bebé y, siempre que sea posible, con la pareja. En ellos se comparten experiencias con otras mujeres que también han sido madres recientemente, se practican ejercicios de recuperación física, se favorece la adaptación de la pareja a la nueva situación y se clarifican muchas dudas sobre la lactancia.

Consolar al bebé cuanto antes
Cuando un bebé llora es por algo. Cuanto más tardemos en ir a su lado, más nervioso se pondrá y más difícil será consolarlo. Las caricias y los mimos le transmiten nuestro afecto y lo sosiegan. Algunos chiquitos son difíciles de tranquilizar, lo que puede poner a prueba la paciencia de la madre. En esos momentos, lo mejor es pedirle al papá que tome el relevo, respirar hondo y recuperar la calma.
Con el tiempo, todas las madres logran distinguir los llantos de sus hijos y reconocer mejor sus necesidades, pero no hay que sentirse mal; este período de aprendizaje es también positivo en el desarrollo de la maternidad.

Limitar las visitas
Tener todo el día la casa llena de gente no es lo más indicado; el bebé y la mamá necesitan tranquilidad y, en algunos momentos, los padres desean disfrutar de su hijo a solas.
Consolar al bebé cuanto antes
Cuando un bebé llora es por algo. Cuanto más tardemos en ir a su lado, más nervioso se pondrá y más difícil será consolarlo. Las caricias y los mimos le transmiten nuestro afecto y lo sosiegan. Algunos chiquitos son difíciles de tranquilizar, lo que puede poner a prueba la paciencia de la madre. En esos momentos, lo mejor es pedirle al papá que tome el relevo, respirar hondo y recuperar la calma.
Con el tiempo, todas las madres logran distinguir los llantos de sus hijos y reconocer mejor sus necesidades, pero no hay que sentirse mal; este período de aprendizaje es también positivo en el desarrollo de la maternidad.

Descansar siempre que sea posible
Aunque la madre se encuentre bien, debería evitar los esfuerzos en las primeras semanas. Si la economía familiar no permite pagar a una persona que ayude a mantener la casa limpia, no queda más remedio que dejar de ser perfeccionista. Además, como el sueño nocturno se verá, con toda seguridad, interrumpido durante varias semanas, conviene dormir a cualquier hora, aprovechando cuando lo haga el bebé.