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Autismo

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Terapia
La terapia del niño autista reposa en la constante combinación de dos aspectos: la psicoterapia, que permite el tratamiento global del trastorno, y el aprendizaje, motor del desarrollo intelectual del niño.
En una primera fase, la terapia se centra en una relación individualizada. El terapeuta realiza un contacto epidérmico (caricias, presiones), con el fin de romper el bloqueo inicial y de provocar en el niño una toma de conciencia de sí mismo.
En una segunda fase, se integra al niño en un grupo terapéutico adecuado a sus evoluciones sensorial y motriz, a su lenguaje y a su potencial intelectual. La estimulación programada de todos los sentidos es básica. Debido al gran temor a las distintas posiciones espaciales, deben variarse gradualmente las posiciones, ejes y planos. En cuanto a la visión, el autista responde a estímulos lineales (bordes iluminados, límites entre luz y oscuridad). La terapia consistirá en ayudarle a hallar la verdadera función de los estímulos que utiliza patológicamente. En la actividad motriz, se estimulan la percepción y la coordinación, la conciencia del propio cuerpo y la orientación. El tratamiento, individualizado, activará los aspectos motores del habla y la identificación de sonidos ambientales.
En una tercera fase, aparece la integración en las escuelas normales. En los casos en que sea aconsejable, debe realizarse de modo gradual y simultaneada con la terapia anterior. El maestro se convertirá, como antes el terapeuta, en la figura normativa que da seguridad y equilibrio al mundo caótico del niño autista. A veces, en el nuevo ambiente, se reproducen conductas ya superadas en el tratamiento: llanto sin motivo, agresividad, reacciones inadecuadas.

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Niño autista

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El autismo infantil
De cada 1.000 niños, 4 son autistas. El término «autismo» designaba antaño el repliegue sobre sí mismo del esquizofrénico adulto. Pero en 1943, el pediatra Leo Kanner. realizando estudios con niños psicóticos. descubrió que algunos de ellos manifestaban características comunes que les diferenciaban de los demás y que les asemejaban en este repliegue típico del esquizofrénico adulto. Kanner propuso el nombre de «autismo precoz infantil» para englobar el conjunto de estos casos.

El autismo infantil o psicosis precoz aparece antes de los 30 meses de vida. Consiste en un grave estancamiento del desarrollo psíquico y sus rasgos principales son los siguientes: —Alteración de la comunicación.

—Conducta social extraña.
—Necesidad de afirmar la identidad e intensa inmutabilidad.
Así, el interés de un niño autista se centra más en los objetos que en las personas, y aun tan sólo en aspectos muy concretos del objeto. Rechaza el contacto, en una cerrada actitud de retraimiento. No fija la atención ni la mirada. Su lenguaje sufre una fuerte regresión o aparece mucho más tarde y, aun cuando está bien estructurado, no llega a ser un instrumento de comunicación. Los gestos y movimientos tampoco son comunicativos. El niño autista se resiste a los cambios del entorno (juguetes, espacio, etc.). Esta incapacidad de enfrentarse al entorno le diferencia claramente del niño neurótico.
A menudo es difícil la detección de la enfermedad, pues una tercera parte de los niños autistas presentan otras anomalías añadidas. Los especialistas no han llegado todavía a un acuerdo sobre las causas del autismo. Existe división entre los partidarios de las causas genéticas y fisiológicas y los que abogan por factores emocionales (falta de afecto de los padres, sentimiento de culpabilidad por parte de la madre, etc.).

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