
La influencia del medio económico-social
Se tiende a considerar la educación como resultado de la interacción entre las aptitudes personales innatas y el medio en el que vive el niño. Por lo tanto, este medio es quizá el factor más determinante del índice de éxitos y fracasos escolares.
Los alumnos de nivel económico bajo presentan un mayor índice de fracasos. Ello tiende a marginarlos más de lo que estaban y a reproducir y perpetuar la desigualdad. Un estudio realizado en 1983 por la Sociedad General de Investigación Educativa demostró que entre los estudiantes de B.U.P. de clase media el índice de abandonos era del 0,8 %, mientras que en zonas periféricas de componente social bajo era del 29,6 %.
Por otra parte, el niño de ámbito rural también refleja un elevado índice de fracasos. Las causas de ello son: el desarraigo escolar, las limitaciones en la adquisición del lenguaje oral y escrito, el escaso uso de medios de comunicación y la falta de estímulos culturales. Tales limitaciones existen, asimismo, en las zonas urbanas más marginadas y económicamente deprimidas.
Hasta aquí se ha analizado el papel que interpretan, en el drama del fracaso escolar, el individuo, la familia, la escuela y el medio social, anotando causas y posibles alternativas. Pero estas últimas sólo serán realmente eficaces si. paralelamente, se produce un cambio de valores en la sociedad.
Quién sabe si el día en que se prefiera educar a niños para la felicidad y no para el éxito, para la cooperación y no para la competitividad. para la autonomía y el sentido crítico y no para la estandarización, quién sabe si este día el «fracaso escolar» no será un término sin sentido. Y si el día en que escuela y sociedad tiendan a una educación integral de la persona y no a una rentabilidad inmediata del estudiante, el fracaso escolar no habrá desaparecido.

Responsabilidad del sistema educativo
El sistema escolar durante mucho tiempo ha ignorado el proceso cognitivo del niño, si bien en estos últimos años se está intentando corregir en parte este problema. Existe un salto desmesurado entre la forma en que el niño va conociendo la realidad en los primeros años de vida (aprendizaje accidental) y las exigencias del período escolar (aprendizaje intencional).
La escuela activa o participativa intenta secar esta fuente de fracaso escolar. Los nuevos métodos de aprendizaje pretenden vincular las experiencias y los intereses del niño a su proceso evolutivo y a las tareas escolares. Pero ni los programas han sido siempre revisados con esta nueva óptica desde los ministerios, ni el sistema vigente de evaluación de aprendizajes suele ayudar a evitar el fracaso escolar, sino, más bien, a potenciarlo o perpetuarlo. La evaluación suele conducir a la selectividad, a la marginación, al desaliento y al fracaso.
El marco social y político exige un método de acreditación del estudiante ante el mundo laboral, el preciado título. Sin embargo, mientras la evaluación no deje de ser un cedazo de estudiantes para transformarse en un instrumento pedagógico, continuará prolongándose como causa fundamenta) de los fracasos escolares.
Actualmente, muchos pedagogos están apoyando el sistema de «evaluación continua»: el alumno no es juzgado y controlado por la cantidad de conocimientos que tiene antes y después del proceso de aprendizaje, sino que es valorado por la calidad de éstos durante el proceso mismo. Este nuevo sistema podría remediar a tiempo muchas de las dificultades de aprendizaje, así como ajustar la enseñanza a la evolución de cada alumno.
La Administración puede paliar el fracaso escolar desde diversos ángulos:
—Dando a la docencia un status más elevado.
—Garantizando la formación permanente del profesorado a fin de posibilitar la actualización de su metodología.
—Dotando a todos los centros de un gabinete psicopedagógico que, además de acometer la reeducación de los alumnos que lo requieran, colaborará con los maestros en la elaboración de los programas y en el análisis de la dinámica de cada grupo.
—Ofreciendo a cada alumno la posibilidad de desarrollar sus posibilidades al máximo y permitiendo el abandono del uso de un patrón único para todos.
—Reduciendo considerablemente la cantidad de alumnos por aula y maestro.
—Potenciando la guardería y el parvulario, en tanto que elementos indispensables en la educación del niño.
—Elaborando un plan de estudios coherente, que responda por un lado a las necesidades sociales y, por otro, a los intereses y a la evolución de los alumnos.

El papel de la escuela
Un planteamiento pedagógico que considere la cuestión del fracaso escolar en cada centro de enseñanza pasaría, en primer término, por estos puntos:
—Organizar en profundidad cada Ciclo (objetivos, metodología) y asegurar la coordinación de todo el equipo.
—Adecuar al máximo los programas y los métodos de aprendizaje del centro a los intereses concretos de los alumnos.
—Procurar al alumno el conocimiento directo del medio social donde está ubicada la escuela.
—Mantener una coordinación constante con la familia.
—Detectar cuanto antes las posibles dificultades, a fin de poder incidir en ellas desde el momento de su aparición.
No hay que olvidar que el alumno fracasado tratará de mantener su nivel de autoestimación y de recuperar la imagen perdida. Para ello, se irá apartando de las «causas» de su conflicto: los aprendizajes y contenidos difíciles; el maestro que le suspende, reprueba o margina; los compañeros que lo valoran negativamente. E irá a escudarse tras aquello que le permita mejorar su aceptación social: los compañeros favorables, la pandilla, las actividades en las que destaca, etc. Esta selección de actividades y de relaciones personales más cómodas le apartará aún más de su posible proceso de corrección o integración, con lo que la solución se hará cada vez más difícil.

El papel del maestro
El bajo rendimiento del alumno, además de pesar en el concepto de sí mismo que éste va construyendo, influye también en el concepto —cuando no en la etiquetación— que el maestro tendrá del alumno. Y esto conlleva, a menudo, un trato diferente y unas expectativas diferentes del educador en relación a los demás alumnos. Así, la marginación empieza en la propia aula.
Diversos estudios realizados han demostrado que la mayoría del profesorado tiende a atender y a estimular más a los alumnos de alto rendimiento que a los de bajo. Atenuantes a esta actitud, consciente o no, del profesor serían, claro está, el elevadísimo número de alumnos por aula y la urgencia de cumplir unos programas demasiado densos c inadecuados para la totalidad de sus alumnos.
Con el objeto de evitar esta marginación. el maestro, a pesar de las dificultades que le impone la estructura educativa, tiene en su mano diversas posibilidades de actuación:
—Observación diaria y en profundidad de todos los alumnos.
—Mantener una actitud positiva hacia todos los alumnos. Evitar la culpabilidad en el alumno retrasado, valorando su esfuerzo y su progreso y eludiendo las comparaciones con el resto de la clase.
—Atender a la totalidad de la persona, individualizando el trato con los alumnos y reforzando la relación maestro-alumno.
—Mantener una estrecha colaboración con el psicólogo, cuando lo haya, puesto que el trabajo de éste, para ser positivo en el marco de la escuela, debe quedar totalmente integrado en la actividad pedagógica del claustro. Ambos, maestro y psicólogo, unirán sus perspectivas, observando y analizando al niño y su dinámica en el interior del grupo-clase.

Repetir curso
Para decidir el paso de un Ciclo a otro, la escuela y los padres deben tener en cuenta que el niño evolucionará simultáneamente en tres aspectos: el emocional (vivencias y sentimientos), el intelectual (elaboración de la realidad) y el de la relación con los demás (socialización).
Las repeticiones de curso, en esta nueva ordenación por Ciclos, están reglamentadas de la siguiente manera:
—Los alumnos que no hayan adquirido el nivel requerido para proseguir los aprendizajes del Ciclo siguiente pueden permanecer un año más en el Ciclo.
—En los Ciclos Inicial y Medio, es la propia Escuela quien decide y debe comunicar la decisión a la familia.
—En el Ciclo Superior, por el contrario, son los padres quienes, aconsejados por la Escuela, toman la decisión.
—Al final del Ciclo Superior, sólo puede haber un desfase de dos años respecto a la edad cronológica.
—Se entregará el título de Graduado Escolar a los alumnos que hayan superado el nivel del Ciclo Superior, y un Certificado de Escolaridad a aquellos que no lo hayan alcanzado.
—El título de Graduado Escolar capacita para acceder al B.U.P. (Bachillerato Unificado Polivalente).
—El Certificado de Escolaridad solamente da acceso a la Formación Profesional de Primer Grado (F.P.).
—Únicamente los alumnos con deficiencias graves pueden permanecer en la Escuela con más de dos años de desfase respecto a su edad cronológica. Con un documento que dé testimonio de su incapacidad, pueden permanecer en la Escuela hasta los 18 años.

El Ciclo es considerado como una unidad temporal más amplia que los cursos y posibilita una mayor flexibilidad en la agrupación de los alumnos.
La edad cronológica, que en principio sirve de base para la división en cursos, debe quedar, si es necesario, supeditada a la maduración global de cada niño, a su ritmo personal y a la evolución de su pensamiento lógico. Por ello se aconseja a veces romper la estructura lineal de las aulas y crear, esporádicamente, otros niveles de organización. Por ejemplo: grupos de trabajo con alumnos de cursos consecutivos que tengan dificultades comunes frente a algunos aprendizajes o que coincidan en un momento concreto de su maduración global.
El Ciclo posibilita también que los alumnos que progresan más lentamente puedan alcanzar los objetivos terminales del Ciclo, permaneciendo un año más en él sin que por ello se les considere «suspendidos» o «repetidores». Este matiz, sin embargo, depende mucho de la escuela.
Atendiendo al modo de operar con la realidad y al carácter de los aprendizajes básicos de cada Ciclo, se puede establecer el siguiente esquema:
Guardería y Parvulario:
Actividad manipulativa y motriz. Aprendizaje de la autonomía. Ciclo Inicial:
Acercamiento a la realidad por la intuición y la percepción. Dominio de las técnicas instrumentales: lectura, escritura, cálculo.
Ciclo Medio:
Contacto con la realidad mediante operaciones mentales concretas. Dominio de los sistemas operativos de comprensión de la realidad.
Ciclo Superior:
Acercamiento a la realidad a través del pensamiento abstracto. Dominio de los sistemas conceptuales y organización de los conocimientos adquiridos.

Importancia del Parvulario
Se dispone también que la programación de Educación Preescolar y Ciclo Inicial (en los centros en que aquélla exista) esté coordinada por el profesorado de ambos niveles. Y se establece que las escuelas elaboren programas especiales de adaptación para que los alumnos que no hayan recibido Educación Preescolar puedan seguir con aprovechamiento los contenidos del Ciclo Inicial.
Esta última disposición intenta paliar la discriminación a que están sujetos los niños por el hecho de no existir una enseñanza preescolar obligatoria. Cuando la Enseñanza General Básica abre las puertas de su Ciclo Inicial a la población infantil, ésta queda ya diferenciada entre los niños que han podido asistir al Parvulario y los que no han recibido los estímulos suministrados por una educación preescolar. Conviene recordar que los estímulos y valores que ofrece el Parvulario son los siguientes:
—Crear un conjunto de experiencias que pueda enriquecer el entorno natural del niño.
—Potenciar activamente el desarrollo físico y cognitivo, mediante el conocimiento y el dominio del cuerpo y mediante la psicomotri-cidad.
—Perfilar las bases del pensamiento: percepción, representación, primeras nociones de espacio, de tiempo, de causalidad.
—Lograr la adquisición de hábitos personales y de relación con el fin de potenciar el proceso de socialización.
—Desarrollar el lenguaje del niño.
—Suministrar al alumno las técnicas que más tarde precisará: bases para la lectura y escritura, números, relaciones, etc.

La Educación General Básica
La Educación General Básica (E.G.B.), período de escolaridad obligatoria que abarca de los 6 a los 14 años, estuvo en su origen (1970) dividida en dos etapas: Primera Etapa (6-11 años) y Segunda Etapa (11-14 años).
Después de varios cursos de funcionamiento y experiencia, se inició una profunda revisión de la estructura del sistema educativo. Era preciso adaptarlo a la evolución de la ciencia pedagógica y a la cambiante configuración del país.
De esta manera, en 1981 un Real Decreto estableció una nueva Ordenación de la Educación General Básica. Se pasó entonces de la estructura en etapas a una estructura en ciclos, y se explícito que con esta regulación se pretendía «garantizar a todos los niños españoles una base cultural homogénea, que puede ser ampliada y diversificada de acuerdo a las características propias de cada región o nacionalidad, en el ejercicio de las competencias que les confieren sus respectivos Estatutos de Autonomía».
En el artículo primero del Decreto queda definida la nueva ordenación:
CICLO INICIAL: Comprende los cursos 1.° y 2.° de E.G.B. CICLO MEDIO: Comprende los cursos 3.°, 4.° y 5.º de E.G.B. CICLO SUPERIOR: Comprende los cursos 6.°, 7.º y 8.° de E.G.B.
La superación de estos tres ciclos es condición indispensable para la obtención del título de Graduado Escolar.

Escuela nueva, escuela renovada, escuela activa, escuela participativa… He aquí unos calificativos que sirven para definir la transformación operada en la institución escolar. Pero, ¿de dónde procede esta transformación?
A finales del siglo XIX. surgió en Europa, como consecuencia de las investigaciones en el campo de la psicología infantil, asi como de la evolución ideológica de la burguesía, un movimiento de renovación pedagógica que originó unos métodos de enseñanza nuevos y opuestos a los tradicionales. Estos métodos, fundamentados en las teorías de Ferriére, Decroly, Freinet. Montessori, Dewey, etc., fueron llevados a la práctica ya en las primeras décadas del presente siglo. Algunos de estos pedagogos estimularon incluso la creación de escuelas en España (Decroly, Montessori). El movimiento, llamado Escuela nueva, estaba bajo el control del Bureau International des Écoles Nouvelles.
La nueva pedagogía, que considera la infancia como una etapa evolutiva en la vida del individuo, convierte al niño en el centro de la educación y potencia al máximo su autonomía, actividad e intereses. Así. el maestro deja de ser el único poseedor del saber y el simple transmisor de conocimientos. Valores que parecían inmutables son cuestionados y contrapuestos a otros:
—Al autoritarismo tradicional se contrapone la participación y la espontaneidad.
—Al protagonismo del maestro-adulto, el protagonismo del alumno-niño.
—A la transmisión verbal de conocimientos teóricos y abstractos, el descubrimiento activo.
—A la teoría, la experimentación. —Al sedentarismo. la actividad.
—A la uniformidad de la media, el derecho a la individualidad del alumno.
—A la imitación de arquetipos, la creatividad.
El objetivo de la enseñanza no consiste simplemente en instruir al niño y darle unos modelos de conducta, sino en desarrollar al máximo todas sus aptitudes y capacidades, en fomentar su interés por el mundo que le rodea, en infundirle autonomía, responsabilidad y sentido crítico.
En España, la renovación pedagógica se realizó sin un proceso de reflexión ¡o bastante profundo y supuso, por ello, que considerara negativos algunos valores de la pedagogía tradicional que seguían siendo válidos. En este sentido, las distancias entre los dos tipos de escuela se van acortando actualmente, de modo que el espíritu de la Escuela nueva está presente en cierta medida en centros de enseñanza que difícilmente pueden ser calificados de activos o partici-pativos.

Escuela pública y escuela privada
La división de la enseñanza en pública y privada —según dependa del Estado o de personas o instituciones particulares— ha suscitado, desde siempre, enraizadas polémicas. Y continúa siendo inevitable Ja comparación entre los dos tipos de escuela. Al margen de entrar en el debate de si es lícito o no que la educación esté en manos de unos o de otros, cabe reflexionar sobre los condicionamientos que inciden en la calidad de enseñanza en ambos sistemas.
La enseñanza pública, gratuita, abierta a todos los niveles sociales, acoge mayoritariamente a las clases más populares. Las clases acomodadas prefieren —aunque últimamente en menor grado— llevar a sus hijos a una escuela privada.
¿Qué «lastres» deterioran la imagen de la escuela pública? A menudo la falta de instalaciones adecuadas y de material. Pero su deficiencia más grave es la de no poder disponer de un equipo pedagógico estable, a causa de los constantes cambios de maestros a que conduce el sistema de oposiciones y traslados.
La escuela privada, en cambio, cuando ha surgido por iniciativas de inquietud pedagógica y no por intereses lucrativos, aparte de ofrecer una infraestructura y una dotación material digna, presenta una estabilidad y una tradición pedagógica que benefician la calidad de la enseñanza. Algunas de estas escuelas son modelos a imitar, pero generalmente, por razones de índole económica, se convierten en escuelas clasistas.