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El recreo escolar

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Un tentempié para el recreo.
En las primeras semanas de escuela un par de golosinas extra seguro les aliviará el cambio de «picar» varias veces al día a comer sólo cuando corresponde por horario.

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La ropa para ir a la escuela

Poner en orden su ropa.
Es importante que nuestros hijos tengan las mudas adecuadas: suficientes camisetas y pantalones, zapatos cómodos y sencillos de abrochar, chamarras con cierre, botones y veleros fáciles de abrir y cerrar por manos pequeñas… En la medida de lo posible, debemos permitir que los niños elijan lo que quieren ponerse; eso eliminará las batallas diarias sobre la ropa y les dará cierta sensación de autonomía. Otro apunte: no conviene comprar toda la ropa antes de que empiece la escuela porque nunca se sabe con certeza qué van a necesitar, más allá del uniforme, hasta que no empiecen las clases.

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De regreso a la escuela

De regreso a la escuela.

Preparados, listos… ¡ya!.
Mientras unos lo toman con resignación, otros están ansiosos por empezar el nuevo ciclo escolar. A la larga, las clases pueden llegar a ser cansadas, pero ello tiene solución.

A la cama se ha dicho.
Si los niños se han estado acostando a una hora más tardía de la habitual, conviene reacostumbrarlos de manera gradual al nuevo horario. Los que tienen entre 5 y 8 años necesitan alrededor de 12 horas de sueño y, aunque los más pequeños pueden echarse una siesta en la escuela, en primaria apenas tienen tiempo de descansar. «Cumplir cada día con la hora de acostarse es fundamental para que los hijos descansen lo suficiente, se levanten a su hora y rindan en clase», señala Julia Juárez, madre de tres niños.

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Comportamiento en la escuela

Mi hijo les pega a los otros chicos
Alrededor de los cinco años, y a veces antes, algunos chicos demuestran una gran agresividad hacia los demás pequeños. Esto crea no pocos problemas a sus padres, ya que deben enfrentarse a quejas constantes, pero sobre todo es peligroso para los propios chicos, que suelen quedarse aislados cuando lo que más desean es afecto. Reflexionar sobre el tema. Los padres deben preguntarse si no serán ellos un poco “sueltos de mano” (en estas cosas suele cundir el ejemplo). También puede ser que les digan a cada momento: “Como sigas molestando te voy a dar a un bife”, y de esa forma le den ideas a su hijo. Cómo actuar. Cada vez que un chico les pegue a sus compañeros, debemos separarlo del grupo con firmeza, pero sin violencia y con total tranquilidad. Habrá que decirle además: “Como no sabes jugar con tus amigos, tendrás que jugar solo. Volverás cuando sepas controlarte”. Una vez que se calme lo haremos comprender, con buenos modos, que no puede enojarse a cada momento y menos aún pegar. El niño de esta edad es muy influenciable y en realidad está deseando agradarnos y hacer amigos. Si dice que no puede contenerse o reincide, no nos desanimemos. Debemos mostrarle nuestra confianza en que aprenderá a controlarse y que así se divertirá más y tendrá amigos. Los elogios ayudan. Tan importante o más que lo anterior es reconocerle sus progresos. “Hoy jugaste muy bien”, “Mira qué bien lo pasas y cómo te quieren ahora los otros chicos”. Es bueno elogiarlo por ser amistoso y comunicativo, y explicarle sus ventajas. Apenas está saliendo de su egocentrismo y, a veces, le cuesta adaptarse a las normas del juego compartido.

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Las guarderías

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Las guarderías, los bebés y las mamas

María Eugenia Ferrín (Corrientes)
Necesito terminar mis estudios universitarios y eso me lleva a tener que dejar a mi bebé de cuatro meses en una guardería. ¿Será perjudicial para él? ¿Cómo puede afectarlo? ¿Es conveniente que lo deje allí muchas horas o debo visitarlo de vez en cuando? Realmente esto me tiene muy preocupada ya que no quiero que mi hijo sufra.
Nos preguntas acerca de la necesidad de dejar a tu hijo en un jardín maternal y creemos que debemos pensar juntos algunas cosas. La elección de la guardería obedece a una necesidad, pero el éxito en el intento depende ante todo de la seguridad que la mamá y el papá tengan acerca del tema. La elección debe ser cuidadosa, tanto como lo fue antes la elección del pediatra. El lugar elegido será tan agradable “como la propia casa” y el personal tan responsable como los propios padres, afectivo y profesional al mismo tiempo.
La tarea de sustituir a mamá y papá es una cuestión compleja que debe abordarse con profesionalismo. Esto quiere decir conociendo las necesidades del niño de acuerdo con sus momentos evolutivos. No es la apariencia del lugar lo que debemos “comprar”; lo que hay que buscar y descubrir es su calidad. El ambiente tiene que ser amplio, limpio, luminoso, soleado, aireado, con amplios espacios para el juego y el descanso. También es importante conocer la cocina y la calidad de la dieta. El personal debe acreditar su formación, tanto para estar con los chicos como para desempeñarse frente a la institución.
Según los distintos momentos evolutivos del niño, la dirección del Jardín Maternal o guardería indicará si es pertinente visitarlo o no; si es bueno que lo retiren distintos miembros de la familia o lo saquen de paseo los abuelos o los tíos. Encontrar una institución que nos merezca confianza será fundamental para darle seguridad al niño.

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Consejos de eleccion para el colegio de un hijo

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Criterios de elección
Un buen colegio requiere, de entrada, un buen edificio, capaz de crear un ambiente alegre, cálido y educativo. Nada de diseños arquitectónicos complicados, de planta muy dispersa, laberíntica, con demasiadas paredes y pasillos largos y oscuros, aquí y allá. También hay que descartar los centros con muchos pisos, con pocas ventanas o muy chiquitas; los que tienen aulas minúsculas, siempre con luz artificial o con mala ventilación. Huyamos de las escuelas con poco espacio exterior para el juego, sin arena, sin vegetación.
Los aconsejables son los centros educativos construidos en plantas rectangulares y diáfanas, de tres alturas como mucho; colegios con amplios ventanales que den luz y ventilación natural directas; con aulas espaciosas, de buena acústica; con un gran patio de recreo, con plantas, arbolado, agua, arena, etc. En definitiva, un lugar que proyecte comodidad, seguridad y suficientes estímulos a los chicos y facilite así el aprendizaje.
Un buen colegio es aquel que no sólo se preocupa de ofrecer actividades extraesco-lares variadas, deportivas y culturales sino que, además, responde de su calidad con personal especializado que las imparte, espacios adecuados donde desarrollarlas, materiales suficientes para realizarlas, número adecuado de chicos para que las puedan aprovechar… Es decir, lo menos parecido a una excusa para hacer negocio.
Un buen colegio es el que dispone de servicios complementarios para satisfacer las necesidades de las familias. Es esa escuela que acoge a pequeños antes de la hora habitual de entrada porque sus padres así lo precisan; que, además, cuenta con un servicio de comedor en el que la calidad es plato del día y con un transporte escolar con todas las garantías de seguridad.
Asimismo debe pensar en las posibles dificultades de aprendizaje de sus alumnos, incluso, en sus necesidades educativas especiales, y ofrecer un equipo de orientación psicopedagógica que colabore con los maestros y que realice una evaluación periódica de los chicos y un seguimiento de los casos problemáticos.
Y también son importantes sus profesionales: maestras y maestros que deberán conformar un equipo cohesionado, dispuesto a colaborar en la planificación de las metas educativas, con autoridad en la elección de los métodos pedagógicos; un equipo estable, ajeno a renovaciones frecuentes, para así dar continuidad al trabajo y seguridad a los chicos, año a año.
Junto a todos estos requisitos, es necesario que la institución estimule la participación de los padres: proponiéndoles actividades concretas, pidiéndoles colaboración en la aplicación de las normas de disciplina y orden, apoyando el trabajo de los maestros…

Puede haber problemas de admisión
Como un buen colegio es lo que todos deseamos para nuestros hijos, no siempre resulta fácil conseguir que los admitan donde queremos. Entonces entran enjuego los criterios de admisión.
Los colegios públicos se rigen por las normas del Ministerio que establecen una escala de puntuación. Lo que más puntos concede es la proximidad del hogar de los padres a la escuela; después, si hay hermanos que ya están en la escuela. El plazo de presentación de las solicitudes suele ser en noviembre.
En los colegios privados, cada cual establece sus requisitos, aunque casi todos coinciden en aplicar tests psicológicas y de personalidad a los niños y en la realización de entrevistas a los padres. Se trata de comprobar las posibilidades de adaptación de los futuros alumnos a las exigencias del colegio y de ver la afinidad de la familia con el “ideario” de la institución.

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Como elegir el colegio a mi hijo

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El colé es su segundo hogar. Hay que elegirlo bien, pero no es fácil: cada chico necesita un tipo de escuela diferente.

La escuela ejerce una influencia decisiva en el desarrollo integral del niño; no sólo en los aspectos intelectuales, sino también en la educación de su faceta afectiva y en su socialización. Por eso, no equivocarse en la elección de lo que será su segundo hogar es de vital importancia.
Pero, ¿cómo estar seguros de nuestro acierto?, ¿por qué colegio decidirnos?: el más próximo, el mejor construido, el que mayor número de actividades ofrece, el de más fama, el más caro… Muchas familias nos preguntan si existe algún criterio que permita calibrar de antemano la eficacia de una escuela.

Respuesta a las necesidades del niño
Ante todo, si lo que se busca es un estereotipo, un modelo de escuela capaz de garantizar la calidad de enseñanza, debemos decir que no lo hay. La razón es bien sencilla: los chicos son tan distintos entre sí, tan diversas sus motivaciones, tan desiguales sus capacidades, que lo favorable de un colegio para unos puede perjudicar a otros. Hasta tal punto esto es así que, en realidad, cada niño necesitaría su propio tipo de escuela.
Por lo tanto, éste debe ser el primer requisito de una buena escuela: que sea capaz de satisfacer las necesidades particulares de cada alumno, que sepa adaptarse a su ritmo
de aprender, que lo haga sentirse seguro, feliz y alegre. Así, sólo viviendo su vida escolar nuestro hijo traducirá lo que de bueno o malo tiene su colegio, si lo disfruta o lo sufre, si lo ayuda o lo margina, es decir, si hemos acertado o no al elegirlo.
Luego, el hecho de que la institución sea pública o privada apenas tendrá importancia. Será una cuestión que depende de las preferencias de los padres, de su ideología, de sus posibilidades económicas o, incluso, de sus necesidades, pero no de una diferencia real en cuanto a la calidad de su educación, ya que ninguno de los dos modelos puede asegurar, de entrada, su completa eficacia.
Pese a esta falta de garantías inicial, existe un conjunto de requisitos que toda buena escuela debe poseer y que, cuando no se reúnen, a menudo condicionan negativamente la calidad educativa.

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Educacion niños

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La influencia del medio económico-social
Se tiende a considerar la educación como resultado de la interacción entre las aptitudes personales innatas y el medio en el que vive el niño. Por lo tanto, este medio es quizá el factor más determinante del índice de éxitos y fracasos escolares.
Los alumnos de nivel económico bajo presentan un mayor índice de fracasos. Ello tiende a marginarlos más de lo que estaban y a reproducir y perpetuar la desigualdad. Un estudio realizado en 1983 por la Sociedad General de Investigación Educativa demostró que entre los estudiantes de B.U.P. de clase media el índice de abandonos era del 0,8 %, mientras que en zonas periféricas de componente social bajo era del 29,6 %.
Por otra parte, el niño de ámbito rural también refleja un elevado índice de fracasos. Las causas de ello son: el desarraigo escolar, las limitaciones en la adquisición del lenguaje oral y escrito, el escaso uso de medios de comunicación y la falta de estímulos culturales. Tales limitaciones existen, asimismo, en las zonas urbanas más marginadas y económicamente deprimidas.
Hasta aquí se ha analizado el papel que interpretan, en el drama del fracaso escolar, el individuo, la familia, la escuela y el medio social, anotando causas y posibles alternativas. Pero estas últimas sólo serán realmente eficaces si. paralelamente, se produce un cambio de valores en la sociedad.
Quién sabe si el día en que se prefiera educar a niños para la felicidad y no para el éxito, para la cooperación y no para la competitividad. para la autonomía y el sentido crítico y no para la estandarización, quién sabe si este día el «fracaso escolar» no será un término sin sentido. Y si el día en que escuela y sociedad tiendan a una educación integral de la persona y no a una rentabilidad inmediata del estudiante, el fracaso escolar no habrá desaparecido.

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Educacion

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Responsabilidad del sistema educativo
El sistema escolar durante mucho tiempo ha ignorado el proceso cognitivo del niño, si bien en estos últimos años se está intentando corregir en parte este problema. Existe un salto desmesurado entre la forma en que el niño va conociendo la realidad en los primeros años de vida (aprendizaje accidental) y las exigencias del período escolar (aprendizaje intencional).
La escuela activa o participativa intenta secar esta fuente de fracaso escolar. Los nuevos métodos de aprendizaje pretenden vincular las experiencias y los intereses del niño a su proceso evolutivo y a las tareas escolares. Pero ni los programas han sido siempre revisados con esta nueva óptica desde los ministerios, ni el sistema vigente de evaluación de aprendizajes suele ayudar a evitar el fracaso escolar, sino, más bien, a potenciarlo o perpetuarlo. La evaluación suele conducir a la selectividad, a la marginación, al desaliento y al fracaso.
El marco social y político exige un método de acreditación del estudiante ante el mundo laboral, el preciado título. Sin embargo, mientras la evaluación no deje de ser un cedazo de estudiantes para transformarse en un instrumento pedagógico, continuará prolongándose como causa fundamenta) de los fracasos escolares.
Actualmente, muchos pedagogos están apoyando el sistema de «evaluación continua»: el alumno no es juzgado y controlado por la cantidad de conocimientos que tiene antes y después del proceso de aprendizaje, sino que es valorado por la calidad de éstos durante el proceso mismo. Este nuevo sistema podría remediar a tiempo muchas de las dificultades de aprendizaje, así como ajustar la enseñanza a la evolución de cada alumno.
La Administración puede paliar el fracaso escolar desde diversos ángulos:
—Dando a la docencia un status más elevado.
—Garantizando la formación permanente del profesorado a fin de posibilitar la actualización de su metodología.
—Dotando a todos los centros de un gabinete psicopedagógico que, además de acometer la reeducación de los alumnos que lo requieran, colaborará con los maestros en la elaboración de los programas y en el análisis de la dinámica de cada grupo.
—Ofreciendo a cada alumno la posibilidad de desarrollar sus posibilidades al máximo y permitiendo el abandono del uso de un patrón único para todos.
—Reduciendo considerablemente la cantidad de alumnos por aula y maestro.
—Potenciando la guardería y el parvulario, en tanto que elementos indispensables en la educación del niño.
—Elaborando un plan de estudios coherente, que responda por un lado a las necesidades sociales y, por otro, a los intereses y a la evolución de los alumnos.

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La escuela

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El papel de la escuela
Un planteamiento pedagógico que considere la cuestión del fracaso escolar en cada centro de enseñanza pasaría, en primer término, por estos puntos:

—Organizar en profundidad cada Ciclo (objetivos, metodología) y asegurar la coordinación de todo el equipo.
—Adecuar al máximo los programas y los métodos de aprendizaje del centro a los intereses concretos de los alumnos.
—Procurar al alumno el conocimiento directo del medio social donde está ubicada la escuela.
—Mantener una coordinación constante con la familia.
—Detectar cuanto antes las posibles dificultades, a fin de poder incidir en ellas desde el momento de su aparición.
No hay que olvidar que el alumno fracasado tratará de mantener su nivel de autoestimación y de recuperar la imagen perdida. Para ello, se irá apartando de las «causas» de su conflicto: los aprendizajes y contenidos difíciles; el maestro que le suspende, reprueba o margina; los compañeros que lo valoran negativamente. E irá a escudarse tras aquello que le permita mejorar su aceptación social: los compañeros favorables, la pandilla, las actividades en las que destaca, etc. Esta selección de actividades y de relaciones personales más cómodas le apartará aún más de su posible proceso de corrección o integración, con lo que la solución se hará cada vez más difícil.

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