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Aprender a escribir

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CAMBIOS DE MANO.
Probablemente te hayas dado cuenta del rechazo de tu hijo a coger las cosas con la mano derecha o de su preferencia por realizar ciertas funciones con la izquierda. Y sin embargo, esto no significa de ninguna manera que el niño vaya a ser zurdo. La mayoría de los pequeños va cambiando de mano, y muy a menudo usa las dos al mismo tiempo hasta que, finalmente alrededor de los 4 años se establece la preferencia por una u otra, y a los 8 años, si no se le ha intentado modificar, su lateralidad ya está establecida. Se habla de laterali-dad pura cuando domina el mismo lado en mano, pie y ojo, mientras que la lateralidad cruzada se refiere por ejemplo a ser diestro de mano y zurdo de ojo o viceversa. Hay además, diversos grados de predominio. Así, los niños que se han lateralizado más temprano son los que tienen el predominio más fuertemente establecido en la mano escogida. En cuanto a los ambidiestros, existen varias teorías. Unas sostienen que los ambidiestros son los que aún no han establecido su lateralidad, y por tanto utilizan ambas manos para realizar sus tareas; otras los definen como aquellos que han desarrollado su potencial mejor que la mayoría de las personas y son capaces de usar muy bien las dos manos. Para otros investigadores, el ambidiestro es el zurdo que ha sido forzado a utilizar la derecha desde pequeño. Déjale a su propio aire y usará su lado preferido hasta que finalmente decida. A menudo esto coincide con el comienzo de la escritura. Si al final elige la izquierda debes ayudarle a “saborear su diferencia, a explorarla, poniendo cuidado en señalarle las ventajas que puede comportar su situación excepcional. Muchos zurdos han desarrollado grandes aptitudes para la música o el arte.

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Lo niños que son zurdos

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Eva todavía recuerda cómo en la escuela la obligaban a colocar la mano izquierda en la espalda o en cualquier lugar donde “no le creara problemas” e incluso tenía que llevar una cinta roja en la muñeca derecha para acordarse de que era malo usar la izquierda. Como ella, muchos pequeños tuvieron que sufrir las humillaciones de profesores y compañeros, por el hecho de ser zurdos. De esto no hace tanto tiempo. Diane Paul, en su libro “Vivir siendo zurdos cuenta cómo los niños en las escuelas eran obligados hasta hace bien poco, a utilizar la mano derecha y recibían duros castigos y palmetazos si no obedecían. Lo único que se conseguía así eran problemas educativos y sobre todo, miedos e inseguridades. Pero ¿qué sabían los maestros acerca del predominio del hemisferio derecho del cerebro? Y peor aún, ¿qué podía entender un niño sobre este tema?

EL DERECHO A SER DIFERENTE.
Hoy sabemos que el zurdo es simplemente aquel que hace las cosas al revés que los diestros, con las dificultades que ello comporta en un mundo diseñado por y para la mano derecha. O dicho de una forma más científica, el zurdo es aquél cuyo lado dominante del cerebro es el derecho. Este lado del cerebro controla el lado izquierdo del cuerpo, no únicamente la mano, sino también el brazo, el ojo o el pie. Aunque hoy en día ya no se considera una enfermedad, la zurdera todavía es entendida por algunas personas como una dolencia que hay que corregir. De hecho, no te resultará extraño ver detrás de un niño zurdo a su abuelo o abuela tratando de explicarle que debe servirse de su «mano buena» y no de la «mano sucia». Y es que el vocabulario también forma buena parte de este proceso de margi-nación al que se ha sometido a los zurdos a lo largo de la historia. Expresiones como “levantarse con el pie izquierdo”, “ser su ojito derecho” o “hacer las cosas al derecho”, son el legado de años y años de intolerancia hacia el lado izquierdo, que además, es sinónimo de siniestro, equivocado y desfavorable en varios idiomas.

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Los sueños de los padres reflejados en los hijos

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Algunos padres suelen sentirse culpables por dedicar el día a hacer algo que les gusta y por eso creen que tienen el deber de plantearle a sus hijos alguna ocupación que los mantenga distraídos, ya que, de ese modo, se nota menos su ausencia. Al acercarles entretenimiento, se convencen de que no los abandonan.
Pero también están los que vuelcan en ese hijo-proyecto de hombre (o de mujer) sus propias aspiraciones insatisfechas e intentan que aprendan de todo como compensación de su propio tiempo perdido. O los que hacen que siempre estén ocupados para encubrir de ese modo la necesidad de “depositarlos” en algún lado a cargo de alguien que, para ellos, es especializado. No saben o no pueden compartir la espontaneidad de la interacción con sus hijos. Ante cualquier necesidad o pedido de ayuda encuentran un “sustituto calificado” para que les preste atención en lugar de ellos.
Obviamente, existe asimetría entre lo que es un padre y lo que es un hijo. En todas estas posibilidades se igualan las actividades y responsabilidades. Y el hecho de que padres e hijos se mantengan ocupados en lo suyo evita encontrarse, hablar, expresar gustos
y necesidades y no permite que surja naturalmente lo que cada uno quiera hacer.
Es muy interesante tener una vocación, interés o inclinación hacia algo muy preciso, y si se lo tiene hay que desarrollarlo. Pero lo que irá siempre en contra del propio desarrollo será la estimulación que supere lo necesario. De ese modo, el placer por hacer algo se convertirá en sólo la necesidad de hacerlo.

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Las actividades extraescolares

Muchas de las actividades extraescolares son el resultado de necesidades familiares cruzadas con exigencias sociales
Algunos padres transforman a sus hijos -la mayoria de las veces sin intencion alguna- en sujetos pasivos frente a algo, como puede ser un televisor; otros los convocan para que sean participes incondicionales y casi compulsivos de todo aquello que crean beneficioso para su future
Ni observador ni participe compulsivo. Para crecer existe la necesidad de aprender a estar solo, de reflexionar y de saber esperar. El espacio para pensar o el placer que proporciona el ocio son tan necesarios como la actividad. Es esperable que a un deseo le siga un pensamiento o una idea para lograrlo y que, luego, a su tiempo, se plasme en la accion. Cuando las ganas de algo pasan irremediablemente a ser una accion para satisfacerse aparecen los actos compulsivos, aquellos que no se pueden dejar de hacer, al tiempo que se saltea toda reflexion para poder elegir.
Antes, hace muchos anos, el dibujo, el piano o la costura ocupaban algunas de las horas de ocio. Eran actividades que, por placer o por deber, se aprendian por si alguna vez llegaban a ser necesarias. Ahora, toda la oferta tecnificada y mediatizada, idiomas, computacion o futbol corren tras el exito economico o el prestigio social.

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Los niños sobreestimulados

Ivan y Belen tienen 9 y 11 años. Sus padres son dos profesionales con sus dias muy ocupados. Los chicos, a imagen y semejanza, recibieron el mandato de “ocuparse” para ser personas exitosas.
Ivan comparte el colegio de doble escolaridad con su hermana y, cuando vuelve, alrededor de las cinco de la tarde, va a entrenarse para jugar al fútbol tres veces por semana. Los dias que no tiene entrenamiento concurre a un curso de computación y a dos clases semanales de guitarra. Los sábados por la mañana toma su clase de tenis y los domingos peregrina con su padre por distintos clubes del Gran Buenos Aires para participar en torneos de fútbol.
Belen también aprende computación y matiza su semana con clases de cocina. Martes y jueves, entrada la noche, concurre a clases de teatro y una vez por mes asiste a un taller literario para niños. Los sábados participa del entrenamiento de hockey y, por lo general, los domingos debe levantarse temprano para participar en algún torneo al que la acompaña su mama. Los sábados y los domingos por la tarde quedan para algún cumpleaños y para el riguroso almuerzo con los abuelos y primos.
Un chico debe aprender a reconocer que desea y a poder expresarlo:
Puede un chico vivir así de programado o casi cronometrado? Todas sus acciones responden a intereses propios? Un cuadro de hiperactividad semejante suele ser la parte visible de conflictos no percibidos que suceden dentro del grupo familiar. Lo esperable es que un chico pueda aprender a reconocer que desea y a poder expresarlo. Si es escuchado y satisfecho podrá llegar a hacer lo que quiere. Si tiene una vocación muy fuerte o se identifica con quienes lo rodean se inclinara a actividades afines a su gusto, su conocimiento, su habilidad y destreza.
Si, por el contrario, toma todo lo que se le ofrece, sin estar incentivado verdadera-mente por nada, evidencia que no ha adquirido la madurez necesaria para “elegir”. Elegir es adoptar algo desechando todo o casi todo lo demás. Aceptar todo es – ademas de no poder perder nada- no discriminar que sirve y que no para su proyecto de vida. Así, nos encontramos ante un ser confundido cuyas actividades responden a los deseos, culpas, necesidades y razones de sus padres y no a sus propios intereses.
La sobreestimulacion, como lo es la oferta indiscriminada de actividades, mantiene al niño muy alejado del reconocimiento de aquello que lo moviliza para el logro de una meta satisfactoria.

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CONTROLAR LA AGENDA ESCOLAR

CONTROLAR LA AGENDA ESCOLAR:
No se trata solo de un recordatorio para el niño. También es un vehículo imprescindible de comunicación con la escuela. La agenda te permite enterarte de deberes, exámenes y excursiones; ofrece una valiosa información sobre el trabajo en el aula, y ayuda al niño a planificar el tiempo y cumplir la tarea. Antes de hacer los deberes, hay que abrir primero la agenda. ¡Ayúdale a consolidar el hábito!

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Implicarse con los deberes de los niños

IMPLICARSE.. ¿HASTA DÓNDE?
Es cierto que el nivel de exigencia escolar es muy competitivo, y que el niño que se despista pierde pie, pero sus dificultades no se resuelven con machaconería, convirtiendo la casa en una sucursal del colegio. Los padres deben ejercer su papel, que es supervisar e interesarse por la cotidianidad de sus estudios; responder a sus preguntas cuando conozcan la respuesta, aceptar sus limitaciones, animarlos a seguir con su esfuerzo y, si es necesario, recurrir a profesionales para complementar la labor del maestro.

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Los celos de los niños

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“YO TAMBIÉN TUVE CELOS DE PEQUEÑA”
Reacciona (siempre en equipo con su padre) con normalidad, “quitando hierro” al asunto. Muéstrale cuál es hoy su lugar y sus actuales privilegios. Implícalo en la nueva dinámica familiar, ayúdale a expresar lo que siente y dale una dosis extra de cariño. Identifícate con él: conseguirás que el niño se quite un peso de encima y supere sin problemas sus celos.

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Prevenir los celos entre hermanos

PREVENIR UN EXCESO DE CELOS:
Los celos aparecen cuando menos los esperas, porque hasta el niño más seguro del mundo puede sentirlos sin motivos aparentes. Consecuencia secundaria de la frustración de necesidades vitales como la seguridad, la aceptación o el afecto, se pueden prevenir:
• Evita que coincida el nacimiento del nuevo bebé con un cambio de escuela o el inicio de la guardería del mayor.
• No lo cambies de habitación para dar la suya al bebé.
• Si es el momento de cambiarlo de la cuna a la cama, hazlo dos o tres meses antes de que nazca el pequeño.
• No hagas nunca comparaciones entre ellos.
• Evita que surja la competitividad jugando a los “turnos de colores”.

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Como controlar los enojos con los niños

En la mayoría de los casos los enojos se pueden evitar.
Si lo que molesta a la madre es el desorden de su hijo o marido, una plática seria cara a cara debería ayudar a resolver el problema.
• Si esta medida no es suficiente, puede funcionar la terapia de choque. Es decir, volverse una desordenada por un tiempo (limitado, por supuesto) y dejar que durante esta etapa el caos se apodere de la casa para demostrar que alguien tiene que limpiar y ordenar.
• Y si esto tampoco funciona, un buen método es llevar a la familia a la casa de un amigo o pariente que sea un verdadero desastre para que compruebe que hay otros mundos, y que también están en éste…
• Tampoco es mala idea que la persona rene-gona escriba una lista con todas las cosas que la hacen refunfuñar, y los que se quejan de su actitud malhumorada escriban, a su vez, otra relación de todas las cosas que ellos creen que le provocan ese estado. Una vez redactadas, hay que comparar las causas que señalan unos y otros, y conversar sobre cada una de ellas en actitud conciliadora y con ánimo de buscar soluciones a la situación.
• Tal vez haya asuntos en los que todos los miembros de la familia estén de acuerdo en que son prioritarios y, tal vez, en que no todos ponen el suficiente esfuerzo. Y es posible que también hayan escrito causas menos relevantes en las que uno y otro bando pueden dar su brazo a torcer. Cuando los motivos de tensión están escritos, ya hay una base concreta sobre la que discutir (llegado el caso).
• A veces, la forma de afrontar un mal humor generalizado es demostrar a la refunfuñona que puede estar en un error. Lo mejor es esperar a que se pase un poco el enojo para dialogar y hacerle ver que el regaño, en esa ocasión, no es merecido, o que las verdaderas causas de su molestia deben ser otras.
• Hay que hablar del tema «en caliente», porque cuando ha pasado la tormenta y viene la reconciliación no se suelen tener ganas de sacar a relucir el asunto. Y esto, a la larga, no es bueno, pues si se deja morir la discusión, nunca se conocerán las verdades causas de la frustración y no se solucionará.
• Con buena voluntad por todas las partes, la mayoría de estos casos se terminan arreglando. O los niños acaban por responsabilizarse de sus cosas, o el padre coopera, o la refunfuñona reconoce que el enojo no es el rñejor camino para conseguir sus objetivos.

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