Archivos para 'La Infancia' Categoría

La ilusion de los niños en las fiestas

Escrito por admin en La Infancia

7-9 AÑOS
Probablemente ya tienen claro adonde les gusta ir y con quién. Lo pasan bien con sus juegos, aunque disfrutan mucho más de las anécdotas familiares y de la compañía de adultos. Las tradiciones son sagradas para ellos y quieren que todo sea como siempre.
Es la edad en la que descubren la identidad de Papá Noel y los Reyes Magos, de modo que la decepción por perder parte de la magia se compensa con un entusiasmo ilimitado por hacer sus propios regalos a la familia. Es importante, de todas formas, ayudarlos a descubrir que la magia de esta celebración no surge de las historias en las que antes creían, sino de la fraternidad, el cariño y la ilusión de contribuir a la felicidad de las personas más cercanas a nosotros. Los regalos y las sorpresas deben continuar exactamente igual que antes.
También son bastante grandes para hablarles de otras culturas y otras costumbres, para que entiendan que no todo el mundo festeja del mismo modo, pero que todas las celebraciones son igualmente valiosas. Si les pedimos que nos acompañen a visitar a familiares mayores, aprenderán a disfrutar de sus historias y entenderán que el amor se transmite con algo más que regalos.

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Tristeza en el niño

Escrito por admin en La Infancia

En ocasiones, observamos que nuestro hijo se muestra taciturno y ensimismado, incluso triste, y esta situación se prolonga durante varios días. Preocupados, con razón, tratamos de averiguar el motivo de su estado y nos encontramos con un persistente no me pasa nada. ¿Qué podemos hacer?

Ni ellos lo saben. Los niños pequeños son muy comunicativos y sus estados de ánimo cambian con cierta frecuencia y facilidad. Si tienen cualquier problema, nos lo harán saber si sabemos sondearlos con habilidad, si es que ellos mismos no nos lo han contado por propia iniciativa. Pero si están raros varios días y no saben decir el porqué, es casi seguro que ni ellos mismos conocen el motivo. ¿Necesitan ayuda? Seguramente aparecerán otros síntomas: llanto más frecuente de lo normal, problemas con la comida o el sueño… Nos toca, entonces, afinar la antena y estar atentos para hallar las causas. Si sintonizamos con nuestro hijo y somos observadores, no tardaremos en encontrarlas. Pero, si no es así y la situación persiste, debemos consultar con un psicólogo infantil. Amigos discretos. Los niños más grandecitos tienen un mundo propio y no siempre acceden a contamos sus preocupaciones. Su intimidad merece respeto y pueden tener crisis pasajeras que necesitan resolver ellos solos. Es difícil que unos padres intuitivos y atentos no tengan la más remota idea de las causas de una crisis de tristeza, sobre todo si ésta se prolonga. Tenemos que mostrarles que pueden confiar en nosotros y que contarán con nuestro apoyo en todo momento. Preguntas, pocas. No es preciso someterlo a un Interrogatorio exhaustivo, pero sí hacerle saber que sus problemas nos importan y que, cuando nos cuente alguno, no se va a encontrar con unos jueces sino con alguien que tratará de comprenderlo y ayudarlo. Esta puede ser la clave que lo anime a contarnos el secreto que lo perturba.

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Juegos simbolicos

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Juegos simbólicos
Hacia los dos años, se inicia una nueva forma de juego que se caracteriza por su simbolismo. La fantasía del niño atribuye entonces a los objetos los más diversos significados imaginarios. Un trozo de madera puede ser una pistola; una escoba se convierte fácilmente en un caballo. El niño, mediante estas fantasías, imita los trabajos del adulto y esta actividad imaginaria favorece el proceso general de socialización, necesario para su integración en la sociedad.
Esta posibilidad de utilizar símbolos de otros objetos o de otras personas es de suma importancia. Los psicólogos y pedagogos han puesto de relieve que el niño, mediante estas formas del juego simbólico, está pasando de la acción a la representación, de lo que en un principio era pura actividad sensorio-motriz, y por tanto experiencia concreta, a unas formas ideacionales en las que se articula la imaginación y el pensamiento abstracto. Para Piaget en particular, esta etapa del juego simbólico, que perdura hasta los siete u ocho años, es la que hace posible la adquisición del lenguaje y su pleno dominio.
Desde el punto de vista psicoanalítico, el juego simbólico sirve para proyectar los diferentes aspectos de la estructura psíquica infantil. Los deseos instintivos, la forma como son vehiculizados por el yo, los rudimentos de una conciencia moral que aprueba o castiga, los distintos estratos, en fin, de la personalidad infantil se vuelcan en el simbolismo del juego y son elaborados en virtud precisamente de los símbolos lúdicos.

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Juegos de ejercicio

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Juegos de ejercicio simple
La primera categoría de juegos se extiende principalmente a lo largo de los dos primeros años de vida. El ejercicio lúdico es. al propio tiempo, ejercicio sensorio-motor en esta época evolutiva. Esto quiere decir que los juegos que el bebé o el niño de pocos años pone en práctica están en relación, en primer lugar, consigo mismo, con el descubrimiento de las posibilidades del propio cuerpo.
En esta etapa, el juego es más que nunca aprendizaje. Desde el punto de vista adulto, conviene aportar, como se indica más abajo.
los juguetes adecuados para la realización de este aprendizaje, pero procurando no interferirse en este proceso. Proporcionar, por ejemplo, «soluciones» a las dificultades de manipulación del niño pequeño es olvidar que el juego infantil es una actividad automotivada, y que el aprendizaje consiste, precisamente, en que el niño encuentre por sí mismo la solución de las dificultades que el juego le plantea.
De este período es importante destacar el juego del escondite, que empieza a ponerse en práctica alrededor del cuarto mes de vida. Si la madre entonces se tapa la cara frente al bebé, éste reacciona con expresiones de alegría cuando aquélla reaparece. Este juego tan simple marca el inicio del juego activo que se irá desarrollando en meses sucesivos. Y es importante —como lo es el agarrar o el chupar objetos— porque supone el comienzo de las nociones elementales del antes y del después y del delante y del detrás, así como el inicio de la capacidad de espera.
Exceptuando el acto de nutrirse o los momentos de miedo o rabia, según Piaget «todo es juego durante los primeros meses de existencia». El impulso a la actividad es tan poderoso, que un niño de pocos años en realidad está jugando prácticamente todo el día.

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El juego

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La función del juego
El juego ha sido definido como una actividad placentera, opuesta al trabajo, y que tiene su fin en sí misma. Su condición es universal, existe en todas las culturas y es. incluso, una actividad que desarrollan los animales superiores.
Durante la infancia, el juego tiene una importancia fundamental. Menospreciado antaño, ha sido rehabilitado por la psicología contemporánea y por la escuela activa, de la que constituye uno de sus componentes principales. Para el pedagogo suizo E. Claparéde, jugar es una «actividad que permite al niño realizar su yo. cuando no puede hacerlo mediante una actividad seria».
Esta idea de la realización de la personalidad infantil a través del juego es de la máxima importancia, ya que pone de relieve la doble función existente en toda actividad lúdica: así, el juego, de un lado, permite la adaptación del niño a la realidad y, por tanto, supone un medio de satisfacción de necesidades inmediatas, y, de otro, es aprendizaje de conductas que le han de abrir paso, evolutivamente, hasta llegar a la condición de ser adulto.
Pero la función del juego no termina únicamente aquí. Como han puesto de relieve Freud y el psicoanálisis, jugar es una actividad que produce placer y que permite dominar la ansiedad. Con el impulso a repetir el mismo juego, un niño elabora los distintos episodios displacenteros que jalonan su evolución y obtiene una salida para sus inevitables frustraciones.
De acuerdo con las distintas etapas del desarrollo infantil, Jean Piaget. uno de los grandes psicólogos de nuestro tiempo, ha clasificado el juego infantil en tres grandes categorías: los juegos de ejercicio simple, los juegos simbólicos y finalmente los juegos con reglas.

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Tiempo libre

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EL TIEMPO LIBRE
La distinción entre un tiempo laboral o escolar, regulado por un horario estricto, y un tiempo libre, contrapuesto a las obligaciones que imponen el trabajo o los estudios, es una conquista de la civilización. La diferenciación entre estas dos formas de vivir el tiempo carece de sentido durante la edad preescolar, pero desde el momento en que el niño ingresa en la escuela, la ocupación del ocio se presenta ante los padres como una cuestión primordial a la que tienen que aportar soluciones.
El tiempo libre varía por lo tanto según sea la edad del individuo. De idéntica manera varían las formas de ocupación de este tiempo libre. Un adolescente necesita diversión para encontrar una vía de escape a problemas que le agobian. Un niño de seis años tiene necesidad de jugar durante sus ratos de ocio a fin de contrapesar las actividades reglamentadas que le imponen en la escuela.
En cualquier caso, el ocio es un tiempo de encuentro con uno mismo, pues permite satisfacer deseos e intereses propios. Es un tiempo igualmente enriquecedor, ya que deja espacio a la formación personal mediante el registro de nuevas experiencias, a través de una actividad específica o de la relación con los demás. Es. finalmente, un tiempo de descanso, que posibilita la relajación física e intelectual
imprescindible para el niño.
En este apartado se tratarán distintas formas de ocupación del tiempo libre. En primer lugar, la del juego, en tanto que actividad primordial del ocio infantil. Los juguetes, medios auxiliares del juego, y actividades tan características del niño como son la lectura, el ver la televisión y los deportes serán tratados a continuación, para concluir con el tema de las amistades, capítulo imprescindible en cualquier consideración acerca del ocio.

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Guarderias infantiles

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Las ventajas de la guardería
Estas preguntas convergen en el dilema hace tiempo existente: la conveniencia o no. para una correcta educación, de llevar a los niños a la guardería desde una edad muy temprana.
Son muchas las familias, e incluso los pediatras, que tienen serias reticencias respecto a la escolarización en guarderías, ya sea por criterios de salud (contagios, higiene) o. simplemente, por prejuicios sociales.
Si el niño dispone de una racional combinación horaria entre guardería y hogar podrá gozar de las ventajas de ambos ambientes. Retomando y analizando las dudas anteriores, se observa que el afecto familiar, aunque imprescindible, debe complementarse, para un mejor desarrollo de las capacidades afectivas y de relación, con el afecto, compartido con otros niños, de un profesional que una a su intención educativa unos criterios científicos.

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La dentición

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Uno de los aspectos más relevantes del crecimiento lo constituye la dentición, por cuanto ésta es un excelente índice de aquél. Como en cualquier proceso de la formación del individuo, éste nace con una cierta determinación genética con respecto a su dentición. Lo más importante, sin embargo, es la influencia del medio, en especial las aportaciones vitamínicas y minerales que provienen de la alimentación.
El recién nacido es desdentado; sólo posee los alvéolos maxilares, pequeños huecos excavados en los bordes libres de ambos maxilares y que contienen el germen dentario —esbozo de lo que será el diente propiamente dicho—. A partir de los 6 u 8 meses, y con amplias variaciones individuales, se inicia la llamada dentición temporal o dentición de leche, la cual concluye alrededor de los tres años. A esta edad, el niño cuenta con veinte piezas dentarias. Los dientes de leche son más pequeños que los definitivos.
Estos últimos aparecen tras la caída de los anteriores (entre los cinco y los doce años). La dentición definitiva cuenta con veintiocho piezas. A las mismas, más tarde se les agregan eventualmente los cuatro molares posteriores, llamados comúnmente «muelas del juicio».

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Trastornos del crecimiento

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Trastornos del crecimiento
Dichos trastornos tienen su origen en la afectación de los cartílagos de conjunción, dado que sobre dichas formaciones son múltiples los factores que pueden influir, tales como los hormonales (hormona del crecimiento, hormona tiroidea), los vitamínicos, los minerales, etc.

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La talla

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Las variaciones de la talla en el correr de la vida se producen de forma gradual y constante. Cuando el niño culmina su etapa adolescente, adquiere la talla del adulto (aunque existen variaciones significativas en la edad a este respecto). La talla de la madurez volverá a modificarse en grado mucho menor con el envejecimiento, como resultado de los procesos degenerativos de la columna vertebral.
El crecimiento en altura depende en gran parte de unas formaciones cartilaginosas que son centro de procesos muy específicos y que se encuentran entre las epífisis (extremos) y las diáfisis (cuerpo) de los huesos largos: los cartílagos de conjunción.
Aparte del crecimiento global, cabe distinguir también el de cada uno de los órganos. En términos generales, este tipo de crecimiento depende de las aportaciones dietéticas, de las enfermedades que el órgano en cuestión pueda sufrir y de que su ejercicio funcional —«la función hace al órgano»— sea correcto.

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