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Guarderias infantiles

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Las ventajas de la guardería
Estas preguntas convergen en el dilema hace tiempo existente: la conveniencia o no. para una correcta educación, de llevar a los niños a la guardería desde una edad muy temprana.
Son muchas las familias, e incluso los pediatras, que tienen serias reticencias respecto a la escolarización en guarderías, ya sea por criterios de salud (contagios, higiene) o. simplemente, por prejuicios sociales.
Si el niño dispone de una racional combinación horaria entre guardería y hogar podrá gozar de las ventajas de ambos ambientes. Retomando y analizando las dudas anteriores, se observa que el afecto familiar, aunque imprescindible, debe complementarse, para un mejor desarrollo de las capacidades afectivas y de relación, con el afecto, compartido con otros niños, de un profesional que una a su intención educativa unos criterios científicos.

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La dentición

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Uno de los aspectos más relevantes del crecimiento lo constituye la dentición, por cuanto ésta es un excelente índice de aquél. Como en cualquier proceso de la formación del individuo, éste nace con una cierta determinación genética con respecto a su dentición. Lo más importante, sin embargo, es la influencia del medio, en especial las aportaciones vitamínicas y minerales que provienen de la alimentación.
El recién nacido es desdentado; sólo posee los alvéolos maxilares, pequeños huecos excavados en los bordes libres de ambos maxilares y que contienen el germen dentario —esbozo de lo que será el diente propiamente dicho—. A partir de los 6 u 8 meses, y con amplias variaciones individuales, se inicia la llamada dentición temporal o dentición de leche, la cual concluye alrededor de los tres años. A esta edad, el niño cuenta con veinte piezas dentarias. Los dientes de leche son más pequeños que los definitivos.
Estos últimos aparecen tras la caída de los anteriores (entre los cinco y los doce años). La dentición definitiva cuenta con veintiocho piezas. A las mismas, más tarde se les agregan eventualmente los cuatro molares posteriores, llamados comúnmente «muelas del juicio».

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Trastornos del crecimiento

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Trastornos del crecimiento
Dichos trastornos tienen su origen en la afectación de los cartílagos de conjunción, dado que sobre dichas formaciones son múltiples los factores que pueden influir, tales como los hormonales (hormona del crecimiento, hormona tiroidea), los vitamínicos, los minerales, etc.

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La talla

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Las variaciones de la talla en el correr de la vida se producen de forma gradual y constante. Cuando el niño culmina su etapa adolescente, adquiere la talla del adulto (aunque existen variaciones significativas en la edad a este respecto). La talla de la madurez volverá a modificarse en grado mucho menor con el envejecimiento, como resultado de los procesos degenerativos de la columna vertebral.
El crecimiento en altura depende en gran parte de unas formaciones cartilaginosas que son centro de procesos muy específicos y que se encuentran entre las epífisis (extremos) y las diáfisis (cuerpo) de los huesos largos: los cartílagos de conjunción.
Aparte del crecimiento global, cabe distinguir también el de cada uno de los órganos. En términos generales, este tipo de crecimiento depende de las aportaciones dietéticas, de las enfermedades que el órgano en cuestión pueda sufrir y de que su ejercicio funcional —«la función hace al órgano»— sea correcto.

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El peso

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En el recién nacido, las variaciones del peso corporal son muy significativas, ya que la adaptación primera al medio ambiente se traduce por una pérdida de peso.
Más adelante, el control del peso es indispensable que se efectúe periódicamente, ya que mediante el mismo se evalúa el aprovechamiento real de lo que el niño ha incorporado con la alimentación.

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El crecimiento

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Particularmente importante en la vida infantil, el crecimiento se mide, sobre todo, por dos parámetros: el peso y la talla. La tabla adjunta muestra la relación que debe haber entre estas dos dimensiones, a fin de que el desarrollo global del sujeto pueda considerarse armónico.

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El Lenguaje

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Adquisiciones posteriores
La adquisición del lenguaje —que desde el punto de vista sensomotor constituye la más compleja de las conductas— culmina la escala del desarrollo psicomotor. Existe una etapa, que se ha denominado «prelingüística», en la que el niño emite sonidos más o menos imitativos de los que oye en boca de los adultos.
Al igual que lo que sucede en el caso de los esfínteres, el desarrollo del lenguaje se ve supeditado fundamentalmente al cuidado que la madre tiene del hijo. El retraso en el hablar, así como trastornos como el de la tartamudez, tienen su origen a menudo en carencias de tipo afectivo.
Durante la etapa preescolar (de 3 a 6 años), el niño establece una conducta ambivalente de aceptación-oposición ante los dictados de los padres. Ello, unido a un progresivo perfeccionamiento de su psicomotricidad, empieza a conformar lo que será su personalidad propiamente dicha.
Por último, la etapa escolar (desde los 6 años hasta la pubertad) se caracteriza, desde el punto de vista psicomotor, por la introducción de la imitación y por el ejercicio sistemático de las diversas facultades, todo lo cual se traduce por una adaptación cada vez mayor al pensamiento concreto.

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El bebe

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El niño comienza a andar
Al año de vida, el niño suele ser capaz de mantenerse en pie, primero con apoyo y luego sin él, para lo cual amplía su base de sustentación (piernas separadas).
La aparición de la marcha independiente se halla en estrecha relación con el tono muscular y con el grado de maduración psíquica; así, el niño motivado y que ha logrado «interiorizar» correctamente su experiencia aprenderá más pronto a andar por sí mismo.
La edad de la marcha se sitúa a comienzos del segundo año de vida, aunque existe una considerable variación según los individuos (de 9 a 18 meses). A partir de este momento, la vida psíquica del niño se enriquece más que en cualquier otra etapa de la vida: el pequeño se vuelve capaz de explorar por si mismo el mundo que le rodea. Al mismo tiempo, la mano alcanza un desarrollo tal que justifica su denominación de «útil de la inteligencia». . de modo paralelo se desarrolla el control de los esfínteres. A partir del año y medio, el niño ya está preparado para que se le inicie en la adquisición de tan importante hábito. Nunca se insistirá lo suficiente sobre la importancia que la educación esfinteriana tiene para el buen desarrollo de la afectividad del niño. Las malas relaciones lectivas del niño con sus padres se traducen con muchísima frecuencia por un retraso en el dominio de los esfínteres.

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Coordinación motora

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Coordinación motora
Alrededor del cuarto mes de vida comienza a adquirirse la coordinación motora. Desde el punto de vista espacial, ésta se caracteriza por realizarse en sentido céfalo-caudal (de arriba a abajo) y próximo-distal (desde la raíz hacia el extremo de los miembros).
El principal objetivo del movimiento consiste en vincularse con las cosas. Al propio tiempo, el niño aumenta su capacidad psíquica, lo que le permite reconocer situaciones relevantes dentro de un conjunto determinado y relacionar lo experimentado con lo actual.

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El desarrollo

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El desarrollo psicomotor
El recién nacido sólo es capaz de efectuar movimientos globales que no significan adaptación con el medio exterior. Su sistema muscular es rígido y tiene una clara tendencia a la flexión, igual que el feto.
Una serie de cambios orgánicos tienden a corregir este estado de cosas y a convertir, gradualmente, al bebé en un ser capaz de movimiento. Éste, durante los tres o cuatro primeros meses de vida, es principalmente automático; deriva de los llamados reflejos arcaicos. Tales reflejos, si persisten más allá de una determinada edad, deben considerarse patológicos.

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