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Disfrutar de la pareja con los hijos

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Hijos y pareja sí son compatibles:
Estoy en mi sexto mes de embarazo y no dejo de darle vueltas a un tema: pienso que con la llegada de mi hija se puede resentir la relación que tenemos su padre y yo por la falta de tiempo para los dos. ¿Qué puedo hacer para no agobiarme y para que no sea finalmente así? Sara (Madrid)

Mientras que llega ese fantástico día de ver a tu hija, prepara, junto con tu marido, cuál será la estrategia que seguiréis cuando ese momento sea una realidad. Una vez que tengas diseñado el plan, dedícate a disfrutar con él de los días que te quedan para dar a luz, ya que, hasta que no nazca tu hija, no podrás hacer nada más al respecto. Y algo más: mira a tu alrededor y observa las innumerables parejas con hijos que disfrutan también de sus ratos de intimidad.

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Confianza en la pareja

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Tolerancia y respeto:
En una pareja debe haber confianza para poder hablar sin tapujos, y más aún cuando están a punto de convertirse en padres. Pero ser franco y consecuente con uno mismo implica a la vez ser tolerante y estar dispuesto acomprometerse. En la práctica, esto significa que no se debe menospreciar a la pareja ni sus sentimientos. Y cada uno debe estar dispuesto a hacer algo por el otro. Si a ella no le interesa hacer el amor, puede buscar otra manera de satisfacerlo a él. Y si prefiere los mimos y caricias al sexo, él debe renunciar al coito. De lo contrario, ella se sentiría culpable. Pero la mujer también debe creerle a él cuando le dice que la desea, ya que será placentero para ella disfrutar con sus caricias.
Comprensión:
En cuanto al sexo, todos tenemos necesidades distintas, de manera que es difícil que la pareja nos dé justo lo que queremos o viceversa, que seamos capaces de dar lo que espera de nosotros. Pero, ¿es eso tan grave? Vivir en pareja es un compromiso de desarrollarse juntos. El amor y la comprensión deben compensar con creces las limitaciones propias de la convivencia.

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El miedo de las embarazadas a la hora del sexo

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Temores femeninos:
Los escrúpulos de las mujeres son parecidos. Temen que los movimientos del acto sexual puedan molestar al futuro bebé, dañar el útero o que junto al pene se introduzcan gérmenes… O que las hormonas contenidas en el semen puedan provocar contracciones de parto. Estos miedos carecen de fundamento.
El coito puede suponer un riesgo si la mujer ya tuvo varios abortos, la placenta está mal ubicada, hay infecciones
o enfermedades crónicas (por ejemplo, diabetes), hemorragias espontáneas, contracciones prematuras, se ha producido una fisura en la bolsa y la futura mamá ha perdido algo de líquido amniótico, o el cuello del útero ha empezado a dilatarse. Cuando ha habido una oclusión del cérvix, algunos obstetras también recomiendan abstenerse.

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La vida sexual de la pareja en el embarazo

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El embarazo supone una  transformación en la vida de la pareja y, a veces, estos cambios causan miedo. Frente al temor, algunas embarazadas se centran en sí mismas y se abstienen olímpicamente del sexo. Otras, en cambio, necesitan sentir a su pareja más cercana y amorosa que nunca.
¿Qué pasa con ellos?
¿Cómo afecta a su deseo sexual el hecho de convertirse en padres? ¿Y la transformación operada en el cuerpo de su pareja? Sucede que también los futuros papas tienen a veces falta de deseo. La inapetencia sexual es algo que podría considerarse comprensible y hasta lógica en una futura mamá. Sin embargo, a las mujeres les cuesta aceptar que el hombre se distancie cuando ellas están más necesitadas de apoyo. El repliegue de la pareja, sin más explicaciones, deja una sensación de frustración difícil de superar. ¿Por qué se produce precisamente ahora este distanciamiento? Al esperar un hijo, ¿no deberían sentirse más unidos que nunca?
El factor decisivo en el hombre y en la mujer parece ser tanto la experiencia de cada uno como su situación actual. Cuantos menos temores e inseguridades se generen por el embarazo, más fácil les resultará a la mujer y al hombre entregarse a su pareja. Es difícil que el deseo surja si no son capaces de distenderse.
Muchos temores están muy arraigados y no resulta nada fácil hacerlos desaparecer. Pero además hay otro tipo de miedos, relacionados con el bienestar del futuro bebé, que pueden descartarse con un mínimo de conocimientos sobre el embarazo. Este tipo de temores asalta por igual a hombres y mujeres.
En los últimos meses de gestación, los hombres piensan con frecuencia que el pene ya no cabe en la vagina o que resta lugar al bebé colocándolo en un rincón. Otros tienen la sensación de no estar solos con la mamá, sino de que hay un tercero presenciando el sexo. En cuanto a las formas, a muchos los excita la fantasía de hacer el amor con su mujer con panza, en tanto a otros, la modificación del cuerpo les disminuye el deseo sexual.

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El PVC afecta al sistema reproductor masculino

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El PVC afecta al sistema reproductor masculino.
Dos componentes químicos, el DEHP, plastificante presente en el PVC, y el DBF, utilizado como aditivo en repelentes para insectos, pueden provocar trastornos reproductivos puesto que influyen negativamente en la actividad hormonal masculina, según se desprende de una serie de estudios publicados en la revista norteamericana Science News. La investigación realizada en ratas expuestas a estas sustancias, demuestra que sus descendientes masculinos presentaban problemas como una reducida producción de testosterona, ausencia de algún testículo o menor tamaño del epididimo (conducto testicular por el que circula el esperma). El estudio señala que las dosis a las que se expusieron estos mamíferos se asemejan a las cantidades con las que entran en contacto las personas

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Consejos para las madres

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Tiempo para ti. Un «deber» irrenunciable:

«Todas las mañanas despierto a mi hijo de ocho años a las siete y media. Lo baño, le ayudo a vestirse, le preparo el desayuno y paso a dejarlo a la escuela. Después me voy a trabajar hasta las cinco, hora en la que salgo corriendo para ir a recogerlo. Cuando llegamos a casa, merendamos, jugamos un rato y, mientras él hace su tarea, yo trabajo en mi tesis doctoral. Después preparo la cena. Y a las nueve de la noche, el niño está a punto de acostarse, justo cuando llega mi marido».
Además de cuidar de su hijo, Elena trabaja y está haciendo un doctorado sobre cine, su gran pasión; por supuesto, lamenta no tener tiempo para ella misma.
Otro tanto cuenta Mónica, madre de dos mellizas de tres años y auxiliar de vuelo. «No trabajo todos los días, pero me puede tocar sábado y domingo, en la semana santa o en el día de la fiesta en la escuela de mis hijas».

Malo para las madres, malo para los hijos:
«Conseguir que coincidan los tumos con las actividades importantes de las niñas es una auténtica odisea», continúa Mónica, cuya vida cambió por completo cuando nacieron sus hijas. «De hacer
habitualmente lo que me daba la gana pasé a no tener tiempo para nada. Y, cuando lo tengo, estoy tan cansada que sólo me da por quedarme en casa y relajarme».
Cuando los niños son pequeños, sobre todo si la madre trabaja, el tiempo libre es mínimo. Muchas mujeres renuncian a sus aficiones y a todo lo que les gustaba hacer para dedicarse en cuerpo y alma a sus retoños; pero, cuidado, esta actitud no sólo es perjudicial para la madre, también puede serlo para la pareja e, incluso, para el niño.
«El hecho de que los padres dejen de hacer todo lo que era importante para ellos daña la construcción de la identidad del niño, que titubeará si sus padres carecen de referencias e intereses propios -afirma la psicopedagoga María de Jesús Rodríguez-. El hijo repite las pautas de conducta que aprende de sus padres. Si ellos sólo viven en función de él, él hará lo mismo en el futuro».
Cuando las madres se dejan arrastrar a esta rutina, también la vida de pareja suele resentirse.
«Desde que nacieron las mellizas hasta hace poco, mi marido y yo apenas salíamos de casa. Aunque pudiéramos contratar a alguien para que se quedara unas horas con ellas, siempre pasaba algo y, o lo suspendíamos en el último momento, o terminábamos regresando a toda prisa. Además, acababa la semana tan agotada que se me quitaron las ganas hasta de arreglarme», recuerda Mónica.
«A veces, lo que sucede es que uno de los progenitores se vuelca tanto en los hijos que deja de atender al otro -explica Rodríguez-, y la pareja se siente excluida porque su compañero vive sólo en función de los niños. Estos padres se tragan su agresividad, porque se sienten mal pensando que tienen celos de su propio hijo, pero la frustración termina saliendo siempre por algún lado.
En ciertos casos se produce un alejamiento de la pareja, lo que es un mal ejemplo para el niño; en otros, el progenitor que se siente desplazado amarga la existencia a quienes tiene cerca.
«Lo ideal sería establecer tres tiempos distintos: uno para los hijos, otro para la pareja y otro para uno mismo», aconseja la psicóloga.
«En estos momentos existen dos tipos de parejas que yo considero alienadas -afirma la psicopedagoga-: las que renuncian a todo por sus hijos y las que quieren abarcar tanto que no tienen tiempo para nada, de modo que siempre permanecen tensas y estresadas, incluso cuando están con los niños. Ambos extremos son malos. No se puede renunciar a lo que es constitutivo del propio ser; es decir, a lo que es importante para uno mismo. Para una mujer puede ser arreglarse e ir a la peluquería, para otra trabajar o estudiar, y para una tercera, ambas cosas».

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¿La circuncisión incrementa el placer?

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¿La circuncisión incrementa el placer?

Desde un punto de vista fisiológico, si el prepucio baja bien, no hay razón para que la relación sexual sea más o menos placentera para un hombre circuncidado. Pero existen muchos mitos. Incluso hay quien afirma que son los no operados los que disfrutan más, ya que al tener el glande normalmente protegido por el prepucio, éste tiene más sensibilidad cuando está descubierto.
Si existe una fimosis (estrechamiento del orificio del prepucio que impide la salida del pene, produce dolor o dificulta la erección), tras la operación las relaciones sexuales serán más gratificantes, pero sólo porque se habrá solucionado el problema.
También es posible que, tras la intervención y hasta que el hombre se acostumbre a que su prepucio no esté habitualmente cubierto, pueda tener más sensibilidad, pero al cabo de cierto tiempo ya no habrá diferencia.
Por último está el factor psicológico: si la operación se vive como una castración, se disfrutará menos; pero si se considera una expresión de virilidad, será gratificante.

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Sexualidad en la pareja

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Se burla de mi ropa «sexy».
Respuesta: Si tu intención al vestirte con esas prendas es estar más atractiva y sugerente para tu marido, es evidente que no tiene ningún sentido que te empeñes en seguir usando una ropa que a tu pareja ni le gusta ni le excita y ni siquiera le atrae… Y si tu pregunta es qué puedes hacer para lograr que algo que da risa le parezca insinuante y atractivo, la respuesta es que nada.
Los gustos y estímulos sexuales de cada persona son diferentes. Están directamente asociados con recuerdos placenteros de la infancia y sus primeras experiencias sexuales, lo cual no se puede modificar. Así, lo que para uno es erótico y excitante, a otro puede dejarlo frío o darle risa (como a tu marido), y a un tercero resultarle pornográfico o desagradable porque lo asocia con una mala experiencia o con la prostitución.
Trata de no sentirte herida por su comportamiento. A lo mejor a tu marido lo que le resulta realmente sexy es que te vistas con una falda ajustada que marque las caderas o bien utilices una ropa interior tipo infantil o deportiva. Lo verdaderamente importante para que la relación sexual funcione y sea placentera es que tu pareja y tú puedan mantener una buena comunicación sexual, y no sólo en el plano afectivo, sino también en el puramente informativo. Es decir, que ambos puedan expresar abiertamente sus deseos y fantasías sexuales y que el otro, si no le resultan desagradables, los satisfaga.
Habla con él, cuéntale tus preferencias y pide que te explique las suyas. Incluso, como un juego más dentro de la relación, puedes sugerirle que te compre un conjunto interior o de noche que le gustaría verte puesto. Y tú puedes hacer lo mismo y regalarle unos calzoncillos que te parezcan sexys.
Dicho todo esto, otra cosa muy diferente es que esa ropa que te pones a quien realmente excite sea a ti. Muchas mujeres dicen que se sienten más atractivas, deseables y animadas sexualmente cuando llevan una ropa interior sexy, incluso aunque nadie pueda verlas. Si éste es tu caso, sigue usándola tranquilamente, pero no te deprimas ni te sientas mal porque a tu marido no le guste.

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Trabajar y vivir juntos

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Trabajar y vivir juntos ¿un problema?

Hay quien dice que no hay nada peor que una sociedad familiar… En una empresa siempre tiene que haber una persona que manda y toma las decisiones y otra que obedece. Pero, cuando el jefe es uno de los miembros de la pareja, la relación, tanto laboral como personal, se entremezcla y complica.
Es muy difícil aceptar la autoridad de otro al que consideramos un igual, y acatar sus órdenes como lo haríamos con un extraño. Y esto sucede en todos los ámbitos. Cuando existe un vínculo familiar, afectivo o amistoso con el médico, el mecánico, el profesor o el compañero de trabajo, la distancia óptima que debe haber en determinadas actividades desaparece y surgen problemas.
Cuando los miembros de la pareja trabajan juntos, a los enfrentamientos jerárquicos se suman otros conflictos. Los problemas se llevan de casa al trabajo y del trabajo a casa, independientemente de que surjan por desavenencias laborales o familiares.
Si una mujer se enoja en casa con su marido (o a la inversa), es prácticamente imposible que al llegar al lugar en el que trabajan juntos se comporten con naturalidad. En el mejor de los casos, intentarán mantener una postura correcta, pero distante, y al mínimo conflicto, saltarán.
Además, cuando una persona llega a casa de su trabajo, hablar de los problemas que ha tenido a lo largo del día con su jefe o sus compañeros es una vía de escape para asimilar conflictos y aceptar frustraciones. Pero, ¿cómo hacerlo cuando el interlocutor es también el causante de nuestro malestar?
Sabiendo todo esto, si no queda más remedio que seguir trabajando juntos, deberían fijar normas para minimizar, en lo posible, los enfrentamientos:
• Determinar claramente el trabajo y la responsabilidad de cada uno y comprometerse a no cuestionar las decisiones del otro en su área.
• Hacer el firme propósito de que los problemas laborales sólo se hablan en el trabajo y los de la familia o pareja se tratan en casa. Tampoco deben llevarse trabajo a casa, lo que haya que hacer se hace en el lugar correspondiente o queda para el día siguiente.
• Es importante que hagan lo posible para frenar las discusiones, porque este tipo de problemas puede deteriorar gravemente la relación de pareja.

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Las feromonas

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Las feromonas, ¿afrodisíacos naturales?
Las feromonas existen en diversas especies animales, tanto vertebrados como invertebrados. Son mensajeros químicos que sirven para la comunicación entre sujetos de la misma especie. Se trata de secreciones que actúan como señal y provocan reacciones sexuales luego de ser olidas o probadas. Podemos citar como ejemplo las secreciones vaginales de la mona rhesus, que se han identificado químicamente como ácidos alifáticos de cadena corta y que son causa de estimulación sexual en los machos de la especie. Hay indicios de que también los seres humanos emiten y reaccionan ante ciertos olores. En este sentido, es significativo que procuremos hacer desaparecer todos nuestros olores corporales naturales y los sustituyamos por perfumes que contienen sustancias -como el almizcle- que en otras especies sirven de estimulantes sexuales.
Los humanos también las segregamos
Algunos datos nos informan que los humanos también segregamos feromonas. En nuestro organismo existe un conjunto de glándulas denominadas “apócrinas” que se consideran no funcionales. Sin embargo, en otras especies, estas glándulas están vinculadas a la producción de feromonas. El prepucio del varón y los labios de la vulva de la mujer contienen glándulas que producen secreciones olorosas. En una experiencia de laboratorio se obtuvieron muestras de secreciones vaginales de 50 mujeres jóvenes y se demostró que contenían ácidos alifáticos, las mismas sustancias que producen atracción sexual en el mono rhesus. La presencia de estos ácidos alcanza su nivel más alto en la parte media del ciclo femenino, en la época de mayor probabilidad de embarazo. Es interesante destacar que el incremento de dichas sustancias no se produce en las mujeres que han suprimido la ovulación por el uso de anticonceptivos orales. Queda demostrado que la secreción de las mismas está relacionada con la ovulación, aunque aún no sabemos cuál es la importancia que ellas tienen en la especie humana. Por otra parte, un equipo de investigadores británicos aisló una feromona sexual del sudor del hombre. Esta sustancia, concentrada, huele como aceite de sándalo que, como se sabe, se usa con frecuencia en perfumes. Según estos investigadores, las feromonas producen un olor que atrae a las mujeres.

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