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Silla de bebe para el coche

Del coche al paseo.

Se traslada con facilidad gracias a su asa rígida. Se transforma rápidamente en coche de paseo ya que se puede acoplar a cualquier chasis o sobre cualquier silla de la línea Click Clock de Chicco. En la parte trasera, encontrarás un práctico hueco para guardar objetos del bebé.

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Como deben de viajar los niños en el coche

Nuestros pequeños sólo viajarán seguros cuando los padres comprendamos que dejarles ir en coche sin sujeción es un riesgo tan elevado como permitirles jugar con cerillas.

Sólo el 30 por cien de los niños españoles va correctamente sujeto dentro del automóvil. Es lo que se ha conseguido después de años de intensas campañas de concienciación, de que comunidades autónomas enteras —como Castilla-León— regalen la primera silla de auto para los recién nacidos y después de publicarlo en prensa una y otra vez. ¿A qué se debe esta cifra tan baja? En otros países de la UE, un 80 por cien de los niños usan sillas o alzas apropiadas. Básicamente, hay dos razones que explican este comportamiento: los padres no estamos convencidos de que el cinturón de seguridad sirva para algo y está generalizada la idea de que las sillitas son sólo para bebés.
Pensar que el cinturón de seguridad no nos protege dentro del coche hace que nos volvamos descuidados: dejamos de usarlo en trayectos cortos y no nos importa demasíado que los niños a veces no se lo pongan, ° con tal de no oir sus protestas. Los padres no tenemos conciencia del peligro. Y eso explica también por qué muchos padres que se compran un coche de lujo, ni se plantean gastarse las 35.000 pesetas que cuesta un cojín para un niño de 5 años en este tipo de automóviles. En consecuencia, metemos al niño suelto en un coche, que normalmente alcanzará los 160 km/h y conduciremos a unos 120 km/h, de media. Una deceleración de 160 a 0 km/h significa que estamos “tirando” a nuestro niño desde un piso 19 hasta el suelo. Claro que si el choque es en ciudad y vamos a 50 km/h no será tan grave… El impacto es parecido a “tirar” al pequeño desde un cuarto piso. Algunos pequeños quizás podrían sobrevivir. Esas leyes físicas también funcionan con los mayores, tan reticentes siempre a usar los cinturones. Nosotros estamos sometidos a los mismos procesos de deceleración y podemos sufrir heridas muy graves ¡en cualquier momento!  Ya se sabe que normalmente, al circular en carretera no tenemos un accidente, pero, ¿quién nos garantiza que “por una sola vez” estamos a salvo? Es como permitirle al niño jugar con cerillas “por una sola vez”.
Un grave riesgo es un grave riesgo siempre. Las excepciones son muy peligrosas y, además, nos hacen parecer incoherentes a los ojos de nuestros hijos porque “no será tan malo ir sentado fuera de la silla, cuando ya me dejó hacerlo una vez…” Y el niño está convencido de que tú no le dejarías hacer nada que le perjudicase… Por la misma razón, si los mayores no usamos el cinturón, considerará que llevarlo él es una especie de tortura china que te has inventado sólo para fastidiar…-Y aquí termina el círculo vicioso. Si tú no estás convencida de la cantidad de muertes que evita el cinturón, si crees que no sirve para nada, todo es inútil. En ese caso, te pedimos un último esfuerzo: si quieres jugar con tu vida, hazlo, pero da a tu hijo una oportunidad de llegar a los 18 años y decidir por sí mismo… ¡Llévalo en una silla, cuco o cojín homologado!

UNA BUENA HOMOLOGACIÓN.
Recomendamos a todos los padres que utilicen sillas o cojines homologados. Eso significa que tienen la garantía de haber pasado una prueba de choque (crash test), antes de recibir el permiso para ser puestos a la venta. Aunque, últimamente, los expertos en seguridad infantil que trabajan para los fabricantes de automóviles o para
la Unión Europea, ya se están cuestionando si esas pruebas son suficientes. Parece que el diagnóstico es positivo en caso de choque frontal a 50 km/h: los mecanismos aguantan, la silla permanece en su sitio, las sujeciones (arneses o cinturones) no se rompen, y el maniquí-niño (dummy) no sufre heridas graves. Para eso están homologadas todas las sillas, cucos o alzas. La cosa cambia en caso de impacto lateral. Hasta ahora, no es obligatorio para los fabricantes de sillas comprobar si éstas resisten a los impactos laterales y algunos técnicos de los grupos de trabajo de la UE han descubierto que no siempre es así. Por eso, se está preparando una nueva directiva que endurecerá los requisitos para homologar una silla, incluyendo impactos laterales, y, de paso, hará que los fabricantes modifiquen la parte delantera de los automóviles (lo que hay bajo el capó) para disminuir las lesiones, en caso de atropello a un menor. Aunque se lleva varios meses trabajando en esto, de momento, es sólo un proyecto.

LAS LEYES ESPAÑOLAS.
Hace tiempo, la Dirección General de Tráfico (DGT) realizó una campaña de TV en la que presentaba a una doctora abrochando el zapato a un niño y preguntando después por qué no se le ponía el cinturón de seguridad nada más subir al coche. Pues a pesar de todo, en España no hay una ley que obligue a ir correctamente atados en el vehículo a todos los menores y en todos los casos. Por ejemplo, los pasajeros menores de 12 años pueden circular en los asientos traseros, sin cinturones de seguridad ni otros sistemas de homologación. Lo dice el Reglamento de Circulación (art. 10-1). La única prohibición se refiere a llevarles en el asiento delantero del acompañante, sin dispositivos de retención infantil (sillas o alzas). En cualquier caso, resulta extremadamente peligroso llevar a los niños sin sujetar, aunque la ley no haya dado el paso necesario para obligar a los padres menos conscientes.

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Consejos útiles para ti y tus hijos

Consejos útiles para ti y tus hijos.

En coche, siempre con el cinturón puesto.
Nunca será suficiente insistir en la necesidad de que los niños viajen en automóvil sujetos con los correspondientes dispositivos de seguridad (según su peso y edad). Cuando son muy pequeños, los padres solemos tomar las precauciones necesarias pero, a partir de cierta edad, y sobre todo en desplazamientos cortos, este aspecto regularmente lo descuidamos. Peor todavía, cuando los niños viajan en autos ajenos (en el coche de un familiar, de un amigo…) Los accidentes son imprevisibles, razón de peso para afirmar que no basta con cuidar la seguridad de nuestros hijos al ir con nosotros; también debemos preocuparnos de cómo viajan cuando los llevan otros adultos. No hay que tener vergüenza en pedir -o insistir- que vayan bien sujetos en todo momento. Si la excusa es que el vehículo en cuestión no dispone de los mecanismos de sujeción requeridos (asiento, cojín elevador, etcétera), debemos aportarlos  nosotros podemos prestar los nuestros o adquirir de reserva.

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Tratar una quemadura

Cómo tratar una quemadura

Siempre que un niño se quema, hay que considerar primero la extensión de la zona afectada. Si su tamaño es grande, es preferible llevarlo a un centro sanitario. Pero si, como sucede a menudo, sólo se producen pequeñas lesiones, se pueden tratar en casa. Para aliviar el dolor, conviene poner la zona afectada bajo la canilla de agua fría durante quince o veinte minutos.
No deben aplicarse otros remedios caseros como aceite o manteca, ni pomadas de ningún tipo. Estas podrían llegar a infectar la herida y, por lo tanto, provocar otros problemas ajenos a la quemadura en sí.
Las quemaduras superficiales, de primer grado, las que sólo producen un enrojecimiento en la piel, no es necesario vendarlas después de lavarlas bien con agua fría.
En cuanto a las ampollas, no se las debe abrir. La piel no debe levantarse, sino que se deja tal cual y se venda con cuidado con una gasa especial, no muy apretada.
Cuando se trata de ampollas en los pies, provocadas por el roce del calzado, no hay que darles un corte pero, en el caso de que sean mayores que una moneda, sí conviene consultar con el médico. Para evitar infecciones, antes que nada hay que lavar muy bien las lesiones y frotarlas con alcohol. Conviene ponerles un antiséptico y cubrirlas con una gasa esterilizada, sujeta con una cinta adhesiva.

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Intoxicacion con medicamentos

Han ingerido un medicamento
Ante una situación de este tipo, debemos leer con atención el prospecto. En él se indica qué medidas tomar en caso de ingestión accidental. También se puede llamar al Centro de Intoxicaciones, explicando exactamente qué es lo que ha ingerido. Atienden a cualquier hora del día o de la noche. Nunca se deben usar antídotos universales como el té, el pan quemado o la leche de magnesio que, o no sirven para nada o inutilizan antídotos específicos. Cuando en el prospecto se recomienda provocar el vómito, se le dará al niño agua tibia con sal y se le estimulará con los dedos la parte posterior de la lengua (antes de hacerlo, conviene consultar con el médico).

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Cuerpos extraños

Los pequeños son tenaces investigadores del mundo que los rodea; una tarea tan arriesgada que a veces sorprende (a ellos y a nosotros) desagradablemente. Sustancias más o menos venenosas, objetos punzantes y cortantes, cables traidores, endemoniados líquidos… todo esto y más contiene el inmenso laboratorio que es el día a día de su vida. Y ellos, que desconocen el peligro, caen de vez en cuando en su trampa. Es en este momento cuando nosotros tenemos que actuar con rapidez, como consumados enfermeros, sin perder un solo minuto. ¿Estamos seguros de saber hacerlo?

Un cuerpo extraño dentro del ojo
Por pequeño que sea el objeto, siempre producirá grandes molestias al niño. Por lo tanto, conviene intentar calmar al pequeño y convencerlo de que no debe llevarse las manos a los ojos.
Las motas de polvo o las pestañas se pueden sacar con relativa facilidad arrastrándolas hacia el lagrimal con el borde de un pañuelo húmedo y limpio. Pero si se hubiera introducido arena, carbonilla o cal, sería preferible poner al niño debajo de una canilla y pedirle que mueva el globo ocular para que el agua limpie bien toda la superficie y se lleve las partículas intrusas.
El agua también es el mejor remedio contra productos químicos.
del tipo que sean. Y el único que hay que utilizar (los colirios u otras cremas oculares podrían perjudicarlo). Si lo ha salpicado un producto químico, habrá que procurar lavarle bien los ojos con abundante agua limpia. Después de los primeros auxilios, hay que acudir sin pérdida de tiempo al oftalmólogo o, si no fuera posible, al centro de urgencias más cercano.
Cuando lo que se ha metido en el ojo tiene un tamaño más considerable, está totalmente contraindicado extraerlo. Es mucho más aconsejable cubrir con una venda o un pañuelo el ojo lesionado y llevar al niño inmediatamente a urgencias.
Cualquier otra forma de proceder puede producir una infección o hacer que el objeto se incruste aún más y que luego resulte mucho más difícil de extraer.

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Objeto extraño en el oido

Tiene algo en el oído
No hay que intentar sacarlo con un bastoncillo do algodón y mucho monos con un objeto puntiagudo. A veces basta con sacudir la cabera con fuerza para hacerlo salir. 81 no resultara afectivo, hay que acudir al médico. En el pabellón auditivo no debo Introducirse nunca nada. NI siquiera mantener osa costumbre do taparlo con un algodón, para prevenir otitis. Esto no tiene ningún sentido, ya que los agentes que provocan la Infección no siempre entran al oído desde afuera; la mayoría de las veces acceden desdo la nariz o la garganta cuando el niño tiene un catarro que no se trata en forma adecuada, o que evoluciona con complicaciones. También está contraindicado tapar el oído con un algodón cuando existe una secreción líquida o supura. Es mejor dejar que la expulso.

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Para que dejen de pensar en el dolor

ESTRATEGIAS MÁGICAS
Aveces hay que hacer uso de la imaginación para que dejen de pensar en el dolor. Algunos trucos de toda la vida funcionan muy bien, sobre todo si los utilizamos de forma habitual:
• El “Sana sana, colita de rana, si no sana hoy, sanará mañana” seca las lágrimas de los pequeños por arte de magia.
• Otra fórmula infalible consiste en retar al mueble culpable del golpe.
• Si, además, anudamos un pañuelo en su dedito o le ponemos una cunta (las venden con dibujitos), tendrá un buen motivo para sentirse mejor y contárselo a todos.

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CUANDO LOS NIÑOS SE LASTIMAN

Responder con mimo, pero sin excederse Aunque para nosotros se trate de una simple excusa para llamar la atención, no podemos pasar por alto lo que el chiquito nos está solicitando: una dosis extra de mimos.
Por supuesto, tampoco es cuestión de caer en la exageración y tratarlo como si volviera de la guerra. Tanto si se ha hecho daño de verdad como si se trata de un pequeño truco, no es conveniente amplificar la magnitud de lo sucedido. Otorgar demasiada importancia al suceso sólo servirá para que se asuste de verdad o piense que no lo tomamos en serio.
Supongamos ahora que la herida es real y el niño se queja con motivo. Como primera medida debemos averiguar el verdadero alcance de la lesión y, a continuación, tranquilizarlo y curarlo.
En casa conviene contar con un buen botiquín. No deben faltar yodo, gasas, paracetamol (o cualquier otro analgésico o antitérmico), curitas, termómetro, alcohol, agua oxigenada y vendas.
A veces, los niños se asustan mucho, pero en otras ocasiones nos sorprenden y se comportan como auténticos valientes. No lloran y hasta se permiten el lujo de consolar a sus papas durante el trayecto: “No me pasa nada, mamá, no te preocupes”.
También puede ocurrir que no tengamos claro si la lesión es lo bastante importante como para llevar al pequeño al hospital. En caso de duda, siempre es mejor presentarse allí.

Si sufre alguno de estos percances, tendremos que acudir sin dudarlo: Traumatismos cráneo-encefálicos, aunque sean leves. Heridas producidas en lugares sucios o contaminados que puedan causar una infección de la lesión. Cortes profundos y lesiones con desgarro de la piel o pérdida de sustancia (falta un trozo de carne, se arranca una uña…). Mordeduras de animales y picaduras de insectos susceptibles de producir alergias o envenenamientos, como abejas, avispas o escorpiones.
A veces, cuando los chicos pasan por una experiencia difícil en la guardia médica (puntos, curas complicadas) pueden necesitar proyectar sus emociones. Si los dejamos jugar libremente, el osito de peluche o la muñeca se convertirán en los pacientes perfectos de su hospital particular.

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Ayudar a los niños cuando se lastiman

Un vendaje para enseñar a todos

Mientras alguien cura su herida, se sienten protagonistas del acontecimiento. Además, no cabe duda de que un vendaje en el dedo es suficiente motivo de orgullo para presumir durante unos cuantos días. Tal vez por eso, los pequeños explotan un poco el truco de vez en cuando.
Es curioso que, en algunas ocasiones, el llanto varíe en función de los asistentes al golpe. Si la persona que los cuida (la madre, la abuela, la niñera…) se encuentra presente en ese momento, llorarán aún con más ganas, con más confianza. Claro que otros chicos hacen justo lo contrario: en cuanto aparece un adulto en escena, las lágrimas se acaban y el dolor se les pasa antes.
También hay casos en que extrañan un mimo y utilizan el ¡pupa! para conseguirlo. A lo mejor la mamá lleva mucho tiempo regando las plantas y el papá está demasiado entretenido viendo un partido en la televisión. En ese momento nadie le hace al chiquito tanto caso como él quisiera y empieza a aburrirse
un poco de jugar sólito. ¿Cómo resolver tan tediosa situación? Lo mejor es inventarse otro juego en el que pueda involucrar a los demás.
Así que, sin mayor vacilación, de pronto aparece el chico en el jardín, quejándose de un dolor rarísimo que le ha entrado de repente en el dedo gordo…
En cuanto mamá lo mira, ya sabe que no se ha hecho ni siquiera un rasguño. Se da perfecta cuenta de que sólo pretende llamar su atención. Por supuesto, le da un beso y le canta el Sana, sana. Después le dice que no ha sido nada y lo invita a ayudarla con las plantas. De inmediato, el chiquito agarra con entusiasmo la regadera y el inexplicable dolor desaparece en un instante.
Restarle importancia al golpe como primera estrategia no siempre es buena idea. Es mejor ofrecerles una caricia o un abrazo afectuoso, incluso aunque sospechemos que las lágrimas del contuso son de cocodrilo.

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