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Accidentes infantiles

Ayer Guille estaba en su cuarto jugando cuando, de repente, pegó un grito que puso los pelos de punta a su mamá. Ella salió corriendo a buscarlo, pensando que se podía haber dado un buen golpe y, cuando llegó, lo encontró llorando a lágrima viva porque no podía sacar el dedo de la arandela del sonajero. ¡Qué susto por una tontería!
Lo que le pasa a Guille es muy frecuente a su edad. Cualquier pequeño accidente lo impresiona. Mamá piensa que el suceso no tiene importancia, pero para él es una tragedia sentir el dedito aprisionado. En su mundo infantil, el inocente sonajero se ha convertido en una trampa mortal de la que no ve manera de salir. Sus habilidades son limitadas todavía y no logra sacar el dedo de la arandela. Por eso tiene la sensación de que la experiencia lo sobrepasa y no puede evitar sentirse perdido ante algo así.
Como no paran ni un momento, los accidentes están a la orden del día. Rasponazos, magulladuras, alguno que otro chichón… Y claro, lo peor es cuando brota un poco de sangre. Además de sentir dolor, se asustan de la mancha roja. Aunque sólo aparezca en escena media gota, para ellos es prueba indudable de la gravedad de su herida.
Una forma de ayudarlos a superar este temor es solicitar su colaboración cuando haya que curar a otros miembros de la familia. Así aprenderán a restar importancia al hecho.
Por supuesto, a nadie se le escapa que las lesiones ofrecen a los pequeños una oportunidad de oro para llamar la atención. En cuanto se hacen un corte y gritan ¡pupa!, alguien se presenta al instante y les pone una preciosa curita.

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Seguridad en la piscina

Las normas están para cumplirías
En las piletas públicas, la normativa se limita a fomentar un clima de mutuo respeto. Nada de utilizar la pileta como si fuera un inodoro ni molestar al resto de los bañistas con pelotas o colchonetas. Tampoco puede usarse calzado de calle dentro de las instalaciones, comer o beber en las zonas no habilitadas para eso, poner la música demasiado alta… La normativa de los natatorios privados puede variar, pero suele ser similar.
Así como les enseñamos a comportarse en la mesa o cuando juegan con sus amigos, también deben aprender a ser respetuosos con los otros cuando se divierten en la pileta. Además, éste es un buen método para prevenir accidentes.

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Para los niños en la pisicina

Para velar por su salud, también debemos insistir en que no se olviden de:
• Respetar las dos horas de digestión (los cambios bruscos de temperatura son peligrosos).
• Unas ojotas de goma (los hongos se contagian con suma facilidad).
• La crema solar con el factor de protección adecuado.
• Unas antiparras de natación y pomada contra picaduras de insectos.

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Cuidados y seguridad de niños en las piscinas

Prohibido hacer locuras (en la pileta)

Durante los meses de verano, cuando el sol amenaza con transformarnos en charcos de transpiración, las piletas se llenan de chicos bulliciosos e incansables. Todos con ese tono tostado que ya quisiéramos tomar nosotros, jugando durante horas dentro del agua y divirtiéndose de lo lindo.
Nunca deben ir sin un adulto No hay que dejarlos solos, incluso aunque naden a la perfección. Y no sólo por los riesgos que implica: también es muy importante que les enseñemos a comportarse bien con los demás usuarios. Si nos es imposible ir con ellos, podemos buscar a algún vecino, amigo o familiar que los acompañe.
¿Quién no ha sufrido la caída de un chico que se lanza al agua mientras nadamos tranquilamente? Esto, además de molesto, puede ser peligroso.
Los guardavidas suelen llamar la atención a los chicos que juegan de forma agresiva (se tiran al agua de golpe cuando no deben, hacen torres -algo que está rigurosamente prohibido- o juegan a la pelota sin importarles a quién golpean), pero ésta no es su verdadera función. Su trabajo es atender las posibles situaciones de peligro que puedan surgir, no vigilar el comportamiento de nuestros hijos.
No se trata de que no les permitamos jugar libremente. Acatar una serie de normas elementales permite que tanto los adultos como los chicos disfrutemos del natatorio. • Lo primero que hay que exigirles es que se duchen antes de entrar en la pileta. Prediquemos con el ejemplo.
Sería aconsejable el uso de gorra de natación (una medida higiénica excelente), ya que los filtros de las depuradoras pueden tener problemas con los cabellos, pero sólo son obligatorias en las piletas climatizadas.
• Los juegos más peligrosos para la integridad física de los chicos son las tonterías que cometen afuera del agua: empujones junto al borde, golpes con las escaleras, porrazos en el cemento… Y, sobre todo, las lesiones que provoca tirarse de cabeza donde el nivel de agua es bajo. Pueden sufrir un simple golpe, un esguince cervical o la temida cuadriplejia.
No obstante, los primeros auxilios más habituales en una pileta son los puntos de sutura.
• Debemos llamarles la atención si vemos que alborotan y molestan. Y si no nos hubiéramos percatado de sus travesuras y el guardavidas los retara, tienen que saber por nosotros que se lo han merecido.
• Por supuesto, si sufren algún percance (corte, golpe, raspadura…), hay que llevarlos de inmediato a la salita de primeros auxilios del establecimiento.

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Hogar

Sé por propia experiencia cuánto dolor causa a una persona con un mínimo sentido de la estética tener que prescindir de todas esas pequeñas cosas que hacen agradable el hogar. Pero un niño es un niño. Si no queremos reprimir constantemente su afán de investigación ni estar todo el día en danza para salvar lo que para nosotros representa un valor, tenemos que simplificar la casa al máximo. (Más tarde hablaremos sobre el acondicionamiento de la casa para niños mayores). El sofá se cubrirá con una manta, si es necesario, incluso con una sábana; la mesa baja de esquinas agudas desaparecerá o se cubrirá con un tapete grueso: las cerámicas se guardarán…
También los padres se beneficiarán con esta decisión por la extrema sencillez. Ningún objeto de valor —real o sentimental— se romperá; pueden leer tranquilamente el periódico o dedicarse a sus tareas mientras su hijo gatea por toda la casa. No le pasará nada, ni a él ni a los muebles debidamente protegidos. No tienen por qué ponerse nerviosos ni levantarse para regañar y prohibir. Su hijo está contento de poder hacer lo que quiere, y el ambiente relajado y libre hace que les moleste y lloriquee mucho menos. Y cuando reclame su atención por una necesidad real, los padres, después de haberse podido dedicar durante un buen rato a sus cosas, están más dispuestos a darle lo que necesite.

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Padres

La segunda clase de padres —quizá profesionales de la educación o más avispados por el ejemplo de amigos— decide desde el principio amueblar lo más sencillo posible: lo más necesario de armarios y por lo demás mucha goma espuma, moqueta y cojines. Si el bebe lo estropea, no se ha perdido mucho; más tarde, cuando el niño vaya al colegio —y la madre vuelva a ganar dinero— aún estarán a tiempo para comprar los muebles definitivos y decorar la casa a su gusto.

La tercera clase —esperemos que la mayoría, porque a pesar de haberse equivocado al principio, no ha sido por maldad sino por ignorancia— constata después de uno o dos años que su vivienda no es la más adecuada para albergar niños. Esto puede ser una experiencia amarga, tanto más cuanto menos ingresos económicos tenga la pareja en cuestión. Seguramente han ido ahorrando durante mucho tiempo para pagar ese sofá color crema que pronto empieza a acusar manchas sopechosas que no se quitan con ninguna de las espumas anunciadas, y esa mesa baja de cristal cuyas esquinas agudas están justo a la altura de un bebé gateante.

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Accidentes infantiles

En cuanto a la seguridad física del pequeño todos los padres estarán de acuerdo en que se deben tomar todas las precauciones necesarias para evitar accidentes, pues es evidente que no se puede vigilar al niño las veinticuatro horas del día. Pero un bebé en edad de gatear no sólo se pone en peligro a sí mismo, sino a todos los objetos que para los padres representan algún valor. Y ahí es donde empieza a peligrar el bienestar psíquico del niño.

Una madre que nueve veces dice pacientemente a su hijo que no debe coger el florero de cerámica, sin que el pequeño alborotador le haga el menor caso, la décima explotará y le dará un cachete en la mano, por mucho que antes se haya jurado que nunca (¡nunca!) pegaría a su hijo. Para defender su propiedad terminará por agredir al niño.

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Juegos infantiles

6.  Vigilar que la cama del niño sea segura.
—Si es demasiado alta (litera, etc.), hay que proveerla de barandilla de seguridad.
—La separación de los barrotes de la cuna debe estar comprendida entre los 6 y los 7,5 cm.
—Los niños no deben dormir con almohadas hasta cumplidos los 2 años de edad, debido al riesgo de asfixia.
7.  No hay que dejar que los pequeños jueguen con bolsas de plástico; también hay peligro de asfixia.
8.  Si se tiene automóvil, mantenerlo siempre sin las llaves de contacto al alcance del niño. Introducir el vehículo en el garaje con e «morro» hacia delante.
9.  No permitir que el niño acceda a los lugares donde se guardan productos inflamables (garaje), material explosivo o armas de fuego
10.  No permitir el acceso de los niños a los lugares donde se guardan medicamentos o sustancias de limpieza. Estos sitios, además, siempre deben estar bajo llave.
11.  Si en el jardín de la casa existen columpios, hay que asegurarse de que el asiento es de material blando y de que la sujeción de mismo a la barra se haga mediante piezas enteras, no con cadenas.
12.  Disponer de un botiquín de primeros auxilios.
13.  Tener al alcance de la mano una lista de teléfonos de emergen cia: médicos de urgencia, policía, bomberos, compañías de gas y d electricidad.

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Prevencion accidentes infantiles

Vigilar con el mayor cuidado la cocina y sus instalaciones. —Comprobar que la altura de los fogones sea, como mínimo, de 1 m sobre el nivel del suelo.
—No dejar que los mangos de ollas o sartenes sobresalgan y puedan ser cogidos por el niño.
—Verificar que la cocina tenga una base ancha y esté debidamente afirmada, con su centro de gravedad lo más bajo posible a fin de asegurar la estabilidad.
—Utilizar hornos con luz interior y puerta aislante del calor. —Comprobar que sea correcta la ventilación en los casos en que se emplee gas. Asimismo, vigilar que no haya escapes en las cañerías. —Mantener siempre separados los productos de limpieza de los alimentos.
—Emplear fósforos de seguridad, es decir, aquellos que sólo se encienden al frotarse contra una superficie especial. —Los adultos no deben coger los recipientes con las manos húmedas pues fácilmente pueden resbalar y caer.
—Verificar muy especialmente el sistema de cierre del lavavajillas que trabaja con agua a temperaturas muy altas. —Vigilar el funcionamiento de cafeteras y ollas a presión y no olvidarlas cuando se han puesto al fuego.
Procurar que en todos los sitios donde se emplea agua caliente haya un aparato mezclador, y abrir siempre en primer lugar el grifo del agua fría. Si se emplea agua a temperaturas muy altas, debe instalarse un termostato. —Vaciar siempre las bañeras. —Establecer algún sistema de protección para la piscina.

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Accidentes infantiles

PREVENCIÓN DE ACCIDENTES INFANTILES
1.  Comprobar todos los sitios del hogar que pueden presentar un eventual peligro para el niño y elaborar una lista de los mismos, con- j signando qué cosas se han de rehacer o reformar.
2.  Aplicar la máxima atención a la instalación eléctrica del hogar. —Todos los enchufes deben estar provistos de protector.
—La instalación debe cumplir con la normativa vigente y debe ser objeto de revisiones periódicas.
—Los grandes electrodomésticos tienen que revisarse, asimismo, periódicamente, de modo especial las lavadoras, lavavajillas y neveras. —No introducir en el cuarto de baño o en la cocina aparatos que lleven resistencias eléctricas al descubierto. La asociación de la corriente y el medio húmedo es incompatible. Si se emplea calentador eléctrico, debe estar desconectado durante el baño. —No dejar que el niño manipule las instalaciones eléctricas de la casa, ni siquiera cuando la llave general de paso esté desconectada (por ejemplo, para cambiar bombillas).
—Impedir que el niño toque los aparatos conectados a la corriente con las manos o con los pies húmedos.
—Cuando el nivel de desarrollo motor del niño sea el adecuado, enseñar al niño gradualmente el uso de los interruptores.
3.  Acondicionar el ámbito del hogar de tal modo que no sea fácil que se produzcan caídas y se sufran golpes.
—Proteger debidamente las ventanas, los balcones y las terrazas con rejas, mallas metálicas o barandillas altas.
—Mantener siempre la casa bien iluminada, impidiendo al niño que permanezca solo en los lugares oscuros.
—Proteger el acceso de las escaleras demasiado empinadas o con peldaños muy altos, así como las que no están provistas de pasamanos. —Si hay puertas de cristal, éste debe ser irrompible o inastillable. —Proteger las aristas y los ángulos salientes del mobiliario mediante conteras de material blando que amortigüe los golpes. —Evitar que el niño cierre las puertas por dentro. —Mantener la puerta que da acceso a la calle cerrada con llave. —No aplicar al suelo grandes cantidades de ceras u otras sustancias deslizantes.
—Comprobar que las alfombras estén bien aseguradas por sus ángulos y que estén provistas de una buena base adherente.

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