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Rubéola

Es una afección infectocontagiosa, benigna para quien la padece, producida por un virus, que se manifiesta por signos similares a los del sarampión. Faltan, sin embargo, las máculas bucales características, y la erupción es, generalmente, más pálida, con elementos más pequeños y con escasa afectación general.
La rubéola, cuyo grado de contagio es menor que el del sarampión, no suele afectar a los lactantes, sino a niños algo mayores (de 3 a 6 años). Las medidas a tomar son inespecíficas; generalmente la enfermedad cura al cabo de cuatro días.
Especial cuidado deben tener las mujeres embarazadas, pues en ellas la rubéola puede causar daños graves e irreversibles en el feto (cataratas, malformaciones e incluso la muerte). De aquí la conveniencia de que las púberes que no han sufrido la enfermedad sean sistemáticamente vacunadas antes de entrar en la vida sexual activa, recomendándose hacerlo entre los 9 y 12 años.

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Sarampión

Es una enfermedad infectocontagiosa de origen vírico, para la cual no existe, por tanto, un tratamiento específico, pero sí una eficaz vacuna. La vacunación se suele realizar alrededor de los quince meses de vida, formando parte de la llamada «vacuna triple vírica» (sarampion-rubéola-paperas).
La enfermedad sarampionosa, en el niño no vacunado, cursa con un largo período de incubación, que puede alcanzar las tres semanas, y en el que predominan los síntomas respiratorios, con tos seca, repetitiva, que se corresponde con la afección de las vías altas del aparato respiratorio. Se acompañan estos prolegómenos de fiebre, hasta el momento en que aparecen las manchas, maculopápulas que se inician en cuello, tras los pabellones auriculares, para extenderse en las horas sucesivas a la cara, pecho, extremidades, etc. El brote del exantema coincide con un recrudecimiento de la fiebre y de los sintomas catarrales, y en las primeras horas se pueden detectar en la mucosa de la boca unas pequeñas granulaciones blanquecinas, que se dan exclusivamente en esta enfermedad.
Tras cuatro días de enfermedad, generalmente desaparecen las manchas, remiten el estado catarral y la tos, entrando el enfermo en la fase de convalecencia. Por ser vírico, el sarampión no deberá ser tratado con medicamentos por sus familiares, sino ajustarse a las instrucciones que el médico indique como oportunas.

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Enfermedades Infantiles

El niño está expuesto al padecimiento de un gran número de enfermedades. Muchas de ellas no son exclusivas de su edad. Otras, en cambio, son características de la infancia. De estas últimas se tratará en los siguientes apartados.

Las pequeñas infecciones
La inmadurez general del organismo infantil explica el hecho de que la gran mayoría de sus padecimientos sean de naturaleza infecciosa.
Hasta que no cumple los cinco años, el niño no alcanza una inmunidad semejante a la del adulto y que le protege contra determinados gérmenes. Dicha inmunidad a veces la obtiene a través del contacto con los microorganismos y, en otros casos, mediante las vacunaciones.
Las infecciones inespecíficas, provocadas en su mayoría por virus o por algunas clases de bacterias (estreptococos, Haemophylus), suelen asentar de preferencia en el aparato respiratorio, especialmente en sus partes altas (amígdalas, faringe).
La repetida aparición de estos trastornos debe preocupar a los padres, aunque ello no significa que su hijo cuenta con una salud precaria. Es preciso que tengan presente, por el contrario, que las pequeñas infecciones respiratorias desencadenan una reacción positiva del organismo, y que ello supone un desarrollo favorable de la capacidad defensiva del niño.
Estas afecciones requieren toda la atención posible, por cuanto la relativa indefensión del pequeño puede agravarlas, transformándolas en casos de cierta entidad, con aparición de otras complicaciones.
Son también frecuentes en el niño las infecciones del aparato digestivo. Responden a los mismos motivos que las infecciones respiratorias y deben ser tratadas con un especial cuidado dietético. En raras ocasiones será necesaria la prescripción de fármacos. En este grupo de enfermedades, cabe destacar los distintos tipos de enteritis y gastroenteritis, que se traducen sintomáticamente en fiebre, y diarrea y vómitos.

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