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¿CUÁNDO NOS PUEDE AYUDAR?

Generalmente no dudamos de la oportunidad de consultar a nuestro médico cuando tenemos algún sufrimiento en el cuerpo. Sin embargo no estamos tan seguros cuándo es que tenemos que consultar al profesional en salud mental.
Seguramente si estamos frente a padecimientos muy notorios que resultan una interferencia clara para la vida cotidiana, la decisión surge con mayor facilidad. Si, por ejemplo, nuestro niño entra en pánico a la hora de ir a la escuela, o si deja de comer y adelgaza muchísimo, o si dice que escucha voces que nadie oye o afirma que ve cosas inexistentes, no dudaríamos en buscar rápidamente ayuda profesional.
Pero hay muchos otros casos en los cuales seguramente nos preguntaremos: ¿valdrá la pena? ¿No quedaré como un/a inepto/a si pregunto estas cosas? La respuesta correcta es: vale la pena permitirse la oportunidad de ser informado, de poder entender y eventualmente cambiar algunas actitudes o posturas. Así como ya no dudamos que vale la pena prevenir enfermedades tales como el tétanos o la viruela, también consideramos que vale la pena prevenir cuando se trata de lograr la salud emocional. Nos alegramos que cada vez sean más las consultas sobre prevención. Así, hoy nos vamos acostumbrando a que los motivos de consulta sean por ejemplo:

“Nos vamos a separar y queremos saber cómo manejarnos con los chicos”,
“Mi hijo adoptivo no quiere que le informemos, ¿es normal eso?” “Cómo le digo?”

“Mi hijo quiere jugar con muñecas, ¿eso quiere decir que es homosexual?”

“Nuestra hija debe ser operada en dos meses. ¿Cómo hacemos para que no queden secuelas emocionales?”

“Nuestros alumnos están muy agresivos. ¿Qué podemos hacer para que aprendan a relacionarse de otra manera?”
“Murió una persona con la cual mi hija estaba muy encariñada y me pregunto cómo decírselo y si debo hacerlo.”
“Mi marido y yo discrepamos en la forma de educar a los chicos, ¿cómo podemos resolver eso?”
“En casa, los chicos y nosotros nos bañamos desde siempre todos juntos, ¿es malo hacerlo?

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¿A QUÉ SE DEDICA?

Con frecuencia, escuchamos esta frase entre la gente:”Los psiquiatras son para los locos”, “Este problema es leve, así que no es para psiquiatra”. Estos conceptos equivocados tienen su origen en lo que era la psiquiatría en sus orígenes, no en lo que es hoy. La psiquiatría ha acompañado en su evolución a todo el movimiento del concepto salud: la salud no se considera meramente la ausencia de enfermedad, sino el completo bienestar físico, psíquico y social del individuo. (Declaración de la OMS, Alma Ata, 1978)
Del mismo modo, el psiquiatra ya no se ocupa solamente de curar o de aliviar la enfermedad, sino de generar todas aquellas acciones que promuevan la salud mental de los individuos. Es así, que hoy la psiquiatría no sólo se ejerce en los consultorios, sino también en los centros de salud comunitarios, en las escuelas, en todas las instituciones donde hay niños y adolescentes, y aún en los medios de difusión, llevando a la población información necesaria para que los cambios deseados sean posibles. Su presencia también es necesaria al lado de legisladores y políticos a la hora de elaborar leyes y proponer políticas de salud que involucren a niños y adolescentes.

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¿Qué es?

La Psiquiatría es una especialidad de la medicina. Así como otras disciplinas médicas se ocupan de lo que sucede en los tejidos y en los órganos vitales, la Psiquiatría se ocupa de lo que sucede en los pensamientos, en las emociones y en la conducta de los seres humanos.
Por cierto que esta división es arbitratria ya que no existe por un lado el cuerpo y por otro lado la mente. Los seres humanos funcionamos como un todo, con una interacción permanente entre de “la carne” y “el espíritu”.
El psiquiatra de niños y adolescentes, lejos de lo que su título pudiera hacer creer, no se ocupa sólo de la salud mental de los niños y de los adolescentes. ¿Cómo concebirlos como entes aislados separados de su familia y del resto de su entorno? Sería un esfuerzo vano e inútil intentar ayudar aisladamente a los hijos, sin entenderlos como formando parte de una familia y de una sociedad, que están viviendo determinada época que les imprime también características especiales.

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