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Accidentes

A fin de evitar las caídas, es de primera importancia guardar una serie de normas que deben regir en todos los hogares.
En primer lugar, debe hacerse todo lo posible para que los lugares por donde transita el niño estén bien iluminados y no se acumulen muchos objetos en ellos. Los niños no suelen tomar precauciones y siguen sus impulsos sin fijarse bien en lo que hay en las zonas de poca luz.

Otras normas esenciales a seguir son las siguientes:
—Mantener las ventanas cerradas e inaccesibles a los niños. Para
ello resulta indispensable el uso de persianas y la eliminación de las ventanas demasiado bajas y los tragaluces que están a nivel del suelo. En algunos casos puede ser conveniente la instalación de rejas o mallas de hierro, así como de dispositivos especiales que ayudan a mantener una buena ventilación de la casa sin riesgos para el niño.
—Dotar de barandillas lo bastante altas a terrazas y balcones, así como a las azoteas. De todos modos, es necesario también tener la precaución de que en la proximidad de estos dispositivos de protección no haya objetos por los que el niño pueda trepar fácilmente, como pueden ser sillas, mesas u otros elementos ornamentales.
—Proteger en el hogar las escaleras muy empinadas o con escalones muy altos, así como aquéllas que nacen en el umbral de una puerta y carecen de rellano. Si la escalera está cubierta de una esterilla o dispositivo similar, debe tenerse cuidado de que éste no se halle suelto en algunos puntos, pues podría hacer tropezar al niño. Por último, hay que asegurarse de que todas las escaleras están lo suficientemente iluminadas.
—Proteger debidamente los muebles, de modo especial los ángulos salientes y las aristas, para lo cual está indicada la aplicación de cantoneras de goma, necesarias para amortiguar los choques.

—Mantener el suelo en buen estado, evitando las baldosas flojas, los zócalos astillados o el uso excesivo de ceras que lo vuelvan resbaladizo. Igual cuidado hay que tener con las alfombras; es conveniente fijarlas por sus ángulos y que tengan una base gruesa y sólida (caucho, etc.).
—No permitir que los niños viajen solos en los ascensores.
—Cuando el niño es todavía un lactante, no hay que dejarlo nunca solo sobre la mesa o encima de cualquier otro lugar elevado.
—Hay que tener sumo cuidado con las bañeras. Mientras el niño es muy pequeño (hasta los 3 o 4 años), nunca se debe dejarlo solo en el momento de realizar su aseo. Conviene dotar las bañeras de barandillas y de esteras antideslizantes y no dejarlas nunca llenas de agua. Las mesitas que se utilizan para vestir a los bebés después del baño deberán ir provistas también de barandillas.
—La cuna debe estar provista de barrotes altos, de una altura de 60 cm a partir del somier y con un espacio entre ellos que no permita el paso del niño (entre 6 y 7,5 cm de separación).
—El parque de juegos no debe tener cantos vivos, ni salientes que puedan dañar al niño. La abertura máxima de su malla debe ser de 7 mm, y su altura, desde la base hasta la parte superior del parque, no debe ser inferior a 55 cm.
—Hay que asegurarse de que el niño lleva siempre el calzado bien ajustado y con suela antideslizante.
—En el caso de los bebés hay que comprobar, si se sale de paseo, que vayan bien sujetos en su cochecito o silla por el correspondiente cinturón de seguridad.
—Conviene recoger del suelo todos los pequeños objetos que pueden hacer tropezar al pequeño (canicas, juguetes, etc.). Es una buena medida inculcar al niño la costumbre de recogerlos él mismo.
—Respecto a las puertas, hay que abrirlas siempre con cuidado, pues el niño puede estar detrás. Si las puertas llevan cristal, se debe procurar que éste sea inastillable o irrompible. Es conveniente, también, marcar con tiras o con adhesivos especiales las puertas que sean transparentes. La puerta de la vivienda debe estar cerrada con llave para evitar que el niño salga sin que los adultos se den cuenta.
—No hay que sentar al niño en sillas de adultos, sobre todo por el peligro que implica una caída hacia atrás como consecuencia del balanceo corporal.
—Nunca debe permitirse que los niños de corta edad sean transportados en brazos por otros niños.
—Los andadores requieren de una vigilancia constante para evitar los peligros de volteo, caída por las escaleras, impactos con los muebles u otros objetos, etc. Debido a estos peligros, no es recomendable su uso.
—Por último, hay que vigilar y corregir en todo momento la evolución motriz del pequeño, de forma que él mismo cree poco a poco los hábitos de precaución. Esto debe hacerse con prudencia y con delicadeza, pues de otro modo el niño se vería seriamente coartado en su desarrollo psicomotor.

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