
La adopción es una situación que afecta a toda la familia. Unos y otros, tarde o temprano se enfrentarán a dilemas emocionales no siempre fáciles de elaborar. Seguramente el enfrentar estas realidades, estas dudas, estos misterios genera sufrimiento; pero es un sufrimiento que enriquece y que abre las puertas para la creación de la verdadera identidad del individuo que desconoce su identidad biológica.
El resultado último del desarrollo del niño que fue adoptado se relaciona de manera muy directa con lo positivo, continente y comprensivo que sea su entorno. Su familia debe ser capaz de acompañarlo en el largo proceso de aceptación realista de su situación. Poder compartir dolores abre puertas a las alegrías de verdad, a la celebración de estar juntos como elección.
¿Cómo es el desarrollo psicológico de un niño adoptado?
Todas las investigaciones coinciden en que es mucho mejor el desarrollo emocional de un niño adoptado por una familia que el de un niño criado en una institución y que la adopción es una experiencia favorable en la mayoría de los casos. Esto no quiere decir que el niño adoptado no tenga que superar una serie de dilemas emocionales relacionados con su condición de abandonado primero y luego adoptado. Muchos ¿por qué? surgirán inevitablemente, algunos de lo cuales quedarán sin respuesta y deberá poder aceptar el misterio, otros tendrán respuesta, y también tendrá que aceptarla sea cual sea.
Una tarea básica para todos pero con características especiales, en niños adoptados que desconocen su pasado biológico, es la de la elaboración de la identidad. A lo largo de toda la vida deberá enfrentar, con diferente intensidad y color emocional, la pregunta formulada desde su intimidad: ¿quién soy realmente? y desde la mirada de los otros: ¿quién eres realmente?
Todas tareas duras pero no imposibles. Lo único imposible parece ser lograr un buen resultado en el desarrollo sobre la base de la negación de las dificultades reales.

La adopción, como método de proveer una familia a niños que no la tienen e hijos a parejas que los desean ha sido utilizado desde la antigüedad. Moisés por ejemplo era adoptivo. En escritos babilónicos del 2250 AC ya se encuentran normas tendientes a regular la adopción: en ellas se establecía que si unos padres adoptivos crían a un niño, éste luego no podría ser reclamado por sus padres biológicos.
No sólo es un método muy antiguo, también es universal. En todas las sociedades encontramos adopciones, formales o informales, cuyas normas reguladoras varían según las diferentes culturas.
El objetivo y el método de la adopción ha ido cambiando a lo largo de la historia. Antiguamente, la adopción era el procedimiento por el cual se intentaba satisfacer las necesidades de una pareja adulta que no podía tener sus propios hijos biológicos y que los necesitaban para diferentes funciones más allá de lo afectivo: salvaguardar la sucesión de propiedades o la supervivencia del apellido. Las normas vigentes respondían a este objetivo y por lo tanto se ocupaban fundamentalmente de proteger a los adoptantes.
El concepto moderno de que la adopción debe servir para lograr el bienestar del niño es bastante nuevo. Actualmente la adopción es considerada un tipo de cuidado del niño, una manera más de protegerlo y
satisfacer sus necesidades.
Este cambio conceptual básico ha condicionado cambios prácticos importantes a nivel de la elección de el niño a adoptar y de los padres adoptivos.
Antes, el niño a adoptar debía cumplir estándares casi de perfección: debía ser recién nacido, sano, del sexo deseado, de la misma raza que los padres adoptivos. Debía ser casi idéntico al niño que esos padres habían soñado tener y no habían podido. Actualmente esta expectativa se ha ido modificando y cualquier niño que lo necesite, se considera apto para la adopción. No quedan fuera de esta situación los bebés discapacitados, ni los enfermos, ni los niños más grandes, ni huérfanos de otras razas generalmente sobrevivientes de guerra o de zonas pauperizadas.
Los padres adoptivos también debían ser “perfectos”: matrimonios estables, de buena situación socioeconómica y de conducta y procederes acordes. También se han modificado los estándares en este sentido, y actualmente en el mundo, y con variaciones regionales, se dan niños en adopción a solicitantes solteros, a parejas no legalizadas, a parejas homosexuales y aun a personas con alguna afección mental que no se considere peligrosa.