Tristeza en el niño
En ocasiones, observamos que nuestro hijo se muestra taciturno y ensimismado, incluso triste, y esta situación se prolonga durante varios días. Preocupados, con razón, tratamos de averiguar el motivo de su estado y nos encontramos con un persistente no me pasa nada. ¿Qué podemos hacer?
Ni ellos lo saben. Los niños pequeños son muy comunicativos y sus estados de ánimo cambian con cierta frecuencia y facilidad. Si tienen cualquier problema, nos lo harán saber si sabemos sondearlos con habilidad, si es que ellos mismos no nos lo han contado por propia iniciativa. Pero si están raros varios días y no saben decir el porqué, es casi seguro que ni ellos mismos conocen el motivo. ¿Necesitan ayuda? Seguramente aparecerán otros síntomas: llanto más frecuente de lo normal, problemas con la comida o el sueño… Nos toca, entonces, afinar la antena y estar atentos para hallar las causas. Si sintonizamos con nuestro hijo y somos observadores, no tardaremos en encontrarlas. Pero, si no es así y la situación persiste, debemos consultar con un psicólogo infantil. Amigos discretos. Los niños más grandecitos tienen un mundo propio y no siempre acceden a contamos sus preocupaciones. Su intimidad merece respeto y pueden tener crisis pasajeras que necesitan resolver ellos solos. Es difícil que unos padres intuitivos y atentos no tengan la más remota idea de las causas de una crisis de tristeza, sobre todo si ésta se prolonga. Tenemos que mostrarles que pueden confiar en nosotros y que contarán con nuestro apoyo en todo momento. Preguntas, pocas. No es preciso someterlo a un Interrogatorio exhaustivo, pero sí hacerle saber que sus problemas nos importan y que, cuando nos cuente alguno, no se va a encontrar con unos jueces sino con alguien que tratará de comprenderlo y ayudarlo. Esta puede ser la clave que lo anime a contarnos el secreto que lo perturba.


