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El divorcio

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Qué dice la ley
La regla de oro para el bienestar de los hijos menores es respetar el acuerdo de divorcio o el mandato del juez.
En caso de separación de hecho, separación personal, divorcio vincular o nulidad del matrimonio, el ejercicio de la patria potestad corresponde al padre o madre que ejerce legalmente la tenencia, sin perjuicio del otro de tener adecuada comunicación con el hijo y de supervisar su educación.
Los hijos deben respeto y obediencia a sus padres. En caso de separación o divorcio, si no desean encontrarse con el progenitor no conviviente, quien ejerce la tenencia -que no debe interferir- puede ser intimado por el juez a organizar los encuentros bajo apercibimiento de ser privado de la guarda.
Cuando las partes coinciden y firman un acuerdo, es conveniente que la redacción de éste sea precisa, con indicación de los días y hora de los encuentros, del destino alternado o no de los fines de semana, feriados y de los períodos de vacaciones que los hijos menores compartirán con cada uno de sus progenitores. Se evitarán así posibles discusiones futuras en la medida que se respete lo pactado.
Lo mejor para los niños es un régimen de visitas abierto, pero son pocos los matrimonios separados que lo practican civilizadamente.
Si no hay acuerdo entre los ex cónyuges, el juez resuelve en detalle, entre otras cuestiones conexas a la separación, el régimen de visitas para el progenitor no conviviente.

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El divorcio

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¿Qué piensan y sienten los niños del divorcio de sus padres?
Hay algunas ideas, emociones y conductas de los hijos de padres que se divorcian que son muy frecuentes. Algunas de ellas son:
Miedo de haber sido la causa de la desavenencia parental: no existe el niño que no “haya hecho rezongar” a sus padres, y frente a la inevitable pregunta interior del porqué del divorcio, esta respuesta equivocada y autocentrada aparece con mucha frecuencia. Siempre conviene entonces reasegurarlos de que las causas del divorcio están en emociones y actitudes y dinámicas exclusivas de los adultos, y que ellos no han tenido nada que ver.
Miedo a que quieran “divorciarse” también de ellos: aquí va implícito el miedo al abandono, miedo muy frecuente en la infancia aun cuando no existan hechos objetivos que lo sustenten y que de alguna manera es reactivado por la disrupción familiar. Es muy importante decirles que esto no va a suceder, pero muchísimo más importante es que no suceda realmente. Es necesario que el niño sienta y compruebe que sigue teniendo a sus padres, que estos no abandonan el rol de padres y que pueden compartir esta responsabilidad aun cuando no sean más pareja.
Fantasías de reunión: la ilusión de que los padres vuelvan a estar juntos es por supuesto muy entendible y frecuente. No es bueno sin embargo, alentar este deseo vanamente. Los paseos de todos o las reuniones familiares, incluyendo a padre y madre divorciados no son recomendables hasta que los niños hayan entendido de manera realista que eso no significa que existan posibilidades de reunión.
– Alianzas posibles y transitorias: Ya dijimos que no es buena cosa buscar que se generen alianzas del niño con alguno de sus padres. Sin embargo, a veces, y aunque nadie las busque activamente se producen algunas alianzas. Por ejemplo, es frecuente ver que los hijos se alien con el padre que se oponía al divorcio. También puede verse en ocasiones, que el niño se alie con el padre con quien tenía peor relación antes del divorcio: a veces un padre/madre rechazante, ubica a su hijo por primera vez en un lugar valorado después de la disrupción familiar. Generalmente estas alianzas son transitorias y no perduran mas allá de la adolescencia.

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Divorcio

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La vida familiar hoy en día es bien diferente a lo que era hace unas pocas décadas. Muchos aspectos han ido cambiando: los roles de la madre y del padre, y aun de los hijos, se han reformulado; los estilos de comunicación son distintos, la estructura de las familias es más diversa. El divorcio, por ejemplo, se ha convertido en una experiencia común hoy en día para muchas familias uruguayas.

¿Qué es el divorcio realmente?
El divorcio no es un hecho del que fácilmente podamos identificar el principio ni el fin. El divorcio es un proceso de cambio psicológico y social en los individuos y en la familia. Es un proceso que no empieza en la decisión de divorciarse, sino que empieza mucho antes. No termina tampoco cuando el juez extiende la sentencia de divorcio, ni cuando se conforma una nueva pareja… ¿termina alguna vez?
En este proceso, como en todos, podemos identificar diferentes etapas. Por cierto que separarlas y describirlas es una arbitrariedad que nos permitimos para intentar entender mejor lo que sucede. Estas fases tienen duración y características distintas en cada caso.
La primera fase es la llamada fase aguda, dramática, caracterizada por la existencia de emociones muy fuertes. Es en este tiempo en que se toma la decisión de separarse. A veces, ésta es una decisión unilateral; a veces suceden hechos desencadenantes muy fuertes; a veces se hacen y se sienten cosas, en esta etapa, que nunca se habían experimentado. Es a veces la culminación de mucho tiempo de infelicidad y, en otros casos, la irrupción brusca en la vida de una realidad que no se imaginaba para uno mismo. Aun en el mejor de los casos, en la más tranquila, civilizada y flemática pareja, éste es un período de mucho dolor, un tiempo emocionalmente muy difícil. La depresión y la rabia son sentimientos frecuentes en los padres en esta etapa, en sus diferentes grados: desde leve a muy severa. Esta fase tiene duración variable: puede ser muy breve o muy extensa. Lamentablemente hay parejas que quedan fijadas, en esta fase, durante años, y siguen peleando apasionada y destructivamente en tantas arenas como pueden, incluyendo la de los hijos.

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