El aprendizaje en el niño
d) La inteligencia:
Aún hoy no tenemos una definición universalmente aceptada de lo que es la inteligencia. Desde el punto de vista práctico lo que técnicos, maestros y padres tenemos para evaluarla son los test que miden la inteligencia. Y en esto hay que ser muy claros y cuidadosos. Lo que estas pruebas miden, el famoso numerito de cociente intelectual (CI), es una muestra del rendimiento intelectual en un determinado momento. Este rendimiento puede estar influenciado por múltiples variables que nada tiene que ver con la supuesta inteligencia del niño: causas emocionales, lingüísticas, culturales, de interacción con el entrevistador, etc. El cociente intelectual entonces no nos está hablando de una capacidad innata e inamovible. Sus resultados pueden cambiar a lo largo de la vida. Es un dato más, que si se sabe interpretar en su justa medida nos da información útil. Pero no puede ser utilizado para etiquetar a ningún niño en un sentido ni en otro. Ni es poco inteligente alguien porque en un test el cociente le dio bajo, ni es superdotado el que le dio alto. Muchas otras variables intervienen en el tema del aprendizaje y del rendimiento. Todos conocemos chicos con un CI bajo que, con un entorno adecuado, se han desarrollado como personas muy capaces, y también conocemos la inversa: promesas basadas en un CI alto que no logran acompasarlo con dedicación, ni esfuerzo, ni contracción a determinados objetivos, siendo los logros finales muy diferentes a los que hubiera podido suponerse.
f) Correcto desempeño psicomotriz:
La capacidad de percibir y utilizar su cuerpo en el espacio, de proyectarse y proyectar formas, de poder controlar sus funciones psicomotrices en un complejo interjuego de liberación e inhibición son imprescindibles para poder entender y moverse conceptualmente.
g) El lenguaje:
La capacidad de entender y expresarse adecuada mente es un requerimiento fundamental para que el aprendizaje no se vea interferido.
