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Involucrar al padre con el bebe recien nacido

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Involucrar al padre
Actualmente es más habitual que el padre reserve las vacaciones cuando nace su hijo. De esta manera puede comprometerse durante las 24 horas del día, tanto en la atención al chiquito como en los cuidados que necesita la reciente madre.

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Consolar al bebé cuanto antes

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Consolar al bebé cuanto antes
Cuando un bebé llora es por algo. Cuanto más tardemos en ir a su lado, más nervioso se pondrá y más difícil será consolarlo. Las caricias y los mimos le transmiten nuestro afecto y lo sosiegan. Algunos chiquitos son difíciles de tranquilizar, lo que puede poner a prueba la paciencia de la madre. En esos momentos, lo mejor es pedirle al papá que tome el relevo, respirar hondo y recuperar la calma.
Con el tiempo, todas las madres logran distinguir los llantos de sus hijos y reconocer mejor sus necesidades, pero no hay que sentirse mal; este período de aprendizaje es también positivo en el desarrollo de la maternidad.

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Piel azulada en los bebes

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¿Qué indica la piel azulada?
Los padres se alarman si la piel de su bebé de pocos días se pone azulada o cianórica. La gran mayoría de las veces, este tono no es más que una consecuencia de la inmadurez de su sistema de regulación de temperatura y circulación. Si sus piernas y pies están azulados, conviene tocarlo: lo más probable es que los notemos fríos y recobren su tono rosado al abrigarlo.
También es normal que su cara, labios y lengua se vuelvan azulados cuando llora sin consuelo. El pequeño está haciendo un gran esfuerzo y no le llega bien la sangre a la cara. Una vez que se tranquilice, el tono azul desaparecerá. Si persiste después de abrigarlo o consolarlo y, sobre todo, si llora sin parar y se muestra intranquilo, es necesario consultar con el pediatra sin demora.
La cianosis también puede ser un signo de falta de oxígeno y, a veces, cuando se acompaña de malestar, indica que el corazón o el pulmón no funciona bien. Pero no nos alarmemos, ya que este tras-tomo resulta raro.
Lo mismo ocurre con un problema conocido con el nombre de metahemoglobinemia. No afecta a los recién nacidos, sino a los bebés (y chicos) más grandecitos y se produce entre media hora y una hora después de haber comido espinacas.
Los síntomas son una coloración pizarrosa o gris negruzca de la boca, cara, brazos y piernas que aumenta a medida que el chico llora. Los culpables de la reacción son los nitratos contenidos en las espinacas, que transforman la hemoglobina de la sangre (la sustancia que transforma el oxigeno) en metahemoglo-bina. El bebé debe ser internado urgentemente en un hospital para que le indiquen un tratamiento.

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Ictericia neonatal

El personal que atiende a madre e hijo, sin embargo, está muy atento. En principio, es un fenómeno natural y, por el momento, no hay que alarmarse, sólo observar su evolución. ¿El color amarillento se va intensificando o, por el contrario, va desapareciendo por sí solo poco a poco? Esto último es lo que ocurre en el 90 por ciento de los casos.
La ictericia que los recién nacidos padecen no tiene nada que ver con la temible hepatitis (aunque también interviene el hígado). Se trata de un proceso de adaptación que los bebés sanos superan siempre sin problemas y sin requerir ninguna ayuda.
Lo que causa ese tono amarillento de la piel es la bilirrubina, un producto de desecho de la hemoglobina. Todos los seres humanos tenemos una pequeña cantidad de ella, ya que los glóbulos rojos, que transportan el oxígeno, a los 120 días se desintegran, se eliminan y se renuevan. Este proceso involucra siempre al hígado y a la vesícula, y da a las heces ese color amarillo-marrón característico.
Un adulto no se vuelve amarillo debido a la desintegración de los glóbulos rojos, pero los recién nacidos tienen una cantidad muy grande de estos glóbulos.
Ya al nacer traen un ligero exceso de ellos, porque en el útero, el bebé posee más glóbulos rojos de reserva debido a que sus necesidades de oxígeno se cubren íntegramente a través de la sangre de la madre. Por ahora, los productos de desecho no conllevan ningún problema para el bebé, puesto que son eliminados a través de la placenta y del hígado maternos.
Pero al respirar por sí mismos después de nacer, a los bebés les llega más oxígeno y tienen un gran exceso de glóbulos rojos, de cuya eliminación se tiene que encargar su hígado inmaduro. Por lógica no funciona todavía a pleno rendimiento y necesita un tiempo, de forma que en la sangre circula una cantidad mayor de bilirrubina. Esto se percibe en la mayoría de los recién nacidos.

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