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CUANDO LOS NIÑOS SE LASTIMAN

Responder con mimo, pero sin excederse Aunque para nosotros se trate de una simple excusa para llamar la atención, no podemos pasar por alto lo que el chiquito nos está solicitando: una dosis extra de mimos.
Por supuesto, tampoco es cuestión de caer en la exageración y tratarlo como si volviera de la guerra. Tanto si se ha hecho daño de verdad como si se trata de un pequeño truco, no es conveniente amplificar la magnitud de lo sucedido. Otorgar demasiada importancia al suceso sólo servirá para que se asuste de verdad o piense que no lo tomamos en serio.
Supongamos ahora que la herida es real y el niño se queja con motivo. Como primera medida debemos averiguar el verdadero alcance de la lesión y, a continuación, tranquilizarlo y curarlo.
En casa conviene contar con un buen botiquín. No deben faltar yodo, gasas, paracetamol (o cualquier otro analgésico o antitérmico), curitas, termómetro, alcohol, agua oxigenada y vendas.
A veces, los niños se asustan mucho, pero en otras ocasiones nos sorprenden y se comportan como auténticos valientes. No lloran y hasta se permiten el lujo de consolar a sus papas durante el trayecto: “No me pasa nada, mamá, no te preocupes”.
También puede ocurrir que no tengamos claro si la lesión es lo bastante importante como para llevar al pequeño al hospital. En caso de duda, siempre es mejor presentarse allí.

Si sufre alguno de estos percances, tendremos que acudir sin dudarlo: Traumatismos cráneo-encefálicos, aunque sean leves. Heridas producidas en lugares sucios o contaminados que puedan causar una infección de la lesión. Cortes profundos y lesiones con desgarro de la piel o pérdida de sustancia (falta un trozo de carne, se arranca una uña…). Mordeduras de animales y picaduras de insectos susceptibles de producir alergias o envenenamientos, como abejas, avispas o escorpiones.
A veces, cuando los chicos pasan por una experiencia difícil en la guardia médica (puntos, curas complicadas) pueden necesitar proyectar sus emociones. Si los dejamos jugar libremente, el osito de peluche o la muñeca se convertirán en los pacientes perfectos de su hospital particular.

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Los niños en las fiestas

4-6 AÑOS
A estas edades es cuando realmente empiezan a comprender el espíritu navideño. Se mostrarán encantados de participar en la decoración y preparativos de la casa, y querrán hacer regalos a todo el mundo. Es una etapa muy importante: las galletitas preparadas con su ayuda, las compras y decoración del arbolito, y las tardes hogareñas con papá y mamá quedarán fuertemente grabadas en su memoria. Son los momentos que aportan la seguridad y el calor que caracterizan a las personas alegres, fuertes y cariñosas.
Para decidir si puede acompañarnos o no a todas las fiestas, debemos ofrecerle la alternativa: “Vamos a ver a los tíos. ¿O te gusta más quedarte con Sandra?” Ya es lo suficientemente grande para recordar si desea estar allí o lo pasa mejor con la niñera. Si la celebración incluye a toda la familia, debemos procurar que haya un cuarto tranquilo donde pueda retirarse cuando se haya cansado.
Y cuidado con andar todo el día detrás de los chicos gritando “no hagas”, “no digas” y “no toques”. Las normas habituales siguen vigentes y los horarios y modales no deben alterarse, pero resulta molesto y contraproducente agregar nuevas condiciones a su lista.

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Los niños que son mandones

Escrito por en Puesta de Limites

Por qué suelen ser tan mandones
¿Se han convertido en pequeños tiranos? ¿Quién manda en casa, ellos o nosotros? ¿Estropeamos su carácter si los consentimos en exceso?
Para orientarnos, nos conviene saber qué es lo que ocurre a esta edad tan especial.
A los dos años, un chico acaba de descubrirse como individuo, como persona única y diferente de las que lo rodean.
Y el núcleo de sentimiento de identidad, tan imprescindible, reside precisamente en sentir y ejercer la propia voluntad, el propio deseo o, para decirlo claramente, hacer lo que se le da la gana.
Lo que sucede es que todos tenemos que aprender a conciliar nuestros deseos con los de los demás, a autoafirmarnos sin avasallar. Pero éste es un aprendizaje largo, y a los dos años se está justo en el punto de partida. El pequeño todavía vive en un completo egocentrismo y le cuesta tener en cuenta la perspectiva y necesidades de los otros. Además, su conocimiento de la realidad es aún escaso (lo que explica, por ejemplo, que arme un escándalo si intentamos ponerle un impermeable un día en que llueve a cántaros).

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Niños jugando

Cuerpos extraños

Generalidades
La entrada de cuerpos extraños en los orificios naturales del cuerpo (oído externo, fosas nasales, boca) es un accidente muy frecuente en los niños. Ello es debido a sus juegos habituales con objetos pequeños y a su tendencia natural a introducirlos en su propio cuerpo a causa de la curiosidad infantil.
En este apartado se incluye también el tratamiento de los cuerpos extraños en el ojo, entendiendo por ello a los objetos que permanecen en las estructuras externas del globo ocular (esclerótica, córnea, párpados).
Los cuerpos extraños en la laringe y la tráquea se estudiarán en el apartado correspondiente a los accidentes producidos por asfixia.

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¿Cuál es el tratamiento que puede ayudarlo?

Basándonos en ese diagnóstico amplio, que da cuenta de cómo se entendió la situación conflictiva, se elabora una estrategia terapéutica.
La estrategia terapéutica eficaz es aquella que actúa sobre la mayor cantidad posible de factores que están interviniendo en el mantenimiento de la afección o trastorno. Por eso es que muy pocas veces se trabaja solamente con el niño. En la enorme mayoría de los casos la orientación a padres y maestros está indicada, siendo esta una poderosa herramienta de cambio.

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