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El matrimonio

Escrito por en la pareja

LA MEJOR FORMA DE EXPRESARLO
El momento ideal para decirle a la pareja el interés que se tiene en ser madre es antes de casarse, en privado para no ser interrumpidos y cuando los dos estén tranquilos. “La mujer sabe perfectamente en qué momento su pareja estará abierto al diálogo, y es cuando debe plantearle su deseo, dejarle ver que puede ser un buen momento porque las circunstancias por las que atraviesan son óptimas, involucrarlo y escuchar su opinión respecto a la fecha en la que nacería y cuántos hijos le gustaría tener, es decir, involucrarlo como parte integral de la decisión, porque de este modo la paternidad se asume de manera positiva”, refiere la psicóloga Peredo.
Lo que nunca se debe hacer es referirse al tema como una obligación, ni como una necesidad de querer un hijo para fortalecer o afianzar los lazos del matrimonio.
Si la mujer obliga a su pareja a tener un bebé, su actitud será de rechazo, no sólo hacia ella, sino hacia el pequeño, y un hijo requiere de la atención y amor de los dos, no de reproches ni malos tratos.
Aunado a esto, la relación puede fracturarse de manera irremediable, pues la decepción del esposo al ser ignorada su opinión puede generar graves problemas, como distanciamiento o la temible infidelidad.
“Cuando la mujer anhela tener un hijo, quiere además que su esposo la apoye en su crianza. En un matrimonio nunca se piensa llevar una maternidad solitaria, así que ante tal decisión, es indispensable que ambos estén de acuerdo y comprometidos, de otra forma se corren grandes riesgos, y se puede terminar en una separación”, añade la terapeuta de familia y pareja.

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Separacion

Escrito por en Divorcio

Frecuentemente el hijo de padres divorciados se encuentra a sí mismo en medio de una lucha por su amor exclusivo, por su lealtad. Sus padres, con más o menos conciencia de la situación no aceptan que el niño pueda querer a sus dos padres o pueda querer estar con ambos. Se esfuerzan entonces por darle información sólo significativa en el ámbito de la pareja, con el afán de que tome partido, de que sepa de qué lado está “el bueno” y de qué lado “el malo”. Esta situación sólo logra sumir al hijo en un conflicto de afectos, lealtades y conceptos que seguramente rebase su capacidad de tolerancia psicológica.
Probablemente habrían otras posibilidades de distorsión en los vínculos familiares luego de una crisis que culmina en divorcio y quienes hayan pasado por ella tendrán real conciencia de los esfuerzos que son necesarios para proteger a los hijos de situaciones que los dañan.
No es poca cosa a todo lo que están sometidos los niños luego de un divorcio y muchos los riesgos. Hay situaciones que favorecen la superación de los riesgos actuando como una protección psicológica en tiempos de crisis. La mayor parte de estos factores de protección tienen que ver con las características de la familia. Uno de ellos es que los padres/madres sean cálidos, afectuosos, apoyadores y que exista una buena relación padres-niños. Ayuda mucho a la superación de los malos momentos que esté constituida toda una red de apoyo familiar que incluye hermanos con quien compartir, abuelos, tíos u otros adultos en quienes se pueda confiar y de quienes se pueda recibir apoyo y cariño. Si el niño tiene áreas fuera de la vida familiar en las cuales su funcionamiento es bueno y su inserción adecuada (escuela, club, iglesia, grupo juvenil, etc.) las cosas tienen más posibilidades de evolucionar bien.

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Divorciarse

Escrito por en Divorcio

¿Cuáles son las amenazas?
Pero hay otros ingredientes que acompañan al divorcio que, en efecto, producen daño en el desarrollo emocional de los niños. Ellos son las verdaderas amenazas para los niños que trae el divorcio de sus padres.
Quiero destacar una vez más que estas amenazas son evitables, y con ellas el daño a nuestros hijos.
Uno de los factores más dañinos para la salud mental de los niños es el conflicto y la discordia parental. Por cierto que ni el conflicto ni la discordia entre los padres comienza con el divorcio ni es exclusiva de parejas que se divorcian. Muchas parejas viven tristemente, en situación de discordia por años y es desde entonces que se está dañando el desarrollo de los niños. El riesgo para la mayor parte de hijos de padres en discordia no empieza cuando se separan sino que existe desde que sus padres pelean, desde que se pegan, desde que se humillan, desde que se engañan, desde que se tratan con desamor.
Sería legítimo suponer que el divorcio tendría que representar una solución a una situación matrimonial de infelicidad y discordia. Lamentablemente, con frecuencia nos encontramos con el hecho de que el divorcio viene a ser una prolongación de la discordia preexistente. Son hombres y mujeres que siguen peleando a pesar de no estar conviviendo más: estas parejas no logran divorciarse emocionalmente y permanecen fuertemente unidos por la hostilidad y la pena. Siguen hablando muy mal uno del otro, siguen buscando y encontrando mil pequeñas y grandes maneras de hacerse daño y, con eso, probablemente no se den cuenta que siguen retaceándose la posibilidad de seguir para adelante con una vida que bien podría ser muy diferente. Pues bien, ésta es la situación que daña a los hijos. No lo es el hecho de que sus padres no vivan en la misma casa, lo es el hecho de que sigan peleando sin poder destrabar la situación.

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