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Niños solitarios

Escrito por en La salud en el niño

Existen tres grandes categorías de chicos solitarios que debemos saber
reconocer y tratar adecuadamente.

Es bueno que un niño esté solo?, se preguntan algunos padres. La respuesta depende de la razón que lo impulse a elegir la soledad en lugar de la compañía.   .
Cuando los niños son pequeños, aproximadamente hasta los cuatro años, lo más normal es que estén ensimismados, cada uno en su mundo propio. Los momentos de intercambio, de compartir con otros chicos se dan, pero son mínimos.
A partir de esta edad, las cosas cambian y los chicos se vuelven capaces y necesitan relacionarse con otros niños. Por eso, cuando observamos que un chico se retrae o prefiere estar solo, tenemos que definir bien de qué clase de solitario se trata. Podríamos dividir a los solitarios en tres grandes grupos. En primer lugar hay un estilo de niños que, por determinadas características de personalidad, prefieren permanecer más tiempo retirados de los grupos. “Esto es normal siempre y cuando exista una cierta flexibilidad”, señala Guillermo Kozameh, psicoanalista. “Es decir, si el chico puede estar durante un rato largo jugando con un rompecabezas, manejando una computadora, leyendo un libro o experimentando con un equipo de química, y luego busca el contacto con sus semejantes, es totalmente normal y respetable.” Cada niño tiene una manera de ser, unos tienden a compartir más y otros son más individualistas. Quizás ese pequeño solitario, cuando sea mayor, se convierta en un adulto al que le gustará tener un círculo reducido de amistades.
Por otra parte, no debemos olvidar que es saludable que un niño pueda estar solo a ratos, jugar y entretenerse consigo mismo. Esto supone un logro fundamental en la adquisición de su autonomía.

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Tareas del hogar que los niños pueden hacer

Sacar la bolsa de basura.
Guardar sus juguetes: por supuesto, les facilitaremos la tarea si les proporcionamos un buen sistema de cajas y cestos.
Hacer la cama los fines de semana.
Juntar los diarios de la semana: será más divertido si organizamos una expedición a la búsqueda y captura de revistas y diarios viejos por toda la casa
Ayudar a meter los alimentos en la heladera: sacar los productos
de las bolsas, guardar los congelados, retirar el plástico a los paquetes…
Ordenar, una vez al mes, su ropa y su calzado en el placard. ¿Una ayudita?: los zapatos, por colores; las prendas que más utilizan, abajo; las del fin de semana, arriba; el equipo de gimnasia o de la actividad extraescolar (baile, fútbol…) a mano, en un cajón especial.
Regar las plantas (una vez a la semana): les gustará especialmente si tienen alguna a su cargo, a la que pueden poner nombre y medir cuánto crece (o contar las hojas nuevas).

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CUANDO LOS NIÑOS SE LASTIMAN

Responder con mimo, pero sin excederse Aunque para nosotros se trate de una simple excusa para llamar la atención, no podemos pasar por alto lo que el chiquito nos está solicitando: una dosis extra de mimos.
Por supuesto, tampoco es cuestión de caer en la exageración y tratarlo como si volviera de la guerra. Tanto si se ha hecho daño de verdad como si se trata de un pequeño truco, no es conveniente amplificar la magnitud de lo sucedido. Otorgar demasiada importancia al suceso sólo servirá para que se asuste de verdad o piense que no lo tomamos en serio.
Supongamos ahora que la herida es real y el niño se queja con motivo. Como primera medida debemos averiguar el verdadero alcance de la lesión y, a continuación, tranquilizarlo y curarlo.
En casa conviene contar con un buen botiquín. No deben faltar yodo, gasas, paracetamol (o cualquier otro analgésico o antitérmico), curitas, termómetro, alcohol, agua oxigenada y vendas.
A veces, los niños se asustan mucho, pero en otras ocasiones nos sorprenden y se comportan como auténticos valientes. No lloran y hasta se permiten el lujo de consolar a sus papas durante el trayecto: “No me pasa nada, mamá, no te preocupes”.
También puede ocurrir que no tengamos claro si la lesión es lo bastante importante como para llevar al pequeño al hospital. En caso de duda, siempre es mejor presentarse allí.

Si sufre alguno de estos percances, tendremos que acudir sin dudarlo: Traumatismos cráneo-encefálicos, aunque sean leves. Heridas producidas en lugares sucios o contaminados que puedan causar una infección de la lesión. Cortes profundos y lesiones con desgarro de la piel o pérdida de sustancia (falta un trozo de carne, se arranca una uña…). Mordeduras de animales y picaduras de insectos susceptibles de producir alergias o envenenamientos, como abejas, avispas o escorpiones.
A veces, cuando los chicos pasan por una experiencia difícil en la guardia médica (puntos, curas complicadas) pueden necesitar proyectar sus emociones. Si los dejamos jugar libremente, el osito de peluche o la muñeca se convertirán en los pacientes perfectos de su hospital particular.

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Ayudar a los niños cuando se lastiman

Un vendaje para enseñar a todos

Mientras alguien cura su herida, se sienten protagonistas del acontecimiento. Además, no cabe duda de que un vendaje en el dedo es suficiente motivo de orgullo para presumir durante unos cuantos días. Tal vez por eso, los pequeños explotan un poco el truco de vez en cuando.
Es curioso que, en algunas ocasiones, el llanto varíe en función de los asistentes al golpe. Si la persona que los cuida (la madre, la abuela, la niñera…) se encuentra presente en ese momento, llorarán aún con más ganas, con más confianza. Claro que otros chicos hacen justo lo contrario: en cuanto aparece un adulto en escena, las lágrimas se acaban y el dolor se les pasa antes.
También hay casos en que extrañan un mimo y utilizan el ¡pupa! para conseguirlo. A lo mejor la mamá lleva mucho tiempo regando las plantas y el papá está demasiado entretenido viendo un partido en la televisión. En ese momento nadie le hace al chiquito tanto caso como él quisiera y empieza a aburrirse
un poco de jugar sólito. ¿Cómo resolver tan tediosa situación? Lo mejor es inventarse otro juego en el que pueda involucrar a los demás.
Así que, sin mayor vacilación, de pronto aparece el chico en el jardín, quejándose de un dolor rarísimo que le ha entrado de repente en el dedo gordo…
En cuanto mamá lo mira, ya sabe que no se ha hecho ni siquiera un rasguño. Se da perfecta cuenta de que sólo pretende llamar su atención. Por supuesto, le da un beso y le canta el Sana, sana. Después le dice que no ha sido nada y lo invita a ayudarla con las plantas. De inmediato, el chiquito agarra con entusiasmo la regadera y el inexplicable dolor desaparece en un instante.
Restarle importancia al golpe como primera estrategia no siempre es buena idea. Es mejor ofrecerles una caricia o un abrazo afectuoso, incluso aunque sospechemos que las lágrimas del contuso son de cocodrilo.

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Niños de 1 a 3 años

Escrito por en El bebe

1-3 AÑOS
Ya se han dado cuenta de que viven un momento muy especial. Preguntarán acerca de todo lo relativo a los iconos y tradiciones navideñas, y recibirán con entusiasmo cualquier historia de renos y Reyes Magos. Les encanta ponerse coquetos para hacer vida social, pero no tienen paciencia para permanecer tranquilamente sentados mientras los mayores charlan (lógico).
Es el momento de explicarles en qué consiste el intercambio de regalos y el concepto de generosidad. La manera de que disfruten sin sentirse abrumados es respetar sus horarios habituales, y evitar las comidas de adultos y las situaciones que exijan demasiada quietud, como tomar café y sobremesa durante varias horas en casa de algún familiar o conocido sin chicos.
Pensemos en ellos: llevan esperando el año entero y necesitan toda nuestra atención.

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Niños mas sanos

Escrito por en El bebe

Históricamente, el nacimiento era un hecho tragico, muchas veces asociado a dolores imposibles de sobrellevar,
daños físicos para la madre y el niño, y  la muerte como hecho frecuente. La obstetricia cientifica que muchos remontan a fines del siglo pasad, introdujo notabables mejoras en Ia atención del parto a parir de los años cincuenta , y ha logrado en los ultimos veinte años avances significativos del nacer, disminuyendo drásticamente las complicaciones graves del embarazo, el parto y la mortalidad materna e infantil neonatal. Hay situaciones que no se pueden evitar. No obstante, la notable reducción de las complicaciones a esta altura del siglo veinte- se debe principalmente a tres hechos fundamentales: 1) una mayor toma de conciencia por parte de la población acerca de la conveniencia de realizar adecuados controles prenatales; 2) la generalización de hábitos higiénico/dietéticos,
tales como el rechazo por la obesidad y el consumo de bebidas alcohólicas y tabaco, antes y durante el embarazo; 3) la introducción de nuevas técnicas diagnósticas y terapéuticas (ecografía, monitoreo fetal, Doppler, punciones de líquido amniótico, transfusiones intrauterinas, dosajes de distintas sustancias en laboratorio a partir de muestras de sangre y orina); 4) el desarrollo de la neonatología como especialidad pediátrica y su presencia de rutina en sala de partos, el equipamiento adecuado de las salas de terapia intensiva neonatal y nuevos métodos diagnósticos y terapéuticos en neonatología; 5) la generalización de la psicoprofilaxis obstétrica y la incorporación del padre al fenómeno del embarazo y en el momento del parto; 6) la humanización de la atención del parto, rescatando el papel protagónico de la parturienta, tomando en cuenta sus reclamos, considerándola desde lo afectivo y dejando a un lado maniobras cruentas e innecesarias como anestesias generales y fórceps cuando no están indicados. Así como -en su medida- también la discutida operación cesárea y las modernas técnicas quirúrgicas, antisépticas y anestésicas.

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Los complejos

Los complejos
A partir de los 4 o 5 años, cuando el niño ya se encuentra, por lo tanto, en edad preescolar. suelen aparecer los primeros complejos. Como se trata de una época en la que el niño está afirmándose ante los demás y es muy sensible a las reacciones de sus padres, las actitudes reprobatorias, si son muy contundentes, pueden provocar la aparición de los primeros complejos.
A veces los niños se sienten acomplejados en la escuela porque presentan algún ligero defecto que es objeto de la burla de los demás. Ouizá porque son obesos o porque presentan alguna dificultad al hablar, lo cierto es que son excluidos del grupo por los otros niños.
Los complejos suelen ser pasajeros, pero en ocasiones dan lugar a una inadaptación escolar que es causa de bajos rendimientos. En estos casos, la actitud de los padres debe ser firme; tienen que renovar su apoyo al niño y, al mismo tiempo, deben estimular la relación del chico con los demás. Si la inadaptación causada por los complejos se vuelve crónica, entonces es oportuno consultar con el especialista.

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Niños jugando

Cuerpos extraños

Generalidades
La entrada de cuerpos extraños en los orificios naturales del cuerpo (oído externo, fosas nasales, boca) es un accidente muy frecuente en los niños. Ello es debido a sus juegos habituales con objetos pequeños y a su tendencia natural a introducirlos en su propio cuerpo a causa de la curiosidad infantil.
En este apartado se incluye también el tratamiento de los cuerpos extraños en el ojo, entendiendo por ello a los objetos que permanecen en las estructuras externas del globo ocular (esclerótica, córnea, párpados).
Los cuerpos extraños en la laringe y la tráquea se estudiarán en el apartado correspondiente a los accidentes producidos por asfixia.

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Características de los niños y adolescentes agresivos

Escrito por en La agresividad

El conocer las características más frecuentes de los niños agresivos nos otorga buenas guías para ayudarlos a encontrar otras maneras de relacionarse con los demás.
Es muy frecuente que estos niños y jóvenes interpreten de manera inadecuada lo que los demás hacen. Suelen tener una franca tendencia a personalizar y pensar que las cosas que suceden a su alrededor se las están haciendo a ellos. Así, cualquier hecho cotidiano puede transformarse en un estímulo para la reacción violenta. Una conversación privada entre dos compañeros pueden hacer pensar al niño agresivo: “están hablando mal de mí”, una simple distracción de un amigo puede ser interpretada como “me está dejando de lado a propósito”. A sus ojos, su reacción agresiva estuvo plenamente justificada; mientras que para un observador, la reacción parece inmotivada y sin sentido. En los casos en que esto es así, es necesario ayudarlos a modificar su estilo de interpretación de los hechos para disminuir su comportamiento agresivo.
Otra característica de estos niños es que son irritables: su cólera es gatillada por estímulos de menor intensidad que la necesaria para activarla en niños no agresivos. Son “leche hervida”: pequeñas cosas hacen que los invada la rabia.

Suelen también tener dificultades para la percepción de sus propias emociones y para la comunicación adecuada. No saben poner en palabras lo que les sucede, y pasan a la acción. La capacidad de autopercepción y de expresión verbal de las emociones es algo que todos los adultos debemos ejercitar y enseñar a los niños. No está mal que se enojen pero deben aprender a expresar su enojo de manera adecuada.

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¿Cuál es el tratamiento que puede ayudarlo?

Basándonos en ese diagnóstico amplio, que da cuenta de cómo se entendió la situación conflictiva, se elabora una estrategia terapéutica.
La estrategia terapéutica eficaz es aquella que actúa sobre la mayor cantidad posible de factores que están interviniendo en el mantenimiento de la afección o trastorno. Por eso es que muy pocas veces se trabaja solamente con el niño. En la enorme mayoría de los casos la orientación a padres y maestros está indicada, siendo esta una poderosa herramienta de cambio.

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