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Padres hijos

Escrito por en La Adopción

Vicisitudes en los padres biológicos
Poco sabemos, por lo general, de los padres que dan a sus hijos en adopción. En los últimos años se han formado organizaciones, en países desarrollados, que los nuclea y gracias a esto es que empezamos a conocer sus vicisitudes que, hasta ahora, quedaban enterradas por el silencio y el ocultamiento.
Estas organizaciones están mayoritariamente formadas por mujeres, seguramente aquellas para las cuales el abandono de un hijo ha sido un proceso doloroso, difícil de elaborar en soledad. Cuentan que también para ellas éste es un proceso que dura toda la vida. Aunque pase el tiempo siguen fantaseando sobre el destino de sus hijos y con una eventual reunión. La mayoría de las que tuvieron al niño siendo solteras, terminan confesando a sus maridos cuando se casan que tuvieron un hijo y que lo dieron en adopción. Hay tres sentimientos que son los que aparecen más frecuentemente en su relato: tristeza, arrepentimiento y rabia. Muchas dicen que si hubieran tenido apoyo de sus familias no hubieran renunciado a criar a su hijo.

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Hijo Padre

Escrito por en La Adopción

Vicisitudes en los padres adoptivos
De niños, prácticamente todos, imaginamos cómo serán nuestros hijos, cuántos tendremos, cómo los criaremos, qué nombre tendrán. De estos sueños a aceptar la realidad de que nunca tendremos hijos biológicos median infinitos esfuerzos, desencantos, entusiasmos frustrados, desilusiones, culpabilizaciones propias y ajenas, dolores y renuncias.
Muchos y diversos motivos pueden llevar a una pareja a decidirse a adoptar. Motivos generosos y motivos egoístas, nobles y pequeños. De todos modos la decisión es el primer paso de un largo camino que tiene sus vicisitudes específicas.
Para una pareja fértil convertirse en padres es un procedimiento privado, natural y habitual. Para una pareja infértil significa mucho trabajo y esfuerzo: deben convencer a terceros con autoridad y poder de que ellos pueden ser padres adecuados, que tienen la edad, los recursos económicos y la estabilidad emocional necesarios. Necesitan de otros para poder adoptar, para legalizar el vínculo con su hijo.
Cuando logran el hijo tan ansiado están obligados a saltearse un ritual permanente de los nacimientos biológicos: la búsqueda de parecidos, la ubicación de ese recién nacido en la continuidad de la historia propia.
No tienen la absoluta seguridad de que ese niño quedará con ellos efectivamente hasta no terminar el procedimiento legal. De modo que la entrega absoluta en esa relación absorbente estrecha con su hijo recién nacido está siempre a algún nivel contaminada por el miedo a perderlo. Miedo que puede quedar presente con diferente intensidad durante toda la vida y que puede reactivarse en momentos críticos. Por ejemplo, durante la adolescencia, período de complejos procesos que implican la autonomización creciente de los jóvenes, el miedo a “quedarse sin hijos” puede resurgir complicando mucho las relaciones y generando sufrimiento en todos los involucrados.
Nunca es tarea fácil criar a un niño, sea hijo biológico o adoptivo. Tarde o temprano aparecen dificultades o complicaciones que generan temores y preocupaciones en los padres. Cuando ese hijo es adoptivo, surge otro tipo de preocupación que tiene que ver con la carga genética de ese niño y con el peso que ésta pueda estar teniendo en su desarrollo. Será bueno recordar acá que la conducta humana es consecuencia del interjuego de muchas variables, en las cuales la herencia es solamente una; y que sigue siendo tanto o más importante la calidad del entorno en que vivimos.

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¿Qué tiene mi hijo?

El primer objetivo al que debe apuntar el psiquiatra de niños y adolescentes es llegar a un diagnóstico. El proceso diagnóstico requiere tiempo, exploración, conocimientos extensos y profundos y mucha capacidad reflexiva. La herramienta fundamental para un diagnóstico sigue siendo la entrevista con el paciente y con su familia, juntos y/o separados. Si es necesario, se apela a algunos estudios específicos que son realizados por otros técnicos del equipo de Salud Mental: estudio psicológico, evaluación psicomotriz, evaluación pedagógica, evaluación del lenguaje, estudios biológicos, etc.
El diagnóstico no sólo implica decir: “este niño tiene tal cosa”. Un diagnóstico global no sólo le pone un nombre a lo que le está pasando al niño, sino que analiza también toda la situación que lo rodea y su entorno.
Poder diagnosticar significa poder entender la situación y poder asentar sobre una base bien segura la recomendación de tratamiento.
Es parte fundamental de la consulta que el técnico y el paciente y su familia se entiendan mutuamente. El diagnóstico debe ser compartido con los padres del niño, en términos que resulten comprensibles. El psiquiatra es un médico y como tal debe ser capaz de explicarle al paciente cómo entiende el padecimiento que lo afecta. El psiquiatra es una persona y como tal debe ser capaz de hablar el lenguaje de las personas y comunicarse con quien le pide ayuda en términos que puedan ser entendidos.
Abogamos por el trato digno y respetuoso de quienes consultan al psiquiatra de niños: el paciente y su familia tienen derecho a saber, estar informados y decidir a qué están, en definitiva, dispuestos a exponerse.

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