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Padres e Hijos

Escrito por en La Adopción

¿Cómo y cuándo le informo a mi hijo de su adopción?
Ya pocos padres adoptivos se plantean el oculta-miento de la condición de adoptado a un hijo. Hay un convencimiento creciente de que la verdad tiene que ser dicha. Pero, ¿cuál es la verdad? ¿Qué le digo? ¿Cuándo?
¿Cómo?

En realidad no existe la manera de informar que evite todo sufrimiento y dolor. Informando que son adoptados estamos informando que los padres biológicos no los quisieron, y no hay metáfora que pueda aplacar esta realidad. Pero ésta, como tantas otras realidades de la vida, debe ser enfrentada con claridad y honestidad si lo que queremos es superarla, trascenderla y lograr ser feliz a pesar de ella. El apoyo, afecto y cualidad de la relación con los padres es el antídoto
necesario.
¿Cuándo empezar? Cuanto antes, y de una manera sencilla y natural. Lo ideal es que desde siempre la condición de adoptado forme parte de la realidad de ese niño. Esto no significa que el bebé o el pre-escolar entiendan totalmente lo que significa la adopción, ni que debamos ponernos obsesivos y hablar del tema todo el tiempo. Debemos enviar al niño el claro mensaje que esto no es algo de lo que no se puede hablar, que no es una vergüenza que deba ser ocultada.
Como con todas las cosas que enseñamos a nuestros hijos, empezamos por lo más simple y lo que está a su nivel de comprensión; pero siempre dejando la puerta abierta para nuevas interrogantes y conversaciones. Este tipo de información no es algo que se habla una vez y con eso quedamos cumplidos. Por el contrario, es un tema que va a estar presente siempre implícitamente y muy frecuentemente de manera explícita. Los padres adoptivos saben que más de una vez han tenido la creencia de que el niño quedó satisfecho y que ya sabe todo lo que hay para saber; y que sin embargo en el momento menos pensado resurgen las preguntas y las dudas, como si necesitaran escuchar y procesar mil veces la misma información.

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Padres hijos

Escrito por en La Adopción

Vicisitudes en los padres biológicos
Poco sabemos, por lo general, de los padres que dan a sus hijos en adopción. En los últimos años se han formado organizaciones, en países desarrollados, que los nuclea y gracias a esto es que empezamos a conocer sus vicisitudes que, hasta ahora, quedaban enterradas por el silencio y el ocultamiento.
Estas organizaciones están mayoritariamente formadas por mujeres, seguramente aquellas para las cuales el abandono de un hijo ha sido un proceso doloroso, difícil de elaborar en soledad. Cuentan que también para ellas éste es un proceso que dura toda la vida. Aunque pase el tiempo siguen fantaseando sobre el destino de sus hijos y con una eventual reunión. La mayoría de las que tuvieron al niño siendo solteras, terminan confesando a sus maridos cuando se casan que tuvieron un hijo y que lo dieron en adopción. Hay tres sentimientos que son los que aparecen más frecuentemente en su relato: tristeza, arrepentimiento y rabia. Muchas dicen que si hubieran tenido apoyo de sus familias no hubieran renunciado a criar a su hijo.

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Hijo Padre

Escrito por en La Adopción

Vicisitudes en los padres adoptivos
De niños, prácticamente todos, imaginamos cómo serán nuestros hijos, cuántos tendremos, cómo los criaremos, qué nombre tendrán. De estos sueños a aceptar la realidad de que nunca tendremos hijos biológicos median infinitos esfuerzos, desencantos, entusiasmos frustrados, desilusiones, culpabilizaciones propias y ajenas, dolores y renuncias.
Muchos y diversos motivos pueden llevar a una pareja a decidirse a adoptar. Motivos generosos y motivos egoístas, nobles y pequeños. De todos modos la decisión es el primer paso de un largo camino que tiene sus vicisitudes específicas.
Para una pareja fértil convertirse en padres es un procedimiento privado, natural y habitual. Para una pareja infértil significa mucho trabajo y esfuerzo: deben convencer a terceros con autoridad y poder de que ellos pueden ser padres adecuados, que tienen la edad, los recursos económicos y la estabilidad emocional necesarios. Necesitan de otros para poder adoptar, para legalizar el vínculo con su hijo.
Cuando logran el hijo tan ansiado están obligados a saltearse un ritual permanente de los nacimientos biológicos: la búsqueda de parecidos, la ubicación de ese recién nacido en la continuidad de la historia propia.
No tienen la absoluta seguridad de que ese niño quedará con ellos efectivamente hasta no terminar el procedimiento legal. De modo que la entrega absoluta en esa relación absorbente estrecha con su hijo recién nacido está siempre a algún nivel contaminada por el miedo a perderlo. Miedo que puede quedar presente con diferente intensidad durante toda la vida y que puede reactivarse en momentos críticos. Por ejemplo, durante la adolescencia, período de complejos procesos que implican la autonomización creciente de los jóvenes, el miedo a “quedarse sin hijos” puede resurgir complicando mucho las relaciones y generando sufrimiento en todos los involucrados.
Nunca es tarea fácil criar a un niño, sea hijo biológico o adoptivo. Tarde o temprano aparecen dificultades o complicaciones que generan temores y preocupaciones en los padres. Cuando ese hijo es adoptivo, surge otro tipo de preocupación que tiene que ver con la carga genética de ese niño y con el peso que ésta pueda estar teniendo en su desarrollo. Será bueno recordar acá que la conducta humana es consecuencia del interjuego de muchas variables, en las cuales la herencia es solamente una; y que sigue siendo tanto o más importante la calidad del entorno en que vivimos.

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