Valores eticos

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Los valores éticos
¿Qué valores éticos deben potenciarse en el seno de la familia? Es fundamental, desde luego, la creación de hábitos de raciocinio, de orden, de trabajo, de higiene. Y no lo es menos el fomentar la adquisición de los valores éticos reconocidos en una sociedad democrática, que posibilitarán la integración activa del hijo en la misma, de un modo no forzado, sin producirse elementos de choque. Estos valores fundamentales pueden resumirse así:
—La tolerancia, la actitud de diálogo, el respeto a las ideas de los demás.
—La cooperación, que conducirá al niño cuando sea adulto a intercambiar lo que pueda ofrecer de sí mismo con lo que reciba de los demás, y que le hará reaccionar solidariamente ante las injusticias y los sufrimientos ajenos.
—El esfuerzo, el gusto por lo bien hecho.
—La responsabilidad y la sinceridad.
—El espíritu crítico ante la realidad, motor de una actitud creativa y constructiva.
—La alegría de vivir, la ilusión, el interés por el mundo que le rodea, la lucha contra la apatía y el inmovilismo.
La escuela, por su parte, debe fomentar también estos valores. De nuevo aparece aquí la colaboración familia-escuela como imprescindible para una equilibrada educación de los hijos. Padres y educadores deben seguir una misma línea coherente. Para ello es necesario que los padres elijan una escuela con la que compartan objetivos y procedimientos, con la que puedan establecer, en fin, un diálogo cómodo y enriquecedor que les permita un exacto seguimiento de la evolución de su hijo.

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Sobre la familia

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Autoridad y afecto
La gran aportación de estos últimos decenios ha sido la liberación de la mujer y su inserción en el mundo del trabajo, que han modificado la función del padre y de la madre en el seno de la familia. Así, la autoridad y el afecto ya no son exclusivos ni del uno ni del otro. La autoridad, que debería entenderse sólo como indicadora de límites referenciales que ayuden al hijo en la evolución de su libertad y la adquisición de su autonomía, proviene actualmente del padre y de la madre. Y. asimismo, el afecto es ofrecido por ambos.
Este trasvase de funciones es impulsado por las distintas responsabilidades que el hombre y la mujer tienen en la sociedad actual. El trabajo de la mujer fuera de casa conlleva el compartir a menudo, entre los dos miembros de la pareja, las tareas y responsabilidades del hogar. Cuando el padre juega con el hijo, le da el biberón o le baña establece con él una relación más afectiva que autoritaria. Por otra parte, el trabajo de la madre le confiere una autonomía y una autoridad que antes no tenía.
A veces, los padres se ven obligados, por falta de otros recursos, a utilizar castigos y premios. El castigo es utilizado para corregir al niño sus conductas negativas. En muchas ocasiones, sin embargo, es impuesto como represalia, como muestra de la impotencia del adulto frente al comportamiento del niño. En este caso, el castigo genera, sin duda, culpabilidad y agresividad.
Da mejores resultados, y no daña la relación con los hijos, la actitud de escuchar al niño, dialogar y razonar con él, estimular la superación de sus fallas, concederle un margen de confianza, conseguir mediante el afecto un progresivo cambio en su conducta. En todo caso, si se impone una sanción, ésta debe ser coherente con la falta, ha de tener un sentido que el niño comprenda y debe evitarse siempre el resentimiento.
Los premios, pensados en principio para estimular al niño, pierden con frecuencia este carácter de estímulo y se convierten para él en el único objetivo a conseguir. El interés se centra entonces en el premio como fin y no en la actividad misma.

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La familia

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La evolución de la familia
La historia de la humanidad ha establecido en todas las civilizaciones unas pautas de relación entre padres e hijos, que han ido evolucionando con los cambios estructurales que se suceden en cada cultura. Los vínculos familiares han sido considerados, desde hace siglos, como la base para un buen orden político-social. Y estos vínculos han tenido un esquema propio en las modernas sociedades: la jerarquía familiar, con la incuestionada autoridad del cabeza de familia, el padre.
Actualmente se habla de una crisis de valores, de una crisis de la institución familiar. ¿Es eso cierto? ¿Qué ha sucedido realmente? Los cambios económico-sociales originados por la urbanización y la industrialización —junto con la evolución de la ciencia y de la moral— han generado nuevas formas de vida que han alterado tanto las relaciones en el seno de la familia como el rol de ésta en la sociedad. Hoy en día se está a años-luz de aquella comunidad patriarcal y rural, que fue modelo arquetípico durante siglos. Y, sin embargo, parece cierto que no se ha encontrado alternativa alguna al papel desempeñado por la familia; de ahí que no pueda sustituirse de ningún modo la labor del padre o de la madre.

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Familia y Educacion

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FAMILIA Y EDUCACIÓN
Es en el seno de la familia donde el niño realiza su primer contacto con el mundo que le rodea. Ya al nacer, recibe del entorno familiar los primeros estímulos que condicionarán el desarrollo de su personalidad. Pero el hecho de nacer en un entorno o en otro, en un medio social elevado o en uno de nivel inferior, en la ciudad que dispone de una infraestructura cultural sólida o en un medio rural con deficiencias de todo tipo de recursos, etc., constituye un hecho diferencial que sitúa al niño en el comienzo de un engranaje que le conducirá a un determinado nivel de cultura y a un concreto status social.
Sin embargo, si bien es cierto que el medio a que pertenece la familia es determinante de la futura formación del niño, no hay que olvidar que es precisamente en el interior del núcleo familiar donde se cultivan más estrechamente los restantes condicionamientos de la evolución de la personalidad: el afecto, el cuidado físico, el aprendizaje del lenguaje, la progresiva autonomía, la imitación de unas conductas, etc. La guardería, el parvulario y la escuela complementarán más tarde esta labor familiar, pero sus logros dependerán en parte de ésta.

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Autismo

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Terapia
La terapia del niño autista reposa en la constante combinación de dos aspectos: la psicoterapia, que permite el tratamiento global del trastorno, y el aprendizaje, motor del desarrollo intelectual del niño.
En una primera fase, la terapia se centra en una relación individualizada. El terapeuta realiza un contacto epidérmico (caricias, presiones), con el fin de romper el bloqueo inicial y de provocar en el niño una toma de conciencia de sí mismo.
En una segunda fase, se integra al niño en un grupo terapéutico adecuado a sus evoluciones sensorial y motriz, a su lenguaje y a su potencial intelectual. La estimulación programada de todos los sentidos es básica. Debido al gran temor a las distintas posiciones espaciales, deben variarse gradualmente las posiciones, ejes y planos. En cuanto a la visión, el autista responde a estímulos lineales (bordes iluminados, límites entre luz y oscuridad). La terapia consistirá en ayudarle a hallar la verdadera función de los estímulos que utiliza patológicamente. En la actividad motriz, se estimulan la percepción y la coordinación, la conciencia del propio cuerpo y la orientación. El tratamiento, individualizado, activará los aspectos motores del habla y la identificación de sonidos ambientales.
En una tercera fase, aparece la integración en las escuelas normales. En los casos en que sea aconsejable, debe realizarse de modo gradual y simultaneada con la terapia anterior. El maestro se convertirá, como antes el terapeuta, en la figura normativa que da seguridad y equilibrio al mundo caótico del niño autista. A veces, en el nuevo ambiente, se reproducen conductas ya superadas en el tratamiento: llanto sin motivo, agresividad, reacciones inadecuadas.

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Niño autista

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El autismo infantil
De cada 1.000 niños, 4 son autistas. El término «autismo» designaba antaño el repliegue sobre sí mismo del esquizofrénico adulto. Pero en 1943, el pediatra Leo Kanner. realizando estudios con niños psicóticos. descubrió que algunos de ellos manifestaban características comunes que les diferenciaban de los demás y que les asemejaban en este repliegue típico del esquizofrénico adulto. Kanner propuso el nombre de «autismo precoz infantil» para englobar el conjunto de estos casos.

El autismo infantil o psicosis precoz aparece antes de los 30 meses de vida. Consiste en un grave estancamiento del desarrollo psíquico y sus rasgos principales son los siguientes: —Alteración de la comunicación.

—Conducta social extraña.
—Necesidad de afirmar la identidad e intensa inmutabilidad.
Así, el interés de un niño autista se centra más en los objetos que en las personas, y aun tan sólo en aspectos muy concretos del objeto. Rechaza el contacto, en una cerrada actitud de retraimiento. No fija la atención ni la mirada. Su lenguaje sufre una fuerte regresión o aparece mucho más tarde y, aun cuando está bien estructurado, no llega a ser un instrumento de comunicación. Los gestos y movimientos tampoco son comunicativos. El niño autista se resiste a los cambios del entorno (juguetes, espacio, etc.). Esta incapacidad de enfrentarse al entorno le diferencia claramente del niño neurótico.
A menudo es difícil la detección de la enfermedad, pues una tercera parte de los niños autistas presentan otras anomalías añadidas. Los especialistas no han llegado todavía a un acuerdo sobre las causas del autismo. Existe división entre los partidarios de las causas genéticas y fisiológicas y los que abogan por factores emocionales (falta de afecto de los padres, sentimiento de culpabilidad por parte de la madre, etc.).

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Sordera

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Sordera y educación
El niño sordo se presenta ante su propio proceso evolutivo con una amalgama de problemas diversos:
1. Lenguaje: La sordera impide la adquisición normal del lenguaje.
2. Motrkidad: El niño manifiesta torpeza, trastornos de equilibrio y dificultad en calcular las distancias. Es importante realizar una educación rítmica, que desarrollará la facultad de percibir sonidos y, a la vez, la coordinación de movimientos.
3. Conocimiento: La dificultad de comunicarse crea trastornos psicológicos en el niño. Tiempo y espacio quedan desequilibrados. Por lo general, un niño sordo presenta a los 8 años un retraso de unos dos años con respecto al oyente. Los déficit de lenguaje y de percepción frenan su proceso de abstracción.
4. Comportamiento: Distracción y cierta actitud hostil hacia el entorno, debidas a la dificultad de comunicación, son los trastornos más normales.
La educación del niño sordo se realiza en centros especializados o bien en escuelas que —cada vez en mayor número— aceptan la integración de deficientes sensoriales, con el asesoramiento y el soporte de personal especializado.
Esta integración, que debe realizarse cuanto antes, será tanto más factible cuanto más pronto se haya iniciado la estimulación del lenguaje. El contacto con compañeros hablantes estimulará al niño sordo a proseguir en el aprendizaje y en el uso habitual del lenguaje. Es importante que el maestro proporcione a todos los niños de su aula la información suficiente acerca de las necesidades específicas de un compañero sordo.

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Niño sordo

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Síntomas y detección
La sordera en el niño se puede detectar mediante los siguientes síntomas:
—Ausencia en el lactante de reacción a ruidos y llamadas, y niños demasiado tranquilos. Entre el 2.” y el 4.” mes, la melodía del bebé sordo es monótona y el balbuceo poco frecuente. Entre el 7.° y el 12.° mes, no es capaz de construir las sílabas de la misma manera que el oyente.
—Retraso en el habla entre el 10.” y el 18.” mes. Algunos casos de sordera severa y media admiten cierto nivel de expresión verbal, pero la deficiente articulación debe alertar a los padres.

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La sordera

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El niño sordo

La sordera
La sordera puede presentarse como malformación del oído medio o asociada a displasias (lesiones motrices, ambliopatías). Sin embargo, son las afecciones del oído interno, intratables médicamente, las que caracterizan al niño sordo.
Según la intensidad de la pérdida auditiva, se han establecido cuatro grados de deficiencia acústica:
1. Ligera: Pérdida de audición entre los 20 y los 40 decibelios. Sólo aparecen dificultades de audición cuando la intensidad de la emisión oral es baja.
2. Media: La pérdida se sitúa entre los 40 y 70 decibelios. La persona puede recibir sonido amplificado. Quien la padece, además, es capaz de estructurar su pensamiento verbal. Son suficientes las prótesis, la ayuda familiar y el apoyo en la escuela.
3. Severa: Pérdida situada entre los 70 y 90 decibelios. Algunos la compensan con la lectura labial. Normalmente, se requiere educación especial.
4. Profunda: Requiere siempre educación especializada. Pérdida media superior a los 90 decibelios. La prótesis sólo transmite sonido deformado. Es detectable antes de los 2 años, lo que permite la educación precoz.

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Escuela para ciegos

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Integración en aulas de videntes
En estos últimos años ha aparecido una fuerte tendencia a integrar al niño ciego en aulas de videntes. Esto es explicable, por cuanto una auténtica integración educa al niño en función de sus posibilidades, respetando su ritmo y su evolución como invidente y potenciando su desarrollo como persona y no como niño que está incapacitado para ver.
El centro integrador debe asegurar una constante relación padres-maestro-especialista. Los dos últimos trabajan en estrecho contacto. El especialista prepara el material (textos en Braille, gráficas en relieve, grabaciones) en función del programa que les presenta el maestro, de manera que el niño pueda seguir los mismos temas y a un idéntico ritmo que sus compañeros.
El maestro y el resto del equipo han de estimular la participación e integración del niño ciego. Y a menudo deben evitar la sobrepro-tección que recibe de sus compañeros. Por otra parte, la convivencia con un niño ciego tiene un gran valor educativo para los niños videntes.

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